—¿Qué recuerdo ya no soportas cargar?
Nadie entendía aquel oficio imposible. Algunos sonreían con desconfianza; otros, por necesidad, aceptaban hablar. Él escuchaba sin interrumpir y, al despedirse, simplemente decía:
—Ahora ese peso también es mío.
Con los años, su espalda comenzó a encorvarse, pero su rostro conservó una paz que nadie lograba explicar. Cuando murió, el pueblo descubrió que las personas no acudían a su tumba para llorarlo, sino para dejar flores como quien devuelve una deuda.
Entonces comprendieron algo que nunca había escrito en ningún lugar: hay quienes pasan por el mundo dejando huellas, y hay quienes, en silencio, se dedican a aligerar las de los demás.
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Comentarios
Qué relato tan hermoso y conmovedor. La metáfora de 'comprar sombras' para aliviar el dolor ajeno es de una sensibilidad asombrosa. Me encantó el cierre, esa reflexión sobre las personas que pasan por el mundo dedicándose en silencio a aligerar la carga de los demás. Una lectura breve pero con un impacto gigante. ¡Felicidades al autor!
¡Muy buena reflexión!
?"Como los marsupiales que resguardan la vida en su vientre, ese pequeño salto en su interior parece hacerlos flotar hacia un nuevo mundo."
Gracias por esa mirada tan singular
Chido
Un relato maravilloso, para reflexionar
Un relato maravilloso, para reflexionar
Una gran reflexión!!
Muy bueno:
A mi me encantaría ser " el hombre que carga penas"
¡Felicidades!
Muchísimas gracias
Bravo!