Tu nombre habita cada silencio, cada lágrima que en secreto desborda; yo soy el presente, el intento, y tú, la nostalgia que aún la aprisiona.
No son celos lo que arde en mi piel, es saber que tu huella me gana, que aunque yo entregue un nuevo amanecer, sigues brillando en sus madrugadas.
Y aquí me hallo, en guerra perdida, amando a quien comparte mi vida, mientras su alma... En susurros callados, aún contigo se nombra.
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