enciende la alarma en mi interior;
¿es olvido, secreto o es destino
lo que enturbia hoy nuestro fervor?
He de encararte, con la voz serena,
pues no pondré tropiezo a mi futuro;
no seré yo quien cargue con la pena
de un amor que se oculta en lo oscuro.
Ya he preguntado dos veces en vano,
y una tercera habré de cuestionar;
no es prudente, en el tacto de tu mano,
guardar el velo que impide el hablar.
Acepté tus matices, tu esencia entera,
y hoy me encuentro en un desierto atroz;
buscando, entre la arena y la espera,
recobrar la luz de nuestra voz.
Espero que el mañana nos despeje,
que el silencio se vuelva un buen porvenir;
pero el respeto es muro que no deje
a mi dignidad, en ti, perecer o sufrir.
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