AURORA CONSURGENS
Día uno: 25 de marzo
Me gusta la clase de Español, la profesora Katherine es como una reina. Es morena y tiene cierto parecido a Jennifer López. Cuando recorre el salón, me fascina la huella de su perfume. Es natural, como la finca de la abuela, con árboles de guayaba, jazmines y nardos. A ella le entiendo todo. Hasta los temas más aburridos como los pronombres: Yo, Tú, Él, ELLA, Nosotros, Vosotros y Ellos. Nadie se toma la molestia de incluir ELLAS o NOSOTRAS. Me equivoco siempre, pero lo hago a propósito. ELLA en lugar de ÉL. Al final, la profesora sonríe.
También en los descansos podemos hablar. NOSOTRAS conversamos como si fuéramos las mejores amiguis. Puedo decirle las cosas que no hablo con mamá. La profesora me aconsejó llevar el diario. ELLA me regaló este cuaderno con portada lila, mi color favorito, y estas hojas de papel reciclado que llevan incrustados pétalos de flores. Dijo que aquí podría escribir todo lo que quisiera. Nada pierdo con intentar. Quizás la profe Kathe quiera leerlo algún día.
Día dos: 27 de marzo
Mi nombre es JENNIFER, pero mi familia insiste en llamarme Manuel. Ese es el nombre que me dieron en el bautizo. No es un nombre feo, pero es algo soso. Desde pequeña, mamá y el viejo cacreco de Faustino me obligaron a vivir una vida que no es mía, usar esa ropa fea que me hace sentir deforme. ¡Manuel, abotónese la camisa! ¡Manuel, no use la ropa tan ajustada! ¡Manuel, esos tenis rosados no son para niños! ¡Manuel, devuélvale la muñeca a su hermana! ¡Manuel, juegue con el carro de policía que le compró su papá! ¡Manuel, camine como un varón! Manuel esto y Manuel aquello. Todo el tiempo dele que dele con ese sonsonete. Ellos no comprenden. ¡No soy Manuel, soy Jenny! No sé si fue el Destino, o Dios, o el Diablo, pero, por error, me asignaron este cuerpo. Soy una mujer hecha y derecha, como mi mamá, la profe Kathe o Jennifer López, encerrada en el cuerpo de un hombre. ¡Qué nadie se confunda, soy Jenny! ¡Mi nombre es Jennifer! Jota, E, Ene, Ene, I, Efe, E, Ere ¡J-E-N-N-I-F-E-R!
Día tres: 30 de marzo
Antier, llegó un muchacho nuevo al salón, justo en la clase de Español. La profesora lo presentó ante todos. Es algo tímido. Algunos quisieron burlarse por su apariencia, pero la profe los frenó a tiempo. Se llama Alejandro. Es delgado y muy blanco. Camina de forma extraña, como arrastrando piedras. En cada movimiento, da la sensación que se quiebra y se le escurren los huesos. Pero es lindo, me gusta. Tiene unos labios finos, rojos y provocadores, como si siempre tuviera en la boca una paleta de fresa. Además, tiene una mirada tierna, con esos ojitos color miel muy profundos. Lo persigue un raro olor a madera que me hace recordar las vacaciones en el campo. La primera vez que lo tuve cerca me dieron ganas de besarlo, tuve tantos deseos de chuparle esa boquita hasta que no quedara de ella nadanaditanada. Pero me contuve, no quiero que piense que soy una perra buscona y que me ofrezco al primero que se aparece, como las "zorras" del salón, de cuyos estúpidos nombres no quiero acordarme.
2 de abril
Alejo y yo congeniamos. Ayer me estuvo explicando los problemas de algebra y me prestó la tarea de Biología, algo relacionado con la evolución. Alejandro no es como los simios que se burlan y me dicen "maricón". Llevo años soportando sus bromas. Me he visto obligada a desertar de algunos colegios por las pendejadas que dicen. Pero ya no me importa. No quiero seguirles el juego. Yo soy como soy y al que le guste bien y si no... ¡de malas! ¡Que se vayan a la mierda! Sólo me interesa Alejo. Estas noches en que la lluvia golpea los techos, he repetido muchas veces su nombre. A-L-E-J-A-N-D-R-O. Es el nombre de un príncipe o un Emperador. Presiento que entra en el cuarto, se acuesta conmigo y me abraza. Eso me ayuda a dormir. Sería lindo que Alejo y yo fuéramos novios.
4 de abril
Alejo habla de cosas interesantes: música, filosofía y hasta de temas científicos. Además de hermoso, es culto e inteligente. Me gusta estar con Alejandro, por sus ojos tiernos, sus labios provocadores y porque aprendo mucho. Con él, siento que puedo ser otra JENNIFER, una que no tenga como destino ser un travesti de la zona de tolerancia por la alameda del río. Ayer me regaló un CD de una de sus bandas preferidas. ANGRA, una banda brasilera de los 90.
Me recomendó una canción, Ego pintado de gris. No entiendo mucho de inglés y tampoco escucho metal, por eso me entregó la traducción. Es una canción triste. Habla de sentirse sola. Al principio, tiene un ritmo suave, con una voz profunda y melancólica. Luego, los acordes se llenan de vértigo, las guitarras parecen desgarrarse y comienzan los alaridos, como las voces de ultratumba. En esa parte siento mareo y miedo. Sin embargo, tengo la sensación que se refiere a mí.
Siento el dolor pero tengo miedo de llorar. Todo el tiempo, desesperado escondiendo lágrimas...
8 de abril
Del CD que me regaló Alejo, lo que más me llama la atención es la imagen de la carátula. Alejandro dice que es un andrógino. No sabía que era, pero me explicó que es un ser con características masculinas y femeninas. Representa la mezcla de los sexos, hombre y mujer unidos por la cintura, conteniendo en el mismo cuerpo ambos genitales. La figura aparece con cuatro brazos, cuatro piernas, dos rostros y dos cabezas. Según Alejo, los andróginos eran seres extraordinarios, muy fuertes y con una inteligencia superior. Dice que se sintieron iguales a los dioses e intentaron apoderarse del Olimpo. Zeus, al conocer sus intenciones, lanzó un rayo que los partió por la mitad. Desde entonces, cada parte camina solitaria y busca su complemento, por toda la eternidad.
No puedo sentir pena por ellos. Quisiera que Zeus lanzara su rayo y me separara de Manuel. No sé cuánto tiempo tendré que soportar este infierno compartido. Siento que a través de su música Alejo quiere decirme algo. Tal vez presiente que la imagen tiene que ver con lo que estoy viviendo.
Solo si Dios me mostrara una señal. Oh... Sólo si Dios pudiera sostener mis manos suplicantes.
9 de abril
Me gusta la experiencia de escribir un diario. A estas páginas floreadas puedo confesarles todo. Nunca imaginé que a través de la escritura las personas podían ser libres. Aquí puedo decir sin temor que soy una mujer. S-O-Y-U-N-A-M-U-J-E-R. Que mi nombre es Jennifer. J-E-N-N-I-F-E-R. Si hubiera podido escoger mis genitales, hubiera preferido una vagina. U-N-A-V-A-G-I-N-A. No resisto más este cuerpo andrógino. El pipí es un estorbo. E-L-P-I-P-Í-E-S-U-N-E-S-T-O-R-B-O. No sé cómo alguien puede sentirse orgulloso de un órgano tan feo. Un pedazo de piel arrugada, colgando en medio de las piernas, sin ton ni son. ¡Qué incomodidad! ¡Qué falta de estética! E-S-T-É-T-I-C-A. Una tubería sin gracia, sin más utilidad que la posibilidad de orinar parada. Ahora entiendo lo que quieren decir algunas mujeres cuando afirman que los hombres piensan con el miembro y usan poco el cerebro. Por eso son todos tontos e infantiles. Todos menos Alejandro, él es especial. ¡Mi príncipe! Soy su princesa y, por eso, no quiero la vergüenza de cargar con este pipí inservible para toda la vida. T-O-D-A-L-A-V-I-D-A-.
Esta tortura sin fin está acumulando mi rabia. Aguantando, oculta mi agonía.
11 de abril
Algo en esa imagen andrógina me obliga a mirar, como si estuviera señalándome algo. La figura de rostro femenino observa con seriedad. El masculino mira hacia el piso, a las serpientes, sin miedo, tal vez con algo de tristeza. Ninguno parece feliz. Como las imágenes de los santos en las iglesias. Al parecer, todos los dioses se alimentan del sufrimiento. Si los andróginos son semejantes a los inmortales, no comprendo por qué sus expresiones son tan frías. Quizás, en medio de su complejidad, son solitarios. Como Alejandro y yo. Quizás esa combinación de lo masculino con lo femenino no es suficiente para ser feliz. O quizás, su tristeza tenga que ver con que no existe otra presencia que los atraiga, más allá de ellos mismos. Tal vez por eso están ahí, enredados en un nido de serpientes. Quizás su vida, como la vida de todos los mortales, sea un mar de aburrimiento.
Me estoy cansando solo de estar viva.
12 de abril
Ese abrazo andrógino no es amoroso. Parece forzado. ¿Cuánto tiempo habrán estado juntos? Uno al lado de la otra, la otra al lado del uno, soportándose, tolerándose de manera hipócrita. Escuchando cada día sus voces monótonas, respirando sus mismos alientos andróginos. Es triste estar forzada a vivir en un cuerpo que no te agrada, condenada a ser algo que no deseas. Quizás se soportan, pero no se quieren. Tal vez se toleran, pero sienten fastidio. Quizás desean liberarse, transitar caminos diferentes. Quizás sean como JENNIFER y MANUEL. La imagen insinúa que quieren apartarse una del otro. La suya no es la actitud de seres que desean permanecer unidos. Es más bien un abrazo de despedida. Pretenden huir, terminar la conexión. Quizás por eso la mirada del andrógino masculino. Alguien debe sacrificarse y tal vez ese alguien debe ser él. M-A-N-U-é-l. ¿Será ese el papel de las serpientes? S-A-C-R-I-F-I-C-I-O.
Mi vida es aburrida y cuento los días. Una y otra vez, la aflicción está aquí para quedarse.
15 de abril
Hoy, Alejandro vino a la casa. Subimos a mi cuarto a preparar la exposición de Biología de la próxima semana. Mientras Alejo hablaba de alelos recesivos y dominantes, yo lo contemplaba embobada, como si fuese el mismísimo Dios explicando la creación. ¡Es tan lindo! Nos sentamos sobre la cama, muy cerca el uno de la otra, casi podíamos tocarnos, sus piernas junto a mis piernas, sus manos rozando mis manos, su cabello enredado cayendo sobre mis hombros, su aliento invadiendo mi aliento. El cuarto estaba lleno de aquel extraño olor a madera que lo acompaña. Yo me sentía inquieta, una "Jenn" absolutamente dominante y encendida. Durante algún tiempo intenté contenerme, pensando en ácidos nucleicos, cromosomas, genotipos y fenotipos. Deseaba besarlo, morderle con locura esa boquita tan fina y tan roja. Al final, no pude resistir. Lo tomé de la mano, tiré al piso los libros que se interponían y lo besé. L-O-B-E-S-É. Fue un beso tierno, muy amoroso. Alejo me miró sorprendido, quiso decir algo. No se lo permití. De nuevo me arrojé sobre mi "Alejo" recesivo, acerqué mis labios a sus labios y saboreé con mi lengua esa paleta sabor a fresa. Fue un beso apasionado. Presiento que a ambos nos gustó. Coloqué mi mano encima de su entrepierna y fui a la caza de la cremallera del pantalón. Estábamos tirados en la cama, besándonos sin control y completamente excitados. A-L-E-J-O-O-O-O-Y-J-E-N-N-Y-Y-Y. Deslicé el carrete de la cremallera con torpeza y algo de temor, hasta que pude descubrir la espada erguida de mi príncipe. Entonces, comencé a acariciarla. Alejo resoplaba como un toro. Colocó su mano sobre mi camisa y quiso rasgarla. Sentí sus dedos finos tocando mi piel, sus manos blancas buscando mis pezones diminutos y paraditos. Pero se detuvo. Salto de la cama, se acomodó el cierre del pantalón, recogió los libros del piso y salió corriendo. No dijo nada.
16 de abril
Hoy fue un día aburrido. Alejo no estuvo en el colegio. No me atrevo a llamarlo ni pasar por su casa. Sólo sé que lo extraño. ¡Alejo, mi príncipe! Debe estar tan confundido como yo. Debe sentir algo de temor. Pero fue mi culpa, no pude resistirme. Espero que no lo haya apartado de mí para siempre.
18 de abril
Ayer me enfrenté nuevamente con Faustino, el viejo cacreco que dice ser mi papá. Me descubrió frente al espejo. Estaba desnuda, fantaseando con Alejandro, pensando que sus manos acariciaban mi cuerpo. Imaginando los andróginos del CD, deseando aquellos senos tan firmes de la figura femenina, tan redonditos como melones. Para que Alejo los pueda morder. Anhelando esa vagina peluda que no se esconde y se muestra a los ojos de todos. Para que mi Alejo la pueda oler y tocar. Pero el viejo salió de la nada, abrió la puerta y se abalanzó sobre mí. Supongo que quería matarme. Por suerte, mamá estaba cerca y se interpuso.
Siento que ese señor no me quiere, soy un estorbo para él. Me ve como un error. Tengo la sensación que culpa a mamá y por eso también la trata mal. Y lo peor, nos castiga a ambas. Pero la pobre vieja qué culpa va a tener, si apenas puede hablar y siempre hace todo lo que ese señor dice. Ellos dos también son como el andrógino, sólo que a mamá le cuesta desprenderse del monstruo que representa la figura masculina.
19 de abril
El viejo cacreco es como un animal borracho. Esa enorme águila azul que parece querer devorarse al andrógino. Sus garras enormes sujetan fuertemente a las dos figuras, lastimándolas, torturándolas. Las garras afiladas se encuentran a un milímetro de atravesarles la piel. Quiere impedir que los dos seres se aparten. Como si todo en la vida fuera cuestión de fuerza, el águila se impone amenazante. Abre su enorme pico y se posa sobre ellos. Tal vez por eso los rostros se ven tristes, pues viven bajo amenaza permanente. Son como JENNIFER y MANUEL. Ninguno puede ser feliz. Peor aún, ninguno de los dos puede S-E-R. Unidos por obligación, a fuerza de regaños y golpes. Ni siquiera nos soportamos, nos sentimos incómodos la una con el otro. Alguien debería separarnos. Alguien debería tener piedad. P-I-E-D-A-D. Si todo fuera tan simple como lanzar un rayo. ¡P-O-R-Z-E-U-S! ¿Quizás, una mordedura de serpiente? ¿O, quizás, una cirugía? U-N-A-C-I-R-U-G-Í-A.
¿Algún día podré liberarme de Manuel?
