La primera, una ajena, tenaz porque para haber llegado a sentarte a escuchar esa historia de amor y desamor, se tuvieron que tejer tantas casualidades y rebotes inesperados de la vida y así escucharla con toda la inspiración que inicia, haciéndote recordar a Gabo, pensando, "le quedo chiquito el amor en los tiempos del cólera", pero como toda novela después de la cúspide hay vida y hay realidad que sirven es pa´ desgarrarte la ilusión y bajarte de un guamazo de esa nube de ilusión y amor tan hermosa para saber la realidad que fue y desenmascarando las verdades detrás de puertas cerradas. Es sembrar, cultivar y ver florecer hermosas flores, con su aroma, belleza y razón de ser, para luego seguir a la realidad de cortarlas, estrujarlas, apretujarlas, lavarlas y empacarlas para su exportación, donde se vive después de mucho o poco otra vida, tan larga o fugaz como el destino guarde.
Hace poco más de un año, por cosas del destino y casualmente acompañado de Hilda, la tremenda Hilda, dicen las malas lenguas que cuando Dios creó el paraíso, luego a Adán y antes de crear a Eva, Adán le preguntó "¿Dios y...ella?" y que él le contesto, "ella es Hilda" y Adán con cara de ¡what! A lo que Dios prosiguió diciendo "no se ya estaba aquí cuando cree el paraíso"...........Tuve la oportunidad de colaborarle a un brother en recibir a un familiar y realizar la simple tarea de llevarla de su sitio de llegada a través de un medio de transporte, a el sitio de partida de otro tipo de transporte para llegar a su destino final, en términos más coloquiales la baje de un avión y la subí a un bus. Ahí les va......
Por ahí de 1940 y pico, en las cálidas tardes de las costas de Veracruz, México, se paseaba a sus escasos 17 años una linda piel canela, quien apenas florecía y le sonreía a la vida; a ella la llamaremos Sara Elizabeth. Sara apenas despertando en los menesteres del amor, ya comenzaba a parpadearle efusivamente a un iniciante de galán de escasos 18 años, quien atraído por tanta belleza comenzó a hacer uso de su galantería para tratar de conquistar a esta bella flor, dando lugar a ese primer y tierno amor de Sara, que era enmarcado por el disimulo y aparentar de "un amigo más" pero de esos que de solo pensarlo, derretía hielo al instante (a él le llamaremos Ramiro).......Obvio por lo celoso del padre y la madre tan arraigada a que las cosas eran como solo su padre lo decía, esta naciente relación se mantenía en el máximo secreto, pero como todo líquido que se expone al calor, tarde o temprano bulle y se hace notar, por lo que se enteraron sus padres y le prohibían ver al amado caballero Ramiro.
Por circunstancias de la vida, a las cuales entraremos en detalle un poco después, la hermosa Sara y el gran Ramiro, no se volvieron a ver........................................Esto hasta unos sesenta y tantos años más tarde, por ahí de los inicios del 2012 cuando ya viuda, con todos sus hijos hechos y derechos, un poco aburrida de la monotonía de los domingos en familia, que aunque maravilloso por los nietos, no dejaba de ser más de lo mismo y pues eso cansa, por lo que decidió tomar unas vacaciones y visitar su infancia entre las olas de esa bella Veracruz que tantos años atrás había dejado. Ya Sara, montada en el séptimo round que uno le pelea a esta vida, tomo su viaje a visitar a sus amigas de juventud e infancia, con las cuales escuetamente por décadas había mantenido contacto, Jacinta María Vallejo e Inés Martínez Martínez, esta última realmente bautizada Inés, solo Inés, pero como en la época no era lo correcto, adecuado y de costumbre, la gente de tan folclórico rincón del país opto por llamarla así, Inés Martínez Martínez, para que así tuviera su segundo nombre como Dios manda.
Llegó Sara, a visitar a sus grandes amigas, hospedándose en casa de Jacinta, igualmente viuda y de hijos ya grandes, uno viviendo en la localidad y el otro en la capital del país. Por supuesto que con el pretexto de tener visita de fuera, Inés se la pasaba desayuno, almuerzo, comida y cena en casa de Jacinta (si, estás leyendo bien, desayuno, almuerzo, comida y cena, es que en México el desayuno es para el que madruga tipo 5-6 de la mañana, luego tipo 8-9 almuerzan, al medio día la comida y ya en la tarde-noche la cena) y esta gloriosa visita de Sara, le daba a Inés, el respiro tan necesario de su amado José Elías, que en sus versos más amorosos al referirse a el mínimo era "un hijo de su chingada madre, que no hace más que estar de chiflado chingue y chingue". Ah, pero que alguien dijera algo negativo o en contra del hijo de su chin....digo, su amado José Elías, porque se ponía como león enjaulado de lado a lado mientras despotricaba a manera de zarpazos contra su atacante, y de vez en cuando, si el susodicho atacante tenía suerte, el zarpazo era físico.
