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Cap 1 El cristal del fuego

Por Pablo Manrique Sánchez · Costa Rica · Ciencia ficción

Cap 1 El cristal del fuego
1- El cristal del fuego.
Pablo Manrique Sánchez.

Blop descansaba en su casa del árbol. El sitio ya tenía tiempo de habitarlo, por lo que
decenas de objetos adornaban el lugar. Solía pensar miles de cosas y eso lo mantenía siempre
ocupado. Caminar y explorar los territorios cercanos era parte de su trabajo diario. Atender sus
cultivos, cazar, secar pieles, construir armas y recoger agua, también era parte del quehacer.
Se encontraba lejos de su tierra natal, la gran Ciudad de las Piedras. Ubicada en la parte central del
supercontinente llamado Pangea, en la región de Akmevirit; sitio donde se desarrollaban los pueblos
más importantes del mundo.
Blop se había alejado de la ciudad por razones personales, movido por la idea de encontrar
la solución a un problema que lo cambiaria todo.
Esa mañana caminó por varios cambios de estrellas. Tenía un destino y era visitar a su
amiga, la bruja de la cabaña.
Unos metros antes de llegar a la extravagante casita, un esbelto tomarctus de la raza
hippophaga, corrió a toparlo moviendo amistosamente la cola.
- ¿Hey como has estado Granuja? - Le dijo mientras le rascaba la cabeza.
Una joven mujer abrió la puerta de la cabaña y saludó. Rondaba un poco más de los veinte
tiempos dorados, de piel blanca y cabellos ensortijados muy negros, ojos verdes y chistosos
camanances. Portaba un vestido largo color azabache, de algún tipo de lino liviano, que le bajaba
hasta la pantorrilla, y que, junto con un collar dorado, engranado de un enorme ámbar color limón
pálido, la dotaban de un aire místico.
- ¡Te tengo buenas noticias científico! - Exclamó Amurat, La Hechicera Ermitaña.
Blop, que aún acariciaba al alegre canino, se acercó hasta donde su conocida y la saludó con
un abrazo. Luego interrogó.
- ¿Lograste descifrar el sitio? -
Los amigos ingresaron a la cabaña. Era muy fresca, construida con técnicas mixtas entre el
bambú y el bahareque. Su sala común era acogedora, contaba con bancas hechas de palo de rosa y
una mesita de caoba. La bruja había preparado infusión de achicoria y galletitas de yuca que eran
todo un manjar.
-A pesar de las lluvias te puedo asegurar que te será muy fácil ubicar al bólido rosado-
comentó Amurat, mientras se servía en un pequeño coco, su ración de té - imagino que la
destrucción que creó con su caída no será fácil de ocultar-
- ¡En eso estamos de acuerdo! ¿Qué camino debo tomar? - Preguntó Blop que disfrutaba de
la agradable bebida.
-Toma el Sendero de las Guayabas, luego sube hasta el Monte de los Coyotes. Creo que
desde esa distancia ya podrás notar la zona destruida e incendiada por la piedra espacial-
- ¿Es eso posible? - Preguntó el explorador un poco dudoso -Las montañas en esa zona son
muy espesas y tienden a engañar la vista fácilmente ¡Te entiendo, pero no creo equivocarme! - Las galletas de mandioca llevaban un relleno
dulce que las hacia irresistibles a comer solo una -Las historias registradas por el maestro Victur,
sobre impactos de meteoros son claras. Esos bólidos son capaces de destruir un bosque entero con
su impacto y el incendio que se provoca perdura por mucho ¡creo que no hay donde perderse! -
- ¡Es cierto! - Aseveró Blop -Aunque recuerda que ese día fue de aguacero toda la tarde; el
fuego no habrá tardado mucho en extinguirse-
-De igual manera encontrarás una gran incisión en la montaña-
Las galletas y el té se terminaban, los cambios de nubes ya tenían a suru casi a mitad del
azulado cielo, lo que indicaba que era momento de partir.
- ¡Me pondré en marcha de inmediato! ¿Alguna otra recomendación que quieras darme
Amu? - Así le llamaba Blop en ocasiones, debido a su gran amistad.
-Pues no pierdas ni un momento, no te distraigas. Recuerda que si te anochece corres
peligro con las manadas de lobos y coyotes que inundan esos lugares-
- ¿Crees que haya alguien más tras la pista del aerolito? - Al no ser vecino de la hechicera,
Blop ignoraba sobre las costumbres de los habitantes de esa comarca.
