Si nada de lo que se cuenta y se siente de ambos lados de la orilla tiene algún tinte real y honesto, ¿qué sentido tendría seguir en la cuerda floja para saber lo que de antemano conocemos? Nos seguiremos encontrando bajo diferentes armaduras, con historias distintas, con la maldición de escondernos detrás de una inusitada oscuridad para intentar que el uno capture al otro. Es un juego de mucha seducción psicológica que nos mantendrá al filo de lo intangible y con un final nada predecible y el amor aquí no tiene cabida; sería morir en masoquista lentitud.
Yaneth Hernández
Venezuela
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