La visita sinceramente resulto, ya viendo en retrospectiva un ritual de sanación, rejuvenecimiento y respiro del día a día de cada una, dando espacio a recordar la infancia, la época de escuela y lo mucho para bien o para mal que ha cambiado el pueblo (que sea grande o pequeño, el cariño no permite llamarlo mas que eso: Pueblo).
¿Te acuerdas, Sara, de aquella fuente de la plaza de los enamorados?
¿Cuál? ¿Aquella que quedaba en contra esquina de donde iniciaba el malecón?
Esa misma, No vas a creer que en la presidencia de Andrés Frisancho, como hace 8 años quiso restaurarla, jummm....pero mira no hicieron si no fue robarse la plata, según que el proyecto era de 2 millones de pesos y estos bandidos han es mandado a un albañil a taparle grietas, resanar y la pintaroooooon.......ya sabrás el escándalo, pero como siempre, ¡no pasa nada!!!!
Y así de ese vuelo eran las conversaciones tardeadas en la sala de aquella ancestral casa que antes fue de los padres de Jacinta, donde abriendo los ventanales hacia la calle y los del patio interior corría esa brisa leve y fresca que con él va y ven de los mecedores era sabroso pasar un brazo por sobre la cabeza y seguir en la chercha conversadora de esas tardes de risas, asombros, tristezas y hasta una que otra cerveza....¡al fin que a sus edades quien les iba a decir que!
Esas vacaciones de Sara ciertamente que le estaban dando un aire que hace muchos años, así como cosa perdida anhelaba, ya entrada en su sexto día, casi al corriente cada una de las vidas de las otras dos y en ese festejo pacífico y tranquilo a tres mecedoras era algo casi soñado para aquellas tres chiquillas de antaño, de repente a eso de las cinco y pico de la tarde, justo antes de que comenzara a pardear, se escucha un "toc toc" en la puerta principal, la cual fue oportunamente atendida por Magaly, la muchacha de crianza de Jacinta, y digo de crianza porque inicio sus labores domésticas con Jacinta hace apenas 47 años, donde al filo del cuchillo con el que cortaba las verduras de la comida a preparar cada día y al swing del trapeador, se vio florecer como mujer, encontrar marido, criar a sus dos retoños y a orgullo de ella y ni se diga de Jacinta, los graduó como profesionales, primeros en su familia, Rosita toda una doctora y Juan Gerardo todo un ingeniero de sistemas que hoy día a escasos años de terminar su carrera, se ha posicionado como uno de los ingenieros de mayor demanda, agradeciendo a su madre por lo responsable que lo forjo, porque su puntualidad y compromiso para con sus clientes le sigue abriendo puertas de par en par y aun ya teniendo la capacidad de jubilar a su mama y comprarle esa casa que siempre ha soñado para ella, no la ha podido convencer que ya deje el hogar de Jacinta, argumentando ella, que, que haría? y más preocupante aun que haría la patrona Jacinta, que a estas alturas eso de "patrona" se escucha más a hermana con todo el disimulo que la sociedad requiere.
Al abrir la puerta Magaly, se topa su mirada con un hombre alto de una elegancia y gallardía ya pasados de moda, porque la verdad sea dicha, esas vainas ya no se usan como antes. Aquel hombre vestía un traje blanco impecable, de manta, detallado con unos acentos sutiles y magistralmente colocados, como era el pañuelo tímidamente asomado en el bolsillo superior izquierdo del saco, un cinturón delgado, casi al borde de parecer que fuese de mujer, pero que a todas luces no se dudaba su hombría y aplomo, que a sus años, el que lo veía, solo podía pensar en lo bien llevado de esos años. Al escanear de pie a cabeza con sus ojos, Magaly se impacta por lo idéntico del color del pañuelo, cinto y zapatos, que eran de un color tierrelita, que es el color de un pájaro de las zonas tropicales de américa y que es un tono perfecto de café lechoso. Lo detallado y perfecto de su vestir era solo extensión de su cuidado personal, que con todo y lo cálido de las tierras veracruzanas, se veía tan fresco como una lechuga recién llegada a la zona refrigerada del supermercado, simplemente admirable.
Tras escaso minuto o tantito más, pasa Magaly a la sala y comunica a las tres señoras ahí sentadas, que se encontraba un caballero en la puerta preguntando por la Señora Sara, que para asombro compartido de las tres, delatado por sus ojos algo ampliados y las manos agarrando los brazos de esos mecedores, dice Sara:
"¿A mí? ¡Pero si no hay a quien yo le haya dicho que estoy aquí!.... No, no, eso ha de ser para ti Jaci, yo creo Magaly no entendió".
