Tratando no extenderme en este intento de verso.
Contaré una historia en prosa.
Cómo es habitual las llamadas al 911 eran Atendidas.
Durante la noche el sueño de los colindantes era interrumpido abruptamente.
El calor de la noche se intensificó por las llamas.
El aire se impregnada de humo.
La calma se convirtió en incertidumbre.
Las llamadas de emergencias se comenzaron a saturar.
Las sirenas sonaban, los cuerpos antiincendios se reunían en un punto específico de la ciudad.
Todo rápidamente se carbonizaba.
El metal se doblaba.
El origen del siniestro es confuso.
Muchas versiones que concluyen en el mismo punto.
Nada asido confirmado por las autoridades que no hicieron acto de presencia.
Ya no hay fruta o demás mercancías que vender.
Todo es ahora escombros.
Cuantiosos daños que son incalculables.
A lo material si se le puede otorgar una cifra de varios dígitos.
Pero quien puede ser capaz de ponerle un valor numérico a el dolor de locatarios y comerciantes.
La impotencia evapora la sangre.
Recoger las cenizas con resignación.
Rescatar lo que las llamas no engullo.
Con esperanza reconstruir lo perdido.
Trabajar con esfuerzo resiliente.
Regar con lágrimas los nuevos frutos de la cosecha.
Tolerar el duelo de haber perdido la fuente de trabajo que has forjado con los años.
Mantener la frente en alto, a pesar de la desgracia seguiremos brindado servicio.
Clientes sean bienvenidos.
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