que hasta una pestaña decide acompañarlas.
Pestaña
No fue la lágrima
lo que más recuerdo-
fue la pestaña.
Esa mínima sombra
desprendida del borde de mis ojos
que decidió viajar con ella,
como si necesitara
atestiguar el trayecto.
Descendió lenta,
arrastrada por el agua tibia
de todo lo que no dijimos.
Cruzó mi rostro
como quien atraviesa
una frontera irrepetible.
Y terminó ahí-
sobre la solapa de tu pecho.
Oscura.
Ínfima.
Casi invisible.
La pestaña del encuentro
y del adiós.
Como si incluso el cuerpo
hubiera querido dejarte
una última evidencia
de que alguna vez
temblé por ti.
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