Entrando al quite Jacinta:
"¿Magaly estas segura?"
"Sí, claro (a modo de reclamo), el señor ha preguntado es por la señora Sara."
"¿Y quién es?" Replica Sara
La verdad no sé, cuando tuve la intención de preguntarle, el caballero sutilmente sobre puso su comentario de lo agradecido que estaba en atenderlo a manera de apresurarme, susurro Magaly. Tras un momento de silencio y en sincronía total las tres se levantaron y tras una breve mirada de las unas a las otras, como para ver si estaban bien vestidas y todo en su lugar, salieron rumbo a la puerta principal, Sara adelante, no como líder, si no como obligación, porque ese chicharrón era de ella y las otras dos más bien iban por el chisme, mismo que les comía en ansias.......
Al abrir la puerta, porque, como en todo pueblo chico, infierno grande, nadie permite el paso a su domicilio a nadie y mucho menos si es un hombre que quién sabe qué intenciones tenga al llegar a la casa de una viuda, que en el fondo y ojalá intenciones firmes y que la sociedad de alguna manera acepte. Observan en primer plano Sara y así como jardineras Jacinta e Inés atrás de ella, efectivamente ante ellas se encontraba un caballero relativamente de su generación, con una jerarquía y elegancia que superaba con creces lo esperado al abrir esa puerta. Más atrás y para sorpresa de Magaly, el distinguido caballero ahora tenía en sus manos una caja de color dorado con un moño y lazo del mismo color tierrelita de los accesorios de su vestimenta.
"Sara, tenga usted muy buenas tardes, Doña Jacinta, Señora Inés, ustedes igualmente", con una voz honda y fuerte, ¡dijo el señor!!
Acto seguido, Sara y las comadres contestaron muy formalmente "buenas tardes", Continuó Sara: "¿En qué puedo servirle?".
"¿No se acuerda usted de mí? Porque para serle sincero yo nunca la he olvidado" Al escuchar esto, Inés tenía los ojos chiquitos de placer y emoción, ella si reconoció quien era, a su vez Jacinta tenía los ojos despepitaos (ósea bien grandes) de la impresión...... y La vieja Sara pensando si este era Rafael Escalona que le venía a hacer una visita............ah no esto último es harina de otro costal jajajaja.....Y la vieja Sara entre apenada y desconcertada pues no lo ubicaba en sus archivos mentales. "Yo soy Ramiro Ignacio Solares Castillo y he tenido el privilegio de escuchar que ha venido usted después de tanto tiempo a visitar esta hermosa tierra que la vio nacer y que aunque usted no lo crea, no la ha olvidado pero si la ha extrañado mucho, sea usted bienvenida" dicho con una elocuencia y exactitud verbal envidiable por cualquier poeta de cualquier generación y disfrazando su sentir personal a través de toda la población de Veracruz.
Luego de un silencio algo exagerado, susurro Inés a Sara "si Sara es tu Ramiro", lo cual derivo en que Sara acelerara su reacción, mas por tapar la impertinencia que por seguir atendiendo al visitante, "Ah, ah, sí, si Ramiro, ha pasado mucho tiempo, dispense usted que no lo he reconocido".
"No dispensen ustedes por molestarlas en su convivio, pero al no tener conocimiento de cuándo partirá de regreso a su hogar, no quise perder más tiempo y peligrar en no alcanzar a saludarla y de la manera más atenta y humilde traerle un pequeño presente de bienvenida", extendiendo los brazos para entregárselo. Iniciando una leve, discreta, pero en adelante permanente sonrisa en el rostro de Ramiro. "Gracias, gracias, señor Ramiro, no era necesario, pero le agradecemos mucho por su gentileza", rebatió Sara. "A sus órdenes, Sara, pero por favor quítele eso de "señor" y dejémoslo en Ramiro como mínimo por esa amistad de hace tantos años", iniciando el segundo round de silencio mínimo, pero excesivo.
La sagaz de Jacinta, sin saber o por lo menos consultar una mirada de Sara, de esa que solo se entienden las mujeres, expresó: "Si, gracias, Ramiro, pero pase usted, si es tan amable y nos acompaña y merienda con nosotras". "Mil gracias Jacinta, es usted muy amable, si Sara no tiene objeción será todo un gusto acompañarlas" replico Ramiro.
Antes de que pudiera Sara decir algo y ya viéndosele una expresión algo emocionada por reconciliar esos archivos mentales con el presente instante de volver a tenerlo frente a ella, aparecía como quien dice la cereza del pastel de lo que era su visita a su tierra natal. Brinca Inés a la conversación y dice "claro que no, como crees Ramiro, estamos muy gustosas de volver a verte y que nos acompañes, pásale, pásale".