El dolor hizo de tu vida un infierno viviente. Las luces se están desvaneciendo. Todo lo que quiero es ayuda
20 de abril
Hoy visitamos la iglesia de la Concepción y estuvimos conversando con el padre Benito. Mamá me llevó obligada. Dijo que, si ella y el viejo cacreco de Faustino no podían enderezarme, Dios y la Santa Iglesia lo harían. Le dije que nada tenía que conversar con el padre Benito o con ningún otro cura. Mi familia me trata como si fuera un demonio y tuvieran que realizarme un exorcismo. Nunca me han gustado las iglesias, particularmente esa, tan vieja, tan húmeda y oscura. Sentí náusea apenas entramos. Lo único que me llamó la atención fue la luz que se filtraba por los ventanales ubicados sobre el confesionario. Es una imagen hermosa, como si Dios hiciera presencia y, traspasando el vidrio multicolor, intentara espiar los secretos de las ovejas descarriadas.
El Padre Benito es un hombre rechoncho y pequeño. Cuando entramos, aún llevaba puesta la túnica blanca de la misa de ocho. Me llamó la atención su fuerte olor a incienso, mezclado con alcohol. Da la impresión de ser un hombre sufrido. Tiene la piel cuarteada, el cabello canoso y unas entradas pronunciadas en la frente. Me dio miedo la cicatriz de su ceja izquierda. Daba la sensación que, más que un sacerdote, se trataba de un carnicero. Pero el padre es un hombre amable. Su voz y sus modales me generaron confianza. No sé lo que habló con él mi madre, pero insistía en llamarme Manuel. Yo le dejé claro quién era. Soy JENNIFER, Padre, no Manuel. Antes de salir de la iglesia, el padre Benito llevó a mamá hasta el confesionario y conversó con ella, unos 20 minutos. Mientras tanto, yo recorría las galerías y disimulando que observaba las pinturas, pero noté que mamá estaba llorando. Ella salió muy seria de la iglesia y no dijo una sola palabra de regreso a casa.
21 de abril
Hoy, cuando llegué del colegio, mamá preparó café y me sirvió un poco en uno de los pocillos destinados para las visitas. Fue extraño, a ella no le gusta que yo tome café. Se sentó en la cabecera de la mesa y me miraba, como si quisiera decirme algo, pero ese algo estaba atorado, estrujándole la garganta. Yo tampoco sabía qué hacer, ni qué decir. Sólo la observaba ahí, tan sola, confundida, como un pajarito indefenso, como aquellos perritos abandonados que se quedan en medio de la calle esperando que pase el aguacero. Sentí pena por mamá y sentí pena por mí, pues no sabía cómo ayudarla. Cuando terminé el café, quise llevar las cosas del colegio a mi cuarto, pero me detuvo su voz chillona. Pensé que otra vez iba a regañarme. ¡JENNIFER... lave los pocillos por favor! Fue la primera vez que mamá me llamó por mi nombre. Como pude, lavé los pocillos y la cafetera, las lágrimas nublaron mis ojos y fue imposible contener la emoción. Entonces, busque refugio en los brazos flácidos de mi mamá. No puedo decir cuánto tiempo duró aquel abrazo. No dijimos casi nada, sólo lloramos todo el llanto que teníamos represado. Al terminar, ambas susurramos perdón. P-E-R-D-O-N-M-A-M-A.
23 de abril
Alejo no ha vuelto al colegio. Nadie sabe de él. Pregunte por él a la profe Kathe, pero dice no saber. Mamá anuncia que, la próxima semana, ELLA y yo nos iremos a la casa de la tía Encarna. Eso me alegra, pero también me llena de angustia. No sé si buscar a Alejandro para explicarle. Debo parecerle un monstruo, algo parecido a un andrógino.
Aproveché para contarle a Katherine del CD que me regaló mi "príncipe desencantado". A la profe le llamó la atención el nombre. Es un nombre extraño, imagino que es latín. La profe no sabía, por eso buscamos en internet. Aurora Consurgens significa el alzamiento de la aurora. Me dice la profe que es el mismo nombre de un antiguo manuscrito de alquimia del siglo XV. También buscamos qué significaba la palabra. A-L-Q-U-I-M-I-A.
es una creencia esotérica que está vinculada a la transmutación de la materia. Las prácticas y experiencias de la alquimia fueron clave en el desarrollo original de la química, mientras los alquimistas buscaban la piedra filosofal para transformar cualquier metal en oro.
Transmutación de la materia. Transformar cualquier metal en oro. Por lo que pudimos averiguar, la Alquimia tiene que ver con un cambio profundo y radical. Dejar de ser algo aburrido para convertirse en algo nuevo, inesperado, valioso. Como el oro, como el sol... o, simplemente, una mujer.
Es como nacer. O mejor, como renacer. R-E-N-A-C-E-R. Como la AURORA, que cada día anuncia la salida del Sol. Eso es lo que necesito. Y quizás es eso mismo lo que está buscando mamá. Una transmutación. T-R-A-N-S-M-U-T-A-C-I-O-N. Soy Jennifer Aristizábal y quiero transmutar mujer. M-U-J-E-R. Cuando eso pase, quizás encuentre nuevamente a mi príncipe. Tal vez él entienda y algún día volvamos a estar juntos. J-U-N-T-O-S.
Atrapado dentro del yo interior del agujero negro. Ego pintado de gris...