-Siéndote sincera creo que solo tú te interesas por esas cosas amigo, jejeje- la chica
bromeaba sobre las aficiones de su camarada - lo único que encontrarás de aquí hasta las
"guayabas" son pastores de ovejas y cabras, tal vez algún que otro cultivador de magnolios. Gente
sencilla, muy trabajadora y que no se mete con nadie-
- ¡Eso está muy bien! - Expresó con sonrisa el explorador.
- ¡Toma! Para el camino te he preparado este zumo de naranja con manzana- la maga
entregó a Blop un odre cargado con el sabroso refrigerio - almuerza estos dos panes de trigo, te
darán energía y te quitarán el hambre por un rato - Amurat colocó en el bolso de Blop una hoja de
musácea con el comestible - ahora vete para que puedas regresar en la tarde-
Mientras se movía por el Sendero de las Guayabas, Blop recordaba lo que días atrás había
llamado tanto su atención. Aquella gigantesca bola de fuego que surcaba el cielo y que se fue a
perder entre los cerros. Si los cálculos eran acertados, pronto tendría sus primeros avistamientos de
la destrucción del meteoro.
Los últimos tiempos, Blop los había dedicado al estudio del fuego. Era el elemento más difícil de
obtener de todos, y aún en las ciudades no se tenía el dominio de éste a placer. Había que buscarlo
de fuentes ajenas, las chimeneas se alimentaban de las entrañas del volcán Yamyambee, y todos en
la ciudad tomaban de la pira comunitaria. Con el fuego la vida cambiaba. Había calor dentro de las
chozas y cuevas, se cocinaban los alimentos y durante la noche había luz, lo que ayudaba con alejar
a las fieras más salvajes.
El científico suponía que encontraría el aerolito completamente petrificado y frío, ya que las
lluvias anteriores habían dejado su rastro entre las montañas, ríos y pueblos. Pero esa tarde brillaba
suru en el cielo. Aquellas maravillosas tierras presentaban un paisaje bastante verde con algunas
coníferas de pinos y cipreses y muchos arbustos, como la fotinia, la mosqueta y el celindo, con su
muy característico aroma. Ya próximo a llegar al lugar de los hechos, no tuvo que hacer gran esfuerzo para identificar
el sitio del aterrizaje. La bruja Amurat había acertado con la dirección. Bajo la loma en donde se
encontraba parado se podía apreciar el inmenso cráter creado por el impacto de la gran roca, aunque
le extrañó que no se divisaba ningún gran pedernal; que era lo que esperaba encontrar.
Decidió bajar a investigar. Sus primeras impresiones recogieron datos de fuego, lo cual era
lógico. Muchos árboles alrededor habían sido devastados por tremendo incendio forestal. Al
acercarse más a la inmensa fosa creada por el meteoro, solo pudo compararla con un lago que
conocía de su infancia, donde iban a compartir familia y amigos y donde realizaban competencias
de clavados y natación. La Poza de los Sapos.
De pronto algo llamó su atención. En el fondo de la inmensa cavidad pudo distinguir algo
que reflejaba una tímida luz. Impresionado por el leve brillo de lo que sería algún objeto metálico,
inició la empresa de descender las paredes de aquel cráter.
A pesar de llevar excelentes botas de piel de marmota; por momentos parecía que resbalaba e iba a
terminar rodando por los muros.
Después de grandes esfuerzos, Blop logró alcanzar la parte más baja del agujero, el suelo se
presentaba arenoso, cosa que no era común ya que aquel sitio era un lugar de tierra colorada.
Supuso correctamente que era la explosión de la gran roca al colisionar con el planeta lo que había
bañado el lugar con el fino polvo.
Medio enterrado en la arena logró ver que era un objeto vidrioso el que se asomaba por sobre la
superficie. Curioso se fue acercando hasta que salió de dudas, era un cristal de formas poliédricas
del tamaño de una pequeña nuez.
Al principio Blop no se animó a tocarlo y lo que decidió fue desenterrarlo un poco, pero
casi inmediatamente un gran susto lo hizo echarse de golpe varios pasos hacia atrás. La luz de suru
había tocado una de las paredes del singular dado, disparándose por otra un poderoso rayo que
empezó a cavar un enorme agujero en la pared de la fosa.
Sobresaltado, el intrépido Blop en lo único que pudo pensar fue en enterrar de nuevo aquel
peligroso objeto, lanzándole un puño de arena negra que lo sepultó.
