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UNA EXTRAÑA REUNIÓN

Por El Abelito de la Tienda · Colombia · Ciencia Ficción

UNA EXTRAÑA REUNIÓN
Apareció de la nada un sujeto y me invitó a una extraña reunión, pero yo enseguida le dije que no. Él siguió su camino y yo el mío, los dos sin demostrar ninguna prisa.
Al siguiente día el mismo sujeto llegó de nuevo a un punto distinto donde yo me tomaba un café. Me dijo que la reunión sería en dos días y yo de nuevo le dije que no. Pagué el café, me retiré del local y el se quedó. No supe haciendo qué.
Camino a casa tropecé con una piedra y sufrí una aparatosa caída. Cuando me estaba levantando, bastante aporreado, apareció de nuevo el sujeto que a decir verdad, fue el único que me ayudó, a pesar de que la calle estaba llena de gente. Se cercioró de que yo estuviera bien y antes de despedirse me recordó que la reunión sería al día siguiente a las 10.
El dolor que me produjo la caída y el escozor de las raspaduras fueron más importantes y por supuesto no volví a pensar en la reunión, mucho menos en el extraño señor.
Tres días más tarde alguien tocó a la puerta de mi casa. La patrona atendió y desde abajo gritó: ¡Gordo, te buscan para entregarte una remesa! Bajé lento, como de costumbre, y gran sorpresa cuando al llegar a la puerta vi que quien me buscaba era el hombre de marras, detalle que ya me molestó.
-¿Qué quiere? -Le pregunté.
-Vine a traerle este obsequio que nos dieron en la reunión. Guardé uno para usted porque estaba seguro de que le iba a gustar.
-Gracias, le dije. -¿De qué se trata?
-Ábralo, por favor -me contestó. Quiero que me dé su opinión.
Empecé a abrirlo con mucha desconfianza y con alguna dificultad porque tenía demasiada cinta pegante. Le pedí que me esperara un instante mientras iba a la cocina por un cuchillo para poderlo abrir.
Estando en esas, sentí que un enorme aguacero empezaba a caer, pero me di cuenta que estaba aún en mi cama, que eran las 5.30 de la mañana y que ya me tenía que levantar.
Me enderecé, me froté los ojos y reí con ganas, porque entendí que todo eso lo había vivido en un sueño y enseguida pensé que algún presagio debía traer.
Un par de horas después, salí a la calle y, al llegar a la esquina, me tropecé con un buen amigo al que hacía tiempo que no veía.
-¡Hola, Abelito! -Me dijo. Qué bueno encontrarlo ahora, porque mañana tenemos una reunión sorpresa y vengo a invitarlo.
-¡Cuente conmigo, parcero! -Allá estaré.

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