Día uno: 25 de marzo
Me gusta la clase de Español, la profesora Katherine es como una reina. Es morena y tiene cierto parecido a Jennifer López. Cuando recorre el salón, me fascina la huella de su perfume. Es natural, como la finca de la abuela, con árboles de guayaba, jazmines y nardos. A ella le entiendo todo. Hasta los temas más aburridos como los pronombres: Yo, Tú, Él, ELLA, Nosotros, Vosotros y Ellos. Nadie se toma la molestia de incluir ELLAS o NOSOTRAS. Me equivoco siempre, pero lo hago a propósito. ELLA en lugar de ÉL. Al final, la profesora sonríe.
También en los descansos podemos hablar. NOSOTRAS conversamos como si fuéramos las mejores amiguis. Puedo decirle las cosas que no hablo con mamá. La profesora me aconsejó llevar el diario. ELLA me regaló este cuaderno con portada lila, mi color favorito, y estas hojas de papel reciclado que llevan incrustados pétalos de flores. Dijo que aquí podría escribir todo lo que quisiera. Nada pierdo con intentar. Quizás la profe Kathe quiera leerlo algún día.
Día dos: 27 de marzo
Mi nombre es JENNIFER, pero mi familia insiste en llamarme Manuel. Ese es el nombre que me dieron en el bautizo. No es un nombre feo, pero es algo soso. Desde pequeña, mamá y el viejo cacreco de Faustino me obligaron a vivir una vida que no es mía, usar esa ropa fea que me hace sentir deforme. ¡Manuel, abotónese la camisa! ¡Manuel, no use la ropa tan ajustada! ¡Manuel, esos tenis rosados no son para niños! ¡Manuel, devuélvale la muñeca a su hermana! ¡Manuel, juegue con el carro de policía que le compró su papá! ¡Manuel, camine como un varón! Manuel esto y Manuel aquello. Todo el tiempo dele que dele con ese sonsonete. Ellos no comprenden. ¡No soy Manuel, soy Jenny! No sé si fue el Destino, o Dios, o el Diablo, pero, por error, me asignaron este cuerpo. Soy una mujer hecha y derecha, como mi mamá, la profe Kathe o Jennifer López, encerrada en el cuerpo de un hombre. ¡Qué nadie se confunda, soy Jenny! ¡Mi nombre es Jennifer! Jota, E, Ene, Ene, I, Efe, E, Ere ¡J-E-N-N-I-F-E-R!
Día tres: 30 de marzo
Antier, llegó un muchacho nuevo al salón, justo en la clase de Español. La profesora lo presentó ante todos. Es algo tímido. Algunos quisieron burlarse por su apariencia, pero la profe los frenó a tiempo. Se llama Alejandro. Es delgado y muy blanco. Camina de forma extraña, como arrastrando piedras. En cada movimiento, da la sensación que se quiebra y se le escurren los huesos. Pero es lindo, me gusta. Tiene unos labios finos, rojos y provocadores, como si siempre tuviera en la boca una paleta de fresa. Además, tiene una mirada tierna, con esos ojitos color miel muy profundos. Lo persigue un raro olor a madera que me hace recordar las vacaciones en el campo. La primera vez que lo tuve cerca me dieron ganas de besarlo, tuve tantos deseos de chuparle esa boquita hasta que no quedara de ella nadanaditanada. Pero me contuve, no quiero que piense que soy una perra buscona y que me ofrezco al primero que se aparece, como las "zorras" del salón, de cuyos estúpidos nombres no quiero acordarme.
2 de abril
Alejo y yo congeniamos. Ayer me estuvo explicando los problemas de algebra y me prestó la tarea de Biología, algo relacionado con la evolución. Alejandro no es como los simios que se burlan y me dicen "maricón". Llevo años soportando sus bromas. Me he visto obligada a desertar de algunos colegios por las pendejadas que dicen. Pero ya no me importa. No quiero seguirles el juego. Yo soy como soy y al que le guste bien y si no... ¡de malas! ¡Que se vayan a la mierda! Sólo me interesa Alejo. Estas noches en que la lluvia golpea los techos, he repetido muchas veces su nombre. A-L-E-J-A-N-D-R-O. Es el nombre de un príncipe o un Emperador. Presiento que entra en el cuarto, se acuesta conmigo y me abraza. Eso me ayuda a dormir. Sería lindo que Alejo y yo fuéramos novios.
4 de abril
Alejo habla de cosas interesantes: música, filosofía y hasta de temas científicos. Además de hermoso, es culto e inteligente. Me gusta estar con Alejandro, por sus ojos tiernos, sus labios provocadores y porque aprendo mucho. Con él, siento que puedo ser otra JENNIFER, una que no tenga como destino ser un travesti de la zona de tolerancia por la alameda del río. Ayer me regaló un CD de una de sus bandas preferidas. ANGRA, una banda brasilera de los 90.
Me recomendó una canción, Ego pintado de gris. No entiendo mucho de inglés y tampoco escucho metal, por eso me entregó la traducción. Es una canción triste. Habla de sentirse sola. Al principio, tiene un ritmo suave, con una voz profunda y melancólica. Luego, los acordes se llenan de vértigo, las guitarras parecen desgarrarse y comienzan los alaridos, como las voces de ultratumba. En esa parte siento mareo y miedo. Sin embargo, tengo la sensación que se refiere a mí.