- ¡Uh, esto es demasiado peligroso! - El daño en el muro hizo que un pequeño risco de
tierra se desprendiera, llegando material hasta los pies del científico.
Nuestro curioso amigo, agitado y temeroso; se sentó a meditar sobre como extraer de la
arena aquella maravillosa y letal roca, sin que suru la volviera a tocar. Pensó en esperar a la noche,
pero era demasiado arriesgado permanecer en esas latitudes, más que todo por la cantidad de
animales peligrosos que rondaban en los tiempos oscuros.
Después de meditarlo mucho llegó a una solución. La metería dentro de su odre. Seria duro
el regreso sin ninguna ración de líquido, pero al menos llevaría su premio. Así lo hizo destapó la
piel que estaba a medio gastar e ingirió el sumo de naranjas. Ya sin contenido, se las ingenió para
enterrar el cuero en la arena y mover la desconocida gema hasta la oscura piel. Luego sacó la bota
cargada de arena y la selló.
Quedaba solo por hacer una rápida inspección a ver si lograba ubicar otro fragmento vidrioso, pero
según sus pesquisas concluyó que la gema era impar, era exclusiva, era el único fragmento que
había quedado de aquel meteoro de fuego. Buscó entre la leña alrededor un callado y se puso a caminar. Suru se había encargado de secar todo
alrededor. La fatigosa caminata era lenta y en muchos tramos de cuesta; lo que era realmente
agotador.
Las preguntas de Blop sobre el meteorito eran muchas y las respuestas eran muy vagas.
- ¡No entiendo nada de lo que ha pasado! - Reflexionaba el investigador -No puedo creer que una
roca de esas dimensiones se pulverice de esa manera - Aquel desierto de arena creado por el
impacto del bólido era realmente impresionante, todo en un radio de cerca de setecientos metros
aparecía árido y cubierto por el singular polvo negro -el poder de esta joya es demasiado peligroso-
pensó.
En los años de academia, un joven Blop, había demostrado ser una persona sumamente educada y
llena de ganas de aprender. Siempre consiguió los mejores promedios en materias complejas como:
orientación de astros, comprobación de cantidades, reinos verdes, gemología, materiales y mapas.
En las materias más físicas el muchacho no se quedaba atrás en disciplinas como velocidad y salto
siempre sorprendió, incluso a los muchachos más avanzados. En lucha con garrote y escudo era un
buen elemento y en disparo con arco solía sacar promedios regulares que lo mantenían siempre
avanzando dentro de los cursos.
Una vez que pudo dejar atrás "el Cráter del Aerolito", como se le había ocurrido llamar a la gran
perforación causada por el bólido, debería atravesar de vuelta el Sendero de las Guayabas. Todo
indicaba que aún faltaban un par de cambios de estrellas para que oscureciera, podría contar con
tiempo, antes del manto nocturno.
Blop comió los panes de trigo (la hechicera los había preparado con molienda de semillas de
calabaza las cuales aportaban muchísima energía), revisó los alrededores buscando algo muy
específico. La variedad de flora que se presentaba en tan singular arbolado era variadísima,
gramíneas, pináceas, musáceas, lámiales y un sin número de divisiones aun por conocer. El
investigador revisaba hojas, tallos y frutos de tan selecto colectivo; hasta que dio con su objetivo.
- ¡Por fin aquí estas! - Se dijo el sabio a sí mismo.
Entre una inmensa trepadora de falso jazmín, aparecía una planta de bejuco rosado. Muy conocida
entre los baquianos por su cualidad de conservar agua en su interior. El científico realizó varios
cortes y disfrutó de la amarrosa bebida.
Nuevamente con fuerzas renovadas retomó el camino hacia la cabaña de Amurat. El paisaje ofrecía
un espectáculo de montañas verdes y azules; suru se movía rápidamente lo que obligaba a Blop, a
no perder ni un cambio de nubes.
Ya cerca de los territorios de su amiga nuevamente fue Granuja, quien llegó a topar al exhausto
investigador.
- ¿Has encontrado algo Blop? - Preguntó la bruja quien había acudido a los ladridos de su
tomarctus.
- ¡La verdad es que sí amiga! - Contestó Blop. Mientras ingresaban en la linda cabaña junto a
Granuja, que como siempre estaba muy animado moviendo su cola.
