El mundo sigue ahí, con sus luces y sus heridas. No era la vida tan gris, eran tus ojos llenos de sombras.
A veces, sanar es dejar de pelear con el ayer. Soltar lo que te rompe y volver a sentir.
Porque cuando el alma despierta, hasta el silencio tiene belleza. Y descubres, al fin, que aún hay mucho por vivir.
La vida no siempre cambia; a veces, cambias tú y comienzas a verla como siempre debiste.
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