Abrir un libro, no importa el que sea,
con la firme intención de degustarlo,
de invertir horas o minutos para leer,
es un placer, un descanso, una razón.
Leer con interés, con deseo de saber,
dándole opción al escritor para llegar,
es compenetrarse con su sentimiento
y permitir que el mensaje nos cobije.
Leer no es solo devorar los caracteres,
ni hallar sabiduría en un par de libros;
tampoco sentirse ufano almacenando,
atestando con apariencias un estante.
Si aprendemos a leer, seremos útiles,
respetando al escritor, sin condición:
dejemos que las fantasías nos animen
y hagamos de las letras una comunión.
Leer con entusiasmo ¡es sensacional!
El Abelito de la Tienda
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