- ¡Cierra todas las ventanas por favor! ¡Que no entre nada de luz! - Blop estaba sumamente
emocionado con mirar la roca de cerca y sin peligro. ¡Por el fuego Blop! ¿Qué te pasa? - Extrañada la joven hechicera cerraba las ventanas de
su cabaña y colocaba pieles como cortinas.
Granuja miraba desde su nido de paja a los dos humanos interactuar. Permanecía muy
alerta, sin quitar la vista de su amorosa dueña.
-He encontrado algo fascinante, esto cambiará muchas cosas amiga- el científico depositaba
la arena en una taza grande echa de arcilla.
- ¿Arena? - Preguntó extrañada Amurat.
- ¡Nooo! ¡Mira esto! - Introdujo sus dedos explorando dentro del recipiente y extrajo el
maravilloso cristal.
En todo su esplendor, la joya se veía más pequeña que una nuez. Su forma diamantina
parecía cortada perfectamente por una maquina moderna y su profundo tono parecido al cuarzo, la
hacía verse esplendorosa.
La linda bruja no se impresionó para nada, miró a Blop con un gesto de extrañeza, no
entendía su emoción por una piedrecilla preciosa.
-La gema está muy bonita, pero de esas abundan en las Cavernas Lagrimosas-
- ¡No creo que de esta amiga! - Exclamó el científico, que a pesar de estar ceñido
analizando la roca, se volteó un momento para mirar a la hechicera.
- ¡Me creerías si te digo que este cristal no es del planeta! - Planteó Blop acercando la
hermosa joya a una lampara de vela que los iluminaba.
- ¿A qué te refieres investigador? - Los viejos conocidos en ocasiones se llamaban por sus
títulos.
-Esta gema y un inmenso cráter como el del Volcán Vanguardia, fue lo que encontré en el
lugar del evento-
- ¿Y el meteorito? -Indagó la chica con gran confusión.
-Según mis pesquisas, al impacto con el suelo éste se desintegró, creando la enorme cavidad
que descubrí y cubriendo el lugar con esta arena negra-
- ¿Y deduces que la joya venia dentro del meteoro? - La bruja preguntó casi afirmando.
-Estoy muy seguro de que este cristal fue parte de ese meteorito- Blop hablaba sin tono de
duda.
- ¿Por qué estas tan seguro amigo? - Amurat necesitaba más respuestas para ser
convencida, no era una hechicera fácil de persuadir y mucho menos de engañar.
-Un extraño fenómeno sucedió mientras sacaba la roca de entre la arena- el científico relató
la experiencia a su amiga -al contacto con suru de alguna manera esta piedrecilla se carga de poder
y despide un poderoso rayo-
- ¡Entiendo! - Indicó Amurat sin mucha objeción a la historia de su amigo - La joya
funciona como un amplificador de rayos de suru ¡Eso mismo pensé! - Afirmó Blop.
- ¡Ya puedes crear fuego! - Exclamó animada la joven sanadora.
-Tengo aún un problema y quiero que me ayudes Amurat- expresó el científico.
- ¿En qué te podría ayudar una recién graduada? -
-Como puedes ver, esta joya es un poliedro, y dependiendo la pared que suru toque, podría
despedir un rayo en dirección incorrecta. Lo cual representa un peligro inminente ¿no sé cómo
hacer para corregir el problema? -
Amurat era una de las ex alumnas más destacadas del Instituto de la Montaña. En ocasiones
caravanas caminaban durante muchos cambios de estrellas, solo para una entrevista con la
maravillosa sanadora. Su fama había recorrido gran parte de Pangea, aunque su situación de
desertora hacía que en ciertos círculos académicos fuera rechazada.
La joven miró la enigmática joya con recelo. Se acercó a la lampara para mirar mejor los
ángulos de la presea, luego se refirió - creo que lo que vas a necesitar es un receptáculo donde
colocarla, de forma que trabaje disparando solo hacia un punto. Te puedo asegurar que todos los
lados están conectados con este último corte más rojizo-
La observación de Amurat era precisa. Blop había acertado en pedir ayuda a su amiga.
Ahora solo necesitaba el molde.
-El mejor material que puedes usar para el receptáculo es madera de gidgee, entre mis cosas tengo
un pedazo del tamaño perfecto para la joya-
Amurat buscó en un armario donde tenía varios morteros de piedra y jarras de arcilla, también se
miraban muchos rollos de hierbas medicinales, como juanilama, ruda, menta y romero; luego de
escarbar un poco dio con su objetivo. Se trataba de un trozo de madera sumamente oscura y del
tamaño de una ciruela. La bruja explicó a Blop como debía tallarlo dejando dos orificios pequeños y
uno un poco más grande para empotrar la fina joya.
