mojando las aceras,
borrando las huellas de un verano injusto,
deslizándose por las calles,
como por toboganes sucios,
golpeando los tejados,
con la fuerza de un océano
que cede al viento,
Yo traigo el pelo,
y la ropa calados,
por la terca firmeza
de perseguirme,
cuando pongo los pies
fuera de la casa,
y voy sin paraguas,
y sin ti.
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