Se me asomaron las ganas,
se alborotó el pensamiento,
sin recato llegaron motivos
y la luna, curiosa, me llamó.
Quería saber por qué callo,
por qué escribir no intento
si solo tengo que evocarla,
y dejarme contagiar por ella.
Decidí subirme de inmediato
para ver si aquello era cierto,
si de veras la luna me quiere
o si tal vez era un espejismo.
Cuando ya la tuve muy cerca,
supe que no estaba soñando,
que su mensaje era mandato
y que tenía que hacerle caso.
Tengo su mirada en mis ojos,
su luz reposando en mi mente,
su brillo mostrando el camino
y amor palpitando en mi pecho.
El Abelito de la Tienda.
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