con un rumor de espuma, desnuda y sencilla;
mi sombra se inclina, buscando el latido
de un cielo que tiembla, recién descubierto y perdido.
La sal sobre mis labios enciende la memoria,
y el viento desordena los mapas de la historia;
camino por la cuerda secreta del deseo,
con los ojos abiertos al borde del mareo.
Abajo el mar pronuncia, su nombre transparente,
arriba, el precipicio me llama lentamente;
entre ambos, como un sueño que no sabe caer,
sostengo con mis manos la sed de renacer.
Si vuelvo a la ribera, no seré quien partía:
traeré dentro del pecho la noche y su osadía;
seré sal en la herida, relámpago y canción,
un vértigo encendido, latiendo en el corazón.
Valoración: 0.0/5 (0 votos)
Comentarios
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.