Luego de entrar a la sala, se sentaron a tener cordial platica, de esas que se comienza a aperturar el gusto de volverte a ver en lo que se van cerrando todas las defensas de incertidumbre, desconfianza y precaución, al romper en carcajadas que los remontaban a esa juvenil época de inocencia y florecimiento, fueron muy gratos y olvidados momentos que cada uno recordaba y traía a la mesa, porque no solo era recordar cada evento y situación que vivieron, si no lo mas fantástico era ver como cada uno lo recordaba de manera diferente, acentuando unos el recuerdo en ciertas cosas y el otro en otras cosas y así, era impresionante y de hacer reír como cada uno aportaba a mágica tarde-noche de conversación, que cuando vinieron a ver, Inés se daba cuenta que ya pasaban de las 10 y ni siquiera le había dejado el plato de cena listo al gran hijueputa......perdón amado de José Elías, por lo que de manera afanosa se despidió y retiro a su hogar, con ni cinco de ganas de irse, sea dicha la verdad, pero ya los años de saber cómo es que le entra el agua al coco en los pueblos amados de Veracruz, tocaba irse y se fue. Ciertamente había sido una jornada larga que de haber estado solas las tres, hubiese terminado por ahí de las 8 de la noche. Jacinta ya comenzaba a bostezar y sin más futuro para ella en esta visita, decidió disculparse de la reunión argumentando tener que ver algunos detalles del hogar con Magaly y coordinar lo que sería el desayuno.
Al quedar solos en la sala, con todo el debido respeto y distancia, la conversación se volvió más íntima para ambos ponerse al tanto de que había sido de sus vidas más personales y conocer de primera mano que sucedió después de tan abrupta separación. Sara le platico de su familia, con enfoque mayor y de orgullo de los hijos que tenía y los logros de cada uno. Dejando de manera curiosa un poco en la oscuridad lo que fue su matrimonio, intuyendo Ramiro que no era de lo que quería conversar así no más y él tampoco era lo que quería escuchar, Ramiro de igual manera le conto de que había hecho en tantos años, hablo del orgullo de ser padre en tres ocasiones, la primera con una dama capitalina con la cual procreo a Ramiro junior, quien hoy en día estaba al mando de los negocios que hace ya tantos años logro forjar Don Ramiro y hablo de sus retoños menores, una parejita que distaban 1 año y 3 meses el uno del otro, quienes también ya eran profesionales de provecho. Curiosamente, Sara notó que el enfoque de parte de Ramiro también era en torno a sus hijos y le parecía bien, puesto que no quería preguntar, pa´ que tampoco le preguntara nada que podía ser incómodo de hablar.
Pues ya pasando de las once de la noche, la conversación seguía entre ellos y con lo elocuente y propio de Ramiro en expresarse, abrió un paréntesis en tan ecuánimes conversaciones y le deja caer a Sara todo el peso de su sentir y pensar........"Sara, yo quiero que sepas, que me siento un hombre realizado en los negocios, en la vida cotidiana y a mis años, pero te soy sincero, con el mayor y más profundo respeto que te mereces, pero para mí, tú has sido el amor de mi vida, si, seguimos cada uno adelante en nuestras vidas, tuvimos nuestras familias, en mi caso de verdad lo intente con la madre de Ramiro Junior, pero comprendimos que no éramos el indicado para el otro y tempranamente partimos caminos, luego de unos años, mas a conveniencia y satisfacciones de acuerdo mutuo, donde partiendo de la claridad de cómo son las cosas, he convivido muchos años con la madre de Sarita y Ovidio, mis hijos menores".
"¡Sarita!" pensó Sara, e interrumpió la elocuente descarga de vida de Ramiro, "¿Cómo se llama tu señora?" el, la mira algo serio, pero con un indicio de felicidad y nervio y contesto, "Rosa Elizabeth" Esos ojos de Sara se dilataron tanto de impresión buena como mala, es decir por un lado, lo correcto en ella le pasaba un pensamiento rápido que más o menos diría así "mucho hijo de su chingada madre, este bato, poniéndole el nombre de su ex a una hija de su presente mujer" y su reciente conexión con su pasado juvenil, le dictaba este otro comentario mental "haaaaay ternurita, la nombraste así por mí, chiquito hermoso!!!" Por lo que se conmovía Sara hasta la médula de sus entrañas. "Qué lindo pelao, a pesar de tanto año, ¡él todavía me quiere a mí!!!!" le vibraba la emoción de su sentir.
