Llegó el canto del silencio
adornado de mágicos sueños,
donde dibuje tus huellas con aprecio
ante estos ojos risueños.
Tú figura es bañado con fragancia,
hechizando a mis labios con ternura,
donde el amor canta con elegancia
sobre aquella arena de dulzura.
Bailaste como las hojas del campo
al ritmo del romántico piano,
quién cantaba en esta noche de verano
al ver a esos pequeños hipocampos.
Que noche de verano disfrutamos
al bailar sobre la arena de dulzura,
donde dibujé nuestras huellas que dejamos,
como un recuerdo de ternura.
Llegó el canto de la mañana
y el sol iluminó nuestra cama,
donde los sueños entran por la persiana
para amar a esta preciosa dama.
Mingo Pérez/El sembrador de versos
Oaxaca, México.
Derechos Reservados de Autor.
2026
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