Mientras hablábamos, me di cuenta de que quizás llevo mucho tiempo comparando a la mujer que soy hoy con la mujer que fui antes. Con la que tenía otros planes, otra energía, otras capacidades y una idea mucho más clara de hacia dónde quería llevar su vida. Y quizás una parte de mí sigue intentando demostrar que todavía puedo ser esa mujer.
El problema es que cuando no consigo hacer las cosas como las hacía antes, inmediatamente siento que estoy fallando. Me cuesta mirar todo lo que sí he conseguido porque estoy demasiado ocupada pensando en todo lo que todavía no puedo hacer, en lo que podría haber hecho mejor o en aquello que siento que perdí por el camino.
Y entonces aparece esa voz que dice que no es suficiente.
Que cualquiera podría hacerlo.
Que todavía me falta mucho.
Que no debería sentirme orgullosa.
Pero si me detengo un momento y miro mi propia historia con un poco más de distancia, hay algo que no puedo seguir ignorando: sí he conseguido cosas importantes. He atravesado momentos que pensé que no iba a poder soportar, he aprendido cosas que nunca imaginé necesitar aprender, he comenzado proyectos cuando muchas veces lo más fácil habría sido no hacer nada y, de alguna manera, he seguido construyendo una vida con las herramientas que tengo hoy.
Quizás mi problema no es que no tenga logros. Quizás es que todavía no sé reconocerlos como propios.
Me he acostumbrado tanto a mirar hacia adelante, a resolver lo urgente y a pensar en lo que falta, que pocas veces me detengo a decirme: esto también lo hice yo.
Y creo que hay otra cosa que necesito aprender: dejar de exigirle a la mujer que soy hoy que vuelva a ser la mujer que fui.
La mujer que fui merece mi gratitud. Hizo muchas cosas por mí y me llevó hasta aquí. Pero ya no necesito demostrar que puedo volver a ser ella. Porque no soy la misma, y quizás eso no sea una pérdida.
Quizás simplemente estoy empezando una etapa diferente.
Tengo otros miedos, otras prioridades, otras capacidades y también otras formas de mirar la vida. Hay cosas que antes podía hacer y que hoy me cuestan, pero también hay cosas que hoy entiendo, siento y valoro de una manera que antes no habría podido.
Y quizás comenzar con mi nuevo yo significa justamente eso: dejar de medirlo con la regla del antiguo.
No sé todavía quién es completamente esta nueva versión de mí. Creo que todavía la estoy conociendo. Pero quizás ya es hora de dejar de mirarla con desconfianza y empezar a reconocer todo lo que ha sido capaz de hacer.
Porque tal vez no necesito convertirme nuevamente en quien fui.
Tal vez necesito aprender a mirar a quien soy ahora y decir, sin sentir que estoy exagerando:
También estoy orgullosa de ti.
?
Te abrazo, donde quiera que estés.
Con amor.
Muy lindo relato de pensamiento y emociones