Ramiro prosiguió explicándole, porque era de vital importancia para él, que Sara entendiera con exactitud su sentimiento y sentido en relación a ella. "Mira Sara, no pretendo la verdad más que tu amistad, pero han sido muchos años de recordarte, de llevarte presente y sentirte motor de mi andar, por eso al segundo que escuche que estabas aquí, se estremeció en mi todo, quitando toda capa por leve o profunda que tuviese sobre mis sentimientos y urgía el poder verte y por lo menos para mí mismo, dejarte saber que aún es igual de fuerte a aquellos años mozos que hace años de mis hombros cayeron, pero que en ti brillan como la primera vez en que mis retinas fueron grabadas con tu imagen.
Y juesuuuuuu, andaba inspirado el Ramiro, tirándola toda, ciertamente que era la realización de lo que tuvo que haber sido hace ya tantos años. Era impresionante la emoción que sentíamos y compartíamos la inmortal Hilda y yo, en lo que llevábamos a la vieja Sara del aeropuerto a la central de autobuses para culminar su regreso a casa, tiempo que se nos hizo eterno, de manera fantástica, porque era un cuento de hadas y princesas de época moderna a lo actual, éramos soñados, deseosos de agarrar un bus o avión, para ir a Veracruz, llevándola de regreso a Sara y ver de primer plano la continuación de ese reencuentro, porque sin comentarlo entre nosotros eso se sentía como que habíamos descubierto la fuente de la juventud y era tan vasta que alcanzaría para todos.
Sara, comenzó a reír, luego de ese último comentario de Ramiro, un poco sonrojada, un poco por pensar en que tal vez la vista al pobre de Ramiro no le alcanzaba y vivía del recuerdo, por que ciertamente los años no le habían pasado en vano y pues distaba de ser una adolecente en pleno florecer. "Ay Ramiro, que decirte......Gracias, por tenerme en tan bonito concepto, es un gusto verte de nuevo y sorprendentemente tener esta conversación contigo, si de amor se trata y a riesgo de sonar facilona, te confieso que en mi vida, amor, tiene nombre propio y es Ramiro, porque no conocí otro amor, excepto el de madre hacia mis hijos, pero ese es otro tipo de amor, que se tu sabes no es de lo que hablamos. Mis logros y éxitos en la vida han sido mis hijos, como mujer, aunque de alguna manera he llegado a ser una mujer realizada, considero que ha sido más por el tiempo y las circunstancias que por una realización de mi vida como tal. Agradezco tus palabras y comprendo lo importante que es para ti explicar que aunque tienes un hogar estable y bien llevado, no ha sido tu hogar y no por falta de tu señora pareja, si no tal vez por no ser esto." Con lágrimas rodando por los cachetes de ambos, continuo Sara "pero, porque siempre hemos encontrado un pero en nuestras vidas, ya no estamos en momentos de remediar las cartas que nos despachó la vida."
Ramiro, como muy pocas veces, atónito, sin saber que decir, se había imaginado un mil y tantas maneras más de como seria este reencuentro, pero ninguno tan especial y exacta como este, la perfección de una entrevista sin ensayo, misma que rebosaba de emoción, haciendo que Ramiro a un nivel por sobre la conciencia y experimentando la atracción de dos cuerpos, casi de manera desapercibida y en un ámbito espiritual de total conexión con Sara, se dan cuenta que aparte de sentirse conectados a ese nivel, ya estaban en el plano físico tomados de la mano, con una naturalidad, sentido de pertenencia y una fluidez de amor que no había barrera de la conciencia social que pudiera frenar. Había Ramiro encontrado la fórmula natural del viagra del alma, que a vivo sentir estaba en lo más elevado, vigoroso y fuerte que no había sentido desde aquellas tardes de encuentro en la plaza de los enamorados, donde el alma no era lo único que se sentía como en estos momentos y que de joven se incorpora un sistema de aire acondicionado al natural, ya que es inverosímil ver como a través del amor o mínimo la calentura juvenil unos se paran a los alrededores de las fuentes y monumentos de las plazas o parques a fundirse en un solo abrazo a casi 40 grados con un sol implacable a plena una de la tarde. Esas si son ganas carajooooo.
Replico Ramiro, "Sara, yo no he venido a buscarte para continuar aquello que de manera tan desconcertante se nos truncó en aquellos años, más bien el tan solo haber tenido esta oportunidad de platicar contigo, convivir un reencuentro con tintes de cerrar un circulo que hace tantos años quedo detenido y viendo un chispero, con tantas preguntas y vacío en el alma, ha llegado a cesar tantas incertidumbres, a tumbar suposiciones y lo más hermoso a certificar que efectivamente lo sentido y vivido por ambos si es real y contemplado por ambos." Esas manos apretaban fuerte la una a la otra, como recuperando años de caricias, abrazos y compañía. Reinaba la felicidad en ese par de almas tan sufridas y tristes por tal separación. Tenaz sentimiento que cimbra lo más profundo del ser. Para desbordar esa alegría al plano físico, desprende de Sara el siguiente comentario "hmmmmm, Y pensar que si nos hubieran dejado seguir, hasta ni hubiéramos durado más de un mes, pero como no fue así, míranos ahora" tras mirarse a los ojos fugazmente, rompieron en carcajadas rebosantes de amor, auto burla y desprendimiento sabroso, de ese que uno encuentra cuando todo encaja con una precisión y holgades exacta.
Así fue el inicio de un reencuentro, divino, deseado, que no espera más de lo que es, puesto que se tiene ya la experiencia de saber que tal vez sea lo único que será y por tal ha de ser aprovechado y apreciado al máximo como tal. La conversación ya en temas más livianos y amenos continuo hasta ya entrada la madrugada, sin soltarse de la mano, por el leve temor que al hacerlo acabaría el encanto vivido, era reponer años con cada hora que compartían y unas ganas las machas de no dejar que terminara. De repente en un leve silencio porque de una u otra manera ya el cansancio del día y el agotamiento emocional golpeaba los cuerpos de estos tortolos juveniles que aun hoy así se veían en sus retinas. Dijo Ramiro, "bueno mi Sara, creo me retiro, no con muchas ganas, pero si te prometo que de ninguna manera será este nuestro único tiempo" con una sonrisa amable Sara, acepto el comentario y contesto "Gracias por el presente, y por tan hermoso regalo que ha sido esta velada, espero verte pronto" y ambos sonrieron.
Sara acompaño a Ramiro a la puerta, justo antes de abrirla se tornaron de frente y Ramiro le dio un beso sutil, pero con enjundia en el cachete izquierdo, de esos como que conectan un sipote beso apasionado directo al alma, seguido de un fuerte abrazo en el que ambos se fundieron, este mismo, tierno, amoroso, sin pretensiones, pero que abordaba tanto que cada milésima de sus cuerpos participaba y ayudaba a apretar. Se abrió la puerta y así sin más ni más, porque si hubiera más, no se hubiera ido más nunca de ese portal, partió Ramiro a su casa.
Lelos, era lo mínimo que estaba tequilda.....perdón Hilda....(ah es que muchachita pa´ gustarle un tequila, brava pa´ la tomada, eso en un buen día de parranda, retira a más de un gallo de gallos en el ámbito de la tomada) y un servidor, soñados de tan hermoso reencuentro, este de tal calidad que hacia milagros, en lo poco o mucho que teníamos de conocer a Sara, sabíamos que era una mujer de pocas palabras, no que no conversara, pero para nosotros estar escuchando este cuento que te sumerge en tan majestuosa novela, es porque Sara estaba desbordante de sentimiento y vivencia y si al llegar a casa, esto no lo compartiría en familia, urgía liberarlo para evitar que le corroerá su interior en busca de cómo salir al mundo.
Así pues, continúo Sara, en sus vacaciones con Jacinta e Inés, quienes tuvieron la oportunidad de vivir unas vacaciones en su mismo pueblo, ya que en sus extendidas vacaciones, ya que aquella vista de unos 10 días, ¡termino por prolongarse un tantito arriba de 3 meses!!!! Y digo lo de las vacaciones en su pueblo de Jacinta e Inés, porque a partir del día siguiente de este reencuentro, no faltaba que tocaran a la puerta proveniente de diferentes restaurantes, puestos de fruta fresca y cualquier cantidad de antojo por satisfacer a Sara que convidara a las otras dos........bueno tres, porque hasta Magaly se daba su respectiva vacación, dificultando más la labor de su hijo de convencerla que se jubilara. Obvio justo detrás de cada desfile de platillos por el corredor de la entrada de la casa de Jacinta, le seguía la elegante presencia del excelentísimo Ramiro. Eso Almorzaban, comían y cenaban cuanto manjar local o lejano encontraba Ramiro a cinco estados a la redonda. No solo era el que deleitaban el paladar, eran los paseos cortos o largos, a los bosques, plazas, playas, ríos, lagos que a su edad pudieran disfrutar amenamente. Fue un jolgorio de alegría, acompañado de música de fondo, de los más ordinarios y jodidos músicos de pueblo, hasta mariachis de renombre estatal y una velada que atrajo a muchos a la plaza principal, puesto que Ramiro, logro obtener un concierto de la sinfónica juvenil de Veracruz para ellos cuatro, únicos sentados frente a estos talentosos jóvenes del único proyecto loable del gobernador en décadas, lo demás ya saben....puro robar. Eran detalles preciosos, sencillos, opulentos, estándares, algunos hasta malos, pero eran de ella, provenientes de él y eso era lo que contaba. Llevándose de encuentro de manera agradable a Jacinta e Inés. Épico era despertar cada día con la anticipación de que traerá este nuevo día, puesto que no había manera de que Ramiro les adelantara el más mínimo detalle.
