cuando el tiempo por fin te consumó.
Hace cuatro años,
cuando te conocí, aún eras cierne.
Tu óvalo,
ese marco impecable que no requiere
pincel ni coartada,
ni esta caligrafía ínfima para realzarse.
Tus cejas,
dos arcadas severas señalando mi redención,
inscribiendo la historia
con el pulso certero de quien conoce su destino.
Tus ojos,
dos nocturnos oscuros y encendidos,
que me avistaron a los dieciséis
y que, cuatro años después,
persisten mirándome incólumes.
Tu sonrisa, mi amada.
Tu sonrisa de verbena,
esa que inaugura el retrato y desgarra el fondo violáceo.
La que custodia, en sus veinte,
el augurio íntegro de la mujer que serás en la senectud.
Si hubiera de cifrarte en un verso,
diría:
cabellera de cauce sombrío,
mirada de yo llegaré,
sonrisa de aquí me quedo.
Y he de quedarme.
JASMANI JASAN
Talara, 21 de marzo de 2007
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