que cuando una historia llega a su final,
ambos dejamos huellas en el camino
y ambos tenemos algo que aceptar.
Pero cuando hablaste de nuestra historia,
parecía que todo había sido por mi culpa,
como si mis silencios, mi forma de ser
y mi manera de amar fueran la única razón de tu partida.
Dijiste que yo era aburrido,
que no sabía darle emoción a tus días,
pero nunca dijiste las veces que te esperé,
ni todas las noches en que por ti sonreía.
No fui perfecto, jamás lo he negado,
pero tampoco fui el villano de tu cuento;
quizá simplemente queríamos vidas distintas
y fue más fácil culparme que aceptar el momento.
Así que si algún día alguien pregunta por nosotros,
cuenta tu versión, si eso te hace dormir en paz;
yo guardaré la mía en silencio,
porque quien realmente vivió nuestra historia
sabe que la verdad siempre fue mucho más.
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