Es así como a tres meses y pico del inicio de esas vacaciones tan diferentes y nunca imaginadas llegaban a su fin irremediable, con la promesa absoluta de Ramiro de venir a visitarla, a lo que Sara previno en decirle a Ramiro...."hablamos y vemos, ¡acuérdate que allá están mis hijos y no saben nada!" Cosa que con una sonrisa el buen Ramiro descarto.
Llegamos puntualmente los muy desocupados de Hilda María y este servidor para recoger a Sara al majestuoso aeropuerto de esta pujante ciudad y con toda la ingenuidad de que oídos tan castos como los nuestros fueran a convertirse en testigos, admiradores y portadores de tan maravillosa historia. Como les comentaba, el trayecto del aeropuerto a la central de autobuses fue el espacio y tiempo necesario para extasiarnos al límite con tanta belleza de cuento novelesco y supremamente romántico y platónico. Hubiera deseado que al llegar a la central, le hubiera hecho caso a la vieja Sara y no más la hubiéramos dejado en la entrada principal y eso hubiera sido eso, y en estos momentos estuviera concluyendo este escrito con la esperanza de haber podido transmitir todo ese sentir que vivimos Hilda y yo, un poco arrepentidos que fue a secas, porque con unos tequilas resbalando entre pecho y espalda hubiese continuado con un parrandon de gozo y celebración de por lo menos tres días. Pero no uno por anda con la pendejada de que a los amigos hay que cumplirle a cabalidad, ahí vamos a meternos al estacionamiento y a caminar con Sara hasta que compre su boleto y acompañarla a que espere la partida de su autobús, que después de un escaso viaje de 55 minutos la llevaría a la culminación de sus muy merecidas y necesarias vacaciones y al reencuentro con la familia.
Ahí estamos, ya con boleto en mano, sentados en espera de que transcurran los 25 minutos para la partida de su autobús y una sonrisa aun extasiada en mí y en Hildita, cuando a manera de hacer platica, pregunta Hildita..."y entonces, ¿cuándo piensa volver?". Con una placida sonrisa y la mirada perdiéndose a lo lejos, Sara tan solo se limitó a contestar, "hayyy, no sé, a ver cuándo..." Y por quien sabe que mala jugada del destino, en la poca o mucha conversación que continuo, en breve, era como ver, como se avecinaba a gran velocidad una mega tormenta de vientos fuertes, demasiados relámpagos, truenos y lluvia tempestuosa. De esas tormentas tan feas que sacan al niño que todos llevamos dentro y que tratando de disimular con tu estatura y porte de adulto, lo que estas es súper asustado o como diría Hilda "usted lo que esta es cagao".
Se suelta Sara con unas ráfagas mata pasión, que mirando atrás, eso era lo que realmente necesitaba desahogar para poder respirar profundo y seguir adelante en su camino, a corto plazo para regresar a casa y a largo plazo para que no la matara el mantener encerrada esa desdicha. ¡Carajoooo, ommmbe, por que no la dejamos en la puerta!, ese es a diario mi pensar......
"no yo con el no termine, a mí me prohibieron verlo y me encerraron en la casa, ni a mis primas o amigas me dejaban ver, poco tiempo después me mandaron para el norte de México y prácticamente me negociaron a un señor ya mucho mayor que yo, si era un hombre hecho y derecho, organizado en su vida profesional y financiera, no como un rey, pero que ciertamente no vivía mal, amigo de mi padre, quien pensaba que era un perfecto candidato para su hija, misma que al parecer era más una carga que el fruto de un amor entre padres. Trate de razonar con ellos, de revelarme, de que tomaran conciencia de lo que hacían, pero nada valía, mi padre frio y cerrado como congelador y mi madre, pinche madre, que nunca fue capaz de levantar la voz y expresar su sentir, todo lo contrario se concentraba era en doctrinarse como ley todo lo que dijera y decidiera el cabron de mi padre. Me drenaron, atormentaron ese poco tiempo con tratar de hacerme aceptar el destino que ellos tenían para mí que me debilite hasta el alma y como adormecida de ahí en adelante vine a parar a estos lares, para seguir encerrada, no solo por mi terrible depresión, si no por el cuidado de aquel hombre al que fui entregada......imagínate un viejo ya ante mis ojos, viendo a una joven apenas terminando de crecer en sus ojos, sin conocernos, sin saber de gustos y compatibilidades, ¡qué tal la receta para el desastre!..............." tras un breve silencio, porque, qué diablos dices, ni siquiera alcance a mirar a Hilda, cuando prosiguió....... "en breve, ya casada, eso era un disgusto del señor por esto y por