Me apagaré cuál vela al viento.
Una risa se puede ver en la faz del hablante.
Tal vez se burle de su destino.
Una última risa que es la antesala de algo indescriptible.
Algo sucederá...
¿Qué será?...
Un letargo de tiempo, sin embargo, paradójicamente avanza a gran velocidad.
Tiempo.
Un gran amigo que en ocasiones puede llegar a traicionarte.
Él no tiene la culpa de que lo malgastes o no sepas valorar su compañía.
Una oportunidad se va, ese último beso que no pudiste dar.
No te quitará nada, sin antes ofrecer algo a cambio.
Hay zozobra en este verso.
La mano del escribiente tiembla de angustia y no de cansancio.
Qué pasará para que alguien se apague cuál vela al viento.
No te mortifiques, dice ese alguien.
Aguantando lo inaguantable, quien lo ha escuchado trata de controlar lo incontrolable.
Lo anterior podrá sonar repetitivo, pero como calmas un mar embravecido por la tormenta.
Cómo detener los vientos de un huracán.
Cómo ocultar al usuario del internet lo que es indebido.
Quizá la metamorfosis de flama a humo sea venidera.
¿Cómo saberlo?
¿Acaso tú eres capaz de dar ese salto de fe?
Qué necesitas, porque ya me voy a ir.
Tal vez no nos volvamos a ver, calla no pidas lo imposible.
Acércate dame un fuerte abrazo, déjame sentir ese calor que emana de tu cuerpo.
Aquella temperatura hace aflorar la nostalgia de noches pasadas.
Noches en dónde aquella flama provocaba incendios pasionales.
Por favor te lo pido, dice el que se va masticando su tristeza.
Su petición es aceptada por quién lo verá partir.
Espero que me reconozcas si llego a volver.
No tengas las emociones que yo siento, no te las pretendo compartir.
Mejor alégrate por mí, adónde iré seré feliz.
Sin embargo, esa felicidad sin ti no estará completa.
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