Lectura

Fura Furiosa

Por Grace Anastasia · Chile · Realismo

Fura Furiosa
Después de Malú pensé que mi corazón ya estaba completo. Pero la vida, a veces, tiene la costumbre de poner en nuestro camino a quienes más nos necesitan, incluso cuando creemos no tener espacio para nadie más.
Así llegó Fura.
Fue mi pololo quien la encontró en Temuco, cerca de la casa de su mamá. Estaba tiradita en la calle, sola, muy pequeña y descuidada. Su pancita estaba hinchada por los parásitos y su pelaje, sucio y enredado, hablaba de días difíciles. Era tan diminuta que cabía entre las manos, y tan frágil que parecía que un viento fuerte podría llevársela.
La recogimos con la intención de darle una oportunidad y luego encontrarle una familia. Esa siempre fue la idea. Ya teníamos a Malú y sabíamos que dos perritas serían una gran responsabilidad.
Pero los planes del corazón rara vez obedecen a la razón.
Un tiempo después fuimos al mismo campo donde años atrás había aparecido Malú. Un lugar lleno de recuerdos hermosos, aunque aquella vez estuvo a punto de convertirse en una tragedia.
Fura, curiosa y valiente, se acercó demasiado al río. Era pequeña y no midió el peligro. En un instante, la corriente la arrastró.
Todo ocurrió muy rápido.
Mi pololo se lanzó al agua desesperado para salvarla. El miedo nos paralizó. Entre piedras, corrientes y nervios, logró rescatarla, pero el accidente tuvo consecuencias: Fura se fracturó una de sus patitas.
Fueron días terribles.
La vimos llorar, sufrir y enfrentar un dolor demasiado grande para un cuerpo tan pequeño. Nosotros sufrimos con ella. Pero también descubrimos algo hermoso: había personas que nos querían y estaban dispuestas a ayudarnos. Gracias a ese apoyo pudimos costear su operación, sus vacunas y todo el tratamiento que necesitaba para recuperarse.
Y Fura hizo lo que mejor sabe hacer:
Luchar.
Porque aunque su cuerpo era pequeño, su carácter siempre fue enorme.
Se recuperó, volvió a correr y a llenar la casa de travesuras. Es una perrita alegre, inquieta, con una personalidad tan fuerte que a veces pareciera que no conoce límites. Se porta mal, hace de las suyas y tiene la extraordinaria capacidad de convertir cualquier día común en una aventura.
Le pusimos Fura sin conocer realmente el significado de su nombre.
Tiempo después descubrimos que significa "indomable".
Y no pudimos evitar sonreír.
Porque no existe una palabra que la describa mejor.
Fura es indomable: sobrevivió al abandono, venció el dolor y creció sin perder jamás su espíritu libre. Es pequeña de tamaño, pero inmensa de carácter.
Y aunque llegó a nuestra vida como un rescate temporal, terminó convirtiéndose en una parte irremplazable de nuestra familia.
Porque algunas almas llegan para quedarse, aun cuando al principio no estaba en los planes.

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Comentarios

Claudio Carrasco

Linda historia, saludos

Malