Tiempo de entender
El amor no nace al viento, se construye en lo profundo,
como raíz que en silencio abraza el fondo del mundo.
Debe beber de la lluvia, del sol y del entendimiento,
pero a veces llega el dolor, la distancia o el desaliento.
Se marchita cuando falta la ternura que lo abrace,
y el alma, en su desconcierto, levanta muros y se encierra.
Hay sequías que desgastan, tempestades que derrumban,
y un corazón que, aun herido, sigue latiendo en la penumbra.
Construye entonces tus muros, no de piedra, sino de cielo,
con el perdón como escudo y la verdad como anhelo.
Fortalece con paciencia aquello que el tiempo prueba,
abre el pecho al aire limpio y deja atrás lo que envenena.
Porque siempre llega un día, un instante para ver
que entender es más que oír, es también saber comprender.
No hay amor sin presencia, ni sentir sin claridad,
ni abrazo que encuentre al otro si le falta complicidad.
Comprender al otro es un arte; comprenderse, un desafío.
No es sencillo amar la vida cuando el corazón siente frío.
A veces el miedo nos vence, otras veces nos detiene,
pero el amor que se comprende es el que permanece y sostiene.
Y aun en medio de la angustia, del dolor y la tormenta,
una flor puede elevarse cuando el alma la alimenta.
Porque amar también es eso: aprender, mirar y entender,
y descubrir que en la vida siempre hay un tiempo para volver a creer.
Valoración: 0.0/5 (0 votos)
Comentarios
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.