Con una filosa navaja de obsidiana, Blop moldeó el trozo de gidgee. La agilidad del científico era
digna del mejor artesano, los cortes eran simétricos y el acabado limpio y pulido. La cavidad hecha
para montar la roca era perfecta, solo restaba hacer las pruebas.
Suru aún se divisaba en el cielo, el atardecer era grandioso en aquellos hermosos parajes de colores.
Amurat quitó las pieles que servían de cortinas y abrió las ventanas de su cabaña. La chimenea
estaba apagada, colocó algunos leños en ésta y junto con su mascota, buscaron un lugar seguro.
- ¡Ahora sí científico apunta hacia la leña! - La joven y su mascota miraban curiosos, encondidos
detrás de un bonito trastero de nogal.
- ¡Raf, raf! - Se escuchó ladrar al animado can.
-¡Esta prueba sí que es de fuego! - Vaciló Blop, mientras muy lentamente deslizaba su dedo
dejando el orificio de entrada totalmente descubierto.
Una vez que los rayos de suru accedieron por la perforación y tocaron el cristal,
inmediatamente una centella se disparó y los troncos puestos en la chimenea se revolcaron y
ardieron. Blop de inmediato con su dedo volvió a tapar el agujero. ¡No lo puedo creer Blop! - A pesar de su seriedad, Amurat estaba muy asombrada;
Granuja parecía entenderlo todo y se miraba un poco asustadizo.
-Este es el descubrimiento más importante en la historia - dijo la bruja - con el dominio del
fuego ya no dependeremos del volcán, ni de los traficantes de lumbre. Todo será más fácil ahora-
- ¡Creo que es tiempo de regresar a la ciudad con un regalo! - Celebró el científico.
- ¡Debes tener mucho cuidado! Un instrumento como esa roca puede ser causa de muchas
envidias - Amurat era una gran consejera y a pesar de su juventud, conocía muy bien el corazón del
hombre- los habitantes de las ciudades, la gran mayoría, son personas muy materialistas. Siempre
buscan el bienestar personal antes que el general y en muchos casos, son capaces de traicionar con
tal de obtener algún favor-
Para Blop las cosas eran diferentes. Desde que se había trasladado a las montañas, luego de
la muerte de su padre, no hacía más que dedicarse a su trabajo. No obtenía noticias de la ciudad y se
las había ingeniado para no necesitar nada de por allá. Su relación era única y exclusivamente con
gentes de la montaña. Algunos eran exiliados por delitos y otros simples desertores que, cansados
de la agitada vida citadina, optaban por el campo.
Se había construido una cabaña sobre las ramas de un árbol de arce rojo. Cultivaba maíz, frijoles,
yuca, zanahorias, ñampí, ayotes y chiverres entre otros, los cuales intercambiaba con productores de
leche y quesos, de huevos, panes, naranjas, aguacates, plátanos, uvas y fresas. También tenía tratos
con traficantes de fuego y de cuero, por lo que su vestido y calzado estaban garantizados. Usaba
comprar un delgado cuero de vaca que utilizaba para hacer sus apuntes por medio de espinas de
limonero y pigmentos vegetales.
A pesar de llevar una vida de lujo en su placentero bosque, Blop sentía la necesidad de dar
su aporte a la humanidad y dejaría su bonito hogar, para viajar a la ciudad que lo vio nacer y
entregar su conocimiento a los miles de habitantes y familias que lo aprovecharían y les ayudaría a
crecer.
Los residentes de las ciudades declaraban a "la flama roja" como un ente destructor. El poderío
devastador de las tormentas eléctricas y los incendios forestales le daban esa particularidad de
fuerza danzante. A pesar de eso, Blop era menos supersticioso y entendía que todo se debía a
circunstancias y fenómenos naturales con explicación. Su razonamiento lo separaba mucho de los
hombres comunes y lo acercaba más a los genios de las ciencias de la naturaleza y la lógica.
Blop se despidió de Amurat y Granuja, esa tarde el mundo acababa de cambiar. El control sobre el
elemento lo transformaría todo. Las buenas intenciones del científico darían un giro en la evolución
del mundo, la historia escribiría un capítulo nuevo, donde el humano nuevamente sería el factor del cambio.

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