Siento el dolor pero tengo miedo de llorar. Todo el tiempo, desesperado escondiendo lágrimas...
8 de abril
Del CD que me regaló Alejo, lo que más me llama la atención es la imagen de la carátula. Alejandro dice que es un andrógino. No sabía que era, pero me explicó que es un ser con características masculinas y femeninas. Representa la mezcla de los sexos, hombre y mujer unidos por la cintura, conteniendo en el mismo cuerpo ambos genitales. La figura aparece con cuatro brazos, cuatro piernas, dos rostros y dos cabezas. Según Alejo, los andróginos eran seres extraordinarios, muy fuertes y con una inteligencia superior. Dice que se sintieron iguales a los dioses e intentaron apoderarse del Olimpo. Zeus, al conocer sus intenciones, lanzó un rayo que los partió por la mitad. Desde entonces, cada parte camina solitaria y busca su complemento, por toda la eternidad.
No puedo sentir pena por ellos. Quisiera que Zeus lanzara su rayo y me separara de Manuel. No sé cuánto tiempo tendré que soportar este infierno compartido. Siento que a través de su música Alejo quiere decirme algo. Tal vez presiente que la imagen tiene que ver con lo que estoy viviendo.
Solo si Dios me mostrara una señal. Oh... Sólo si Dios pudiera sostener mis manos suplicantes.
9 de abril
Me gusta la experiencia de escribir un diario. A estas páginas floreadas puedo confesarles todo. Nunca imaginé que a través de la escritura las personas podían ser libres. Aquí puedo decir sin temor que soy una mujer. S-O-Y-U-N-A-M-U-J-E-R. Que mi nombre es Jennifer. J-E-N-N-I-F-E-R. Si hubiera podido escoger mis genitales, hubiera preferido una vagina. U-N-A-V-A-G-I-N-A. No resisto más este cuerpo andrógino. El pipí es un estorbo. E-L-P-I-P-Í-E-S-U-N-E-S-T-O-R-B-O. No sé cómo alguien puede sentirse orgulloso de un órgano tan feo. Un pedazo de piel arrugada, colgando en medio de las piernas, sin ton ni son. ¡Qué incomodidad! ¡Qué falta de estética! E-S-T-É-T-I-C-A. Una tubería sin gracia, sin más utilidad que la posibilidad de orinar parada. Ahora entiendo lo que quieren decir algunas mujeres cuando afirman que los hombres piensan con el miembro y usan poco el cerebro. Por eso son todos tontos e infantiles. Todos menos Alejandro, él es especial. ¡Mi príncipe! Soy su princesa y, por eso, no quiero la vergüenza de cargar con este pipí inservible para toda la vida. T-O-D-A-L-A-V-I-D-A-.
Esta tortura sin fin está acumulando mi rabia. Aguantando, oculta mi agonía.
11 de abril
Algo en esa imagen andrógina me obliga a mirar, como si estuviera señalándome algo. La figura de rostro femenino observa con seriedad. El masculino mira hacia el piso, a las serpientes, sin miedo, tal vez con algo de tristeza. Ninguno parece feliz. Como las imágenes de los santos en las iglesias. Al parecer, todos los dioses se alimentan del sufrimiento. Si los andróginos son semejantes a los inmortales, no comprendo por qué sus expresiones son tan frías. Quizás, en medio de su complejidad, son solitarios. Como Alejandro y yo. Quizás esa combinación de lo masculino con lo femenino no es suficiente para ser feliz. O quizás, su tristeza tenga que ver con que no existe otra presencia que los atraiga, más allá de ellos mismos. Tal vez por eso están ahí, enredados en un nido de serpientes. Quizás su vida, como la vida de todos los mortales, sea un mar de aburrimiento.
Me estoy cansando solo de estar viva.
12 de abril
Ese abrazo andrógino no es amoroso. Parece forzado. ¿Cuánto tiempo habrán estado juntos? Uno al lado de la otra, la otra al lado del uno, soportándose, tolerándose de manera hipócrita. Escuchando cada día sus voces monótonas, respirando sus mismos alientos andróginos. Es triste estar forzada a vivir en un cuerpo que no te agrada, condenada a ser algo que no deseas. Quizás se soportan, pero no se quieren. Tal vez se toleran, pero sienten fastidio. Quizás desean liberarse, transitar caminos diferentes. Quizás sean como JENNIFER y MANUEL. La imagen insinúa que quieren apartarse una del otro. La suya no es la actitud de seres que desean permanecer unidos. Es más bien un abrazo de despedida. Pretenden huir, terminar la conexión. Quizás por eso la mirada del andrógino masculino. Alguien debe sacrificarse y tal vez ese alguien debe ser él. M-A-N-U-é-l. ¿Será ese el papel de las serpientes? S-A-C-R-I-F-I-C-I-O.
Mi vida es aburrida y cuento los días. Una y otra vez, la aflicción está aquí para quedarse.
