Al conocerla y verla por vez primera, mi vida pasó de invierno a verano, y en mi corazón nació una hermosa primavera con su hermoso rostro divino.
Con un saludo de sus bellos labios, me da calor y hace ruborizar a mi alma, y me da vida, me da alegría, me hace temblar, entibia mi sangre y me da vitalidad.
En invierno estuve durante mucho, el tiempo se hacia largo y abrumador, pero su cósmica presencia le ha dado un bello verano a mi espíritu, que se regocija entre las nubes del alto cielo contemplándola.
El hielo de mi alma se ha derretido, y un hermoso sol se instalo en mi interior, y mi alma se evapora y se vuelve una nube de felicidad, dejando mi cuerpo al rojo vivo por su cariño.
De invierno a verano pasé por su bella carita, de primavera se vistió mi corazón al conocerla. Aquel desierto seco de mi ser, se ha transformado en una bella pradera llena de vida, que florece en cada amanecer al pensar en su divina belleza.
De invierno morí, y en su verano renací, y contemplando su bella imagen, feliz he de vivir.
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