aquello, era el entrenamiento de su sirvienta para los que haceres de la casa como él los quería, para en la noche llegar a dormir con ella, tratando de cambiar el humor y el ambiente tan pesado y agrio que dejaba desde las primeras horas del día cuando despertaba e iniciaban los reproches y descargas de su propia infelicidad hacia mí y su percepción de la mía. Vivimos cosas terribles, las mínimas o pocas veces que salíamos era solo para alimentar el celo, de que algún hombre, fuese amigo o colega de él y tuviera la más mínima e insignificante atención para con nosotros, porque entonces era que yo lo provocaba con alguna mirada, posición o al pararme de cierto modo; me hizo cabizbaja por lo que tarde años en poder conocer la ciudad en la que vivo, sus ataques de celo lo hicieron sastre, ah por qué bueno pa´ coser cortinas, no en confección, si no para que no las abriera mientras él me encerraba y se iba a trabajar todo el día. Luego, llegaron las agresiones físicas, porque las verbales prácticamente era lo cotidiano, cualquier disgusto del señor y vuelve y juego, era ensayo para boxeador, porque si se la regresaba era peor, madre santa algunas auténticas golpizas y al rato conversando como si fuera otra persona con la que se desahogaba. Así pasaron años de mal trato y entre uno que otro golpe pausaba del pecho hacia abajo y para fortuna mía y de mis hijos iban naciendo ellos, todos sanos bendito Dios, nueve en total, por otras razones, aún muy jóvenes perdimos dos. Pero lo que prevalecía eran sus arranques de celo y sus rabias por el más estúpido de los motivos. Ah y si acaso, pasaban más de una semana y media, ¡tenga!, no más por si acaso se le estaba escapando algo. En un sinfín de ocasiones pensé en envenenarlo, darle duro por la cabeza con una piedra mientras dormía, acuchillarlo con uno de mis cuchillos de cocina para que en su agonía muy corta por lo menos le dijera tantas cosas con todo mi ser............." Tomo unos segundos, para recuperar la compostura, ciertamente se fue descociendo en esa descarga de energía y sentimientos embotellados en su ser, añejándose a ningún buen propósito puesto que a pesar del tiempo, su sabor nunca dejaría de ser ácido y amargo. Y continuo "Pero no, tenía que velar por mis hijos y el quedarme sola, aparte del posible problema judicial en mi contra, era sentenciar a mis hijos a una vida sin solvencia en manos de terceros o a una pobreza aguda, puesto que no veía como pudiese sacarlos adelante en aquella época, entonces por ellos a mucho orgullo me aguante y aguante tanto para verlos florecer; muchas veces ya los más grandes se daban cuenta y me pedían que lo dejara, que por que aguantaba todo ese mal trato, pero proseguía yo era a calmarlos, buscar un sin fin de explicaciones para que no le odiaran y mucho menos lo quisieran enfrentar".
Que le decíamos, éramos dos caras largas, apabulladas uno a cada lado de la vieja Sara y así de reojo, la cara de ella más bien con un aire de alivio de haber podido soltar todo ese torbellino que llevaba dentro, mismo que estoy seguro de no haber vomitado en ese momento, creo hubiera quedado muerta en su asiento del autobús a su última parada, envenenada por tan alta sobredosis de esos tragos de amargo y acido licor que llevaba dentro. Por allá atrás en lo más bajo y posterior de mi cabeza, aun resonaba ese pensamiento "ommmmbe, por que no la dejamos en la puerta de la central" tan bien que íbamos, pero dicha sea la verdad, nos hubiéramos quedado viviendo y soñando en un espejismo de la vida. Encontrando confort en recordar y volver a pensar en lo hermoso, aventurero y platónico de su cuento vacacional. Mostrándome que todo ciclo en esta vida tiene un inicio y un fin, justo donde este mismo inicio.
Afortunadamente, volaron esos 25 minutos y despedimos a doña Sara, camino al autobús, dándole un par de abrazos apapachadores de un servidor y de Hilda, que afortunadamente le permitieron llegar con bien a su destino final. Salimos de la central y nos subimos al carro, tras un suspiro mutuo, dije "¡qué tal ah!" tremenda película, nos subió arribototota de una nube de ensueño y después nos tiro al fondo de un pantano de melancolía y terror". A lo que Hilda atino a contestar "oiga si, y todo esto a palo seco, mano, mínimo ocupábamos un tequilita" a lo que replique "pues Hildita, vamos a echárnoslo" y así, sin más partimos del estacionamiento a regresar a nuestro camino normal de un día X como cualquier otro entre semana.
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