15 de abril
Hoy, Alejandro vino a la casa. Subimos a mi cuarto a preparar la exposición de Biología de la próxima semana. Mientras Alejo hablaba de alelos recesivos y dominantes, yo lo contemplaba embobada, como si fuese el mismísimo Dios explicando la creación. ¡Es tan lindo! Nos sentamos sobre la cama, muy cerca el uno de la otra, casi podíamos tocarnos, sus piernas junto a mis piernas, sus manos rozando mis manos, su cabello enredado cayendo sobre mis hombros, su aliento invadiendo mi aliento. El cuarto estaba lleno de aquel extraño olor a madera que lo acompaña. Yo me sentía inquieta, una "Jenn" absolutamente dominante y encendida. Durante algún tiempo intenté contenerme, pensando en ácidos nucleicos, cromosomas, genotipos y fenotipos. Deseaba besarlo, morderle con locura esa boquita tan fina y tan roja. Al final, no pude resistir. Lo tomé de la mano, tiré al piso los libros que se interponían y lo besé. L-O-B-E-S-É. Fue un beso tierno, muy amoroso. Alejo me miró sorprendido, quiso decir algo. No se lo permití. De nuevo me arrojé sobre mi "Alejo" recesivo, acerqué mis labios a sus labios y saboreé con mi lengua esa paleta sabor a fresa. Fue un beso apasionado. Presiento que a ambos nos gustó. Coloqué mi mano encima de su entrepierna y fui a la caza de la cremallera del pantalón. Estábamos tirados en la cama, besándonos sin control y completamente excitados. A-L-E-J-O-O-O-O-Y-J-E-N-N-Y-Y-Y. Deslicé el carrete de la cremallera con torpeza y algo de temor, hasta que pude descubrir la espada erguida de mi príncipe. Entonces, comencé a acariciarla. Alejo resoplaba como un toro. Colocó su mano sobre mi camisa y quiso rasgarla. Sentí sus dedos finos tocando mi piel, sus manos blancas buscando mis pezones diminutos y paraditos. Pero se detuvo. Salto de la cama, se acomodó el cierre del pantalón, recogió los libros del piso y salió corriendo. No dijo nada.
16 de abril
Hoy fue un día aburrido. Alejo no estuvo en el colegio. No me atrevo a llamarlo ni pasar por su casa. Sólo sé que lo extraño. ¡Alejo, mi príncipe! Debe estar tan confundido como yo. Debe sentir algo de temor. Pero fue mi culpa, no pude resistirme. Espero que no lo haya apartado de mí para siempre.
18 de abril
Ayer me enfrenté nuevamente con Faustino, el viejo cacreco que dice ser mi papá. Me descubrió frente al espejo. Estaba desnuda, fantaseando con Alejandro, pensando que sus manos acariciaban mi cuerpo. Imaginando los andróginos del CD, deseando aquellos senos tan firmes de la figura femenina, tan redonditos como melones. Para que Alejo los pueda morder. Anhelando esa vagina peluda que no se esconde y se muestra a los ojos de todos. Para que mi Alejo la pueda oler y tocar. Pero el viejo salió de la nada, abrió la puerta y se abalanzó sobre mí. Supongo que quería matarme. Por suerte, mamá estaba cerca y se interpuso.
Siento que ese señor no me quiere, soy un estorbo para él. Me ve como un error. Tengo la sensación que culpa a mamá y por eso también la trata mal. Y lo peor, nos castiga a ambas. Pero la pobre vieja qué culpa va a tener, si apenas puede hablar y siempre hace todo lo que ese señor dice. Ellos dos también son como el andrógino, sólo que a mamá le cuesta desprenderse del monstruo que representa la figura masculina.
19 de abril
El viejo cacreco es como un animal borracho. Esa enorme águila azul que parece querer devorarse al andrógino. Sus garras enormes sujetan fuertemente a las dos figuras, lastimándolas, torturándolas. Las garras afiladas se encuentran a un milímetro de atravesarles la piel. Quiere impedir que los dos seres se aparten. Como si todo en la vida fuera cuestión de fuerza, el águila se impone amenazante. Abre su enorme pico y se posa sobre ellos. Tal vez por eso los rostros se ven tristes, pues viven bajo amenaza permanente. Son como JENNIFER y MANUEL. Ninguno puede ser feliz. Peor aún, ninguno de los dos puede S-E-R. Unidos por obligación, a fuerza de regaños y golpes. Ni siquiera nos soportamos, nos sentimos incómodos la una con el otro. Alguien debería separarnos. Alguien debería tener piedad. P-I-E-D-A-D. Si todo fuera tan simple como lanzar un rayo. ¡P-O-R-Z-E-U-S! ¿Quizás, una mordedura de serpiente? ¿O, quizás, una cirugía? U-N-A-C-I-R-U-G-Í-A.
¿Algún día podré liberarme de Manuel?
El dolor hizo de tu vida un infierno viviente. Las luces se están desvaneciendo. Todo lo que quiero es ayuda
20 de abril
Hoy visitamos la iglesia de la Concepción y estuvimos conversando con el padre Benito. Mamá me llevó obligada. Dijo que, si ella y el viejo cacreco de Faustino no podían enderezarme, Dios y la Santa Iglesia lo harían. Le dije que nada tenía que conversar con el padre Benito o con ningún otro cura. Mi familia me trata como si fuera un demonio y tuvieran que realizarme un exorcismo. Nunca me han gustado las iglesias, particularmente esa, tan vieja, tan húmeda y oscura. Sentí náusea apenas entramos. Lo único que me llamó la atención fue la luz que se filtraba por los ventanales ubicados sobre el confesionario. Es una imagen hermosa, como si Dios hiciera presencia y, traspasando el vidrio multicolor, intentara espiar los secretos de las ovejas descarriadas.
El Padre Benito es un hombre rechoncho y pequeño. Cuando entramos, aún llevaba puesta la túnica blanca de la misa de ocho. Me llamó la atención su fuerte olor a incienso, mezclado con alcohol. Da la impresión de ser un hombre sufrido. Tiene la piel cuarteada, el cabello canoso y unas entradas pronunciadas en la frente. Me dio miedo la cicatriz de su ceja izquierda. Daba la sensación que, más que un sacerdote, se trataba de un carnicero. Pero el padre es un hombre amable. Su voz y sus modales me generaron confianza. No sé lo que habló con él mi madre, pero insistía en llamarme Manuel. Yo le dejé claro quién era. Soy JENNIFER, Padre, no Manuel. Antes de salir de la iglesia, el padre Benito llevó a mamá hasta el confesionario y conversó con ella, unos 20 minutos. Mientras tanto, yo recorría las galerías y disimulando que observaba las pinturas, pero noté que mamá estaba llorando. Ella salió muy seria de la iglesia y no dijo una sola palabra de regreso a casa.
21 de abril
Hoy, cuando llegué del colegio, mamá preparó café y me sirvió un poco en uno de los pocillos destinados para las visitas. Fue extraño, a ella no le gusta que yo tome café. Se sentó en la cabecera de la mesa y me miraba, como si quisiera decirme algo, pero ese algo estaba atorado, estrujándole la garganta. Yo tampoco sabía qué hacer, ni qué decir. Sólo la observaba ahí, tan sola, confundida, como un pajarito indefenso, como aquellos perritos abandonados que se quedan en medio de la calle esperando que pase el aguacero. Sentí pena por mamá y sentí pena por mí, pues no sabía cómo ayudarla. Cuando terminé el café, quise llevar las cosas del colegio a mi cuarto, pero me detuvo su voz chillona. Pensé que otra vez iba a regañarme. ¡JENNIFER... lave los pocillos por favor! Fue la primera vez que mamá me llamó por mi nombre. Como pude, lavé los pocillos y la cafetera, las lágrimas nublaron mis ojos y fue imposible contener la emoción. Entonces, busque refugio en los brazos flácidos de mi mamá. No puedo decir cuánto tiempo duró aquel abrazo. No dijimos casi nada, sólo lloramos todo el llanto que teníamos represado. Al terminar, ambas susurramos perdón. P-E-R-D-O-N-M-A-M-A.
23 de abril
Alejo no ha vuelto al colegio. Nadie sabe de él. Pregunte por él a la profe Kathe, pero dice no saber. Mamá anuncia que, la próxima semana, ELLA y yo nos iremos a la casa de la tía Encarna. Eso me alegra, pero también me llena de angustia. No sé si buscar a Alejandro para explicarle. Debo parecerle un monstruo, algo parecido a un andrógino.
Aproveché para contarle a Katherine del CD que me regaló mi "príncipe desencantado". A la profe le llamó la atención el nombre. Es un nombre extraño, imagino que es latín. La profe no sabía, por eso buscamos en internet. Aurora Consurgens significa el alzamiento de la aurora. Me dice la profe que es el mismo nombre de un antiguo manuscrito de alquimia del siglo XV. También buscamos qué significaba la palabra. A-L-Q-U-I-M-I-A.
es una creencia esotérica que está vinculada a la transmutación de la materia. Las prácticas y experiencias de la alquimia fueron clave en el desarrollo original de la química, mientras los alquimistas buscaban la piedra filosofal para transformar cualquier metal en oro.
Transmutación de la materia. Transformar cualquier metal en oro. Por lo que pudimos averiguar, la Alquimia tiene que ver con un cambio profundo y radical. Dejar de ser algo aburrido para convertirse en algo nuevo, inesperado, valioso. Como el oro, como el sol... o, simplemente, una mujer.
Es como nacer. O mejor, como renacer. R-E-N-A-C-E-R. Como la AURORA, que cada día anuncia la salida del Sol. Eso es lo que necesito. Y quizás es eso mismo lo que está buscando mamá. Una transmutación. T-R-A-N-S-M-U-T-A-C-I-O-N. Soy Jennifer Aristizábal y quiero transmutar mujer. M-U-J-E-R. Cuando eso pase, quizás encuentre nuevamente a mi príncipe. Tal vez él entienda y algún día volvamos a estar juntos. J-U-N-T-O-S.
Atrapado dentro del yo interior del agujero negro. Ego pintado de gris...
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