No sé decirlo bien.
Es como si el verano hubiera dejado
una carta sin firmar sobre la mesa.
Las hojas empiezan a tomar decisiones.
Una se suelta. Otra se arrepiente.
El jardín se llena de pequeños adioses
verdes y dorados.
Mi madre decía
el otoño llega para enseñarnos
a soltar despacio.
No es tristeza.
Es una forma de la paciencia.
Esta mañana vi una mariposa
posarse en un cercado.
Estuvo un momento.
Luego se fue.
Yo también he sido esa mariposa.
Yo también he sido esa cerca.
Los niños juegan como si nada.
Y nada pasa.
Solo el sol se inclina un poco,
solo la sombra se alarga un poco,
solo el corazón aprende un poco
de la luz que se despide.
Así comienza.
Sin ruido.
Sin permiso.
Con una hoja en el suelo.
Con un olor a tierra mojada.
Con esta paz extraña y honda
de saber sin saberlo:
la vida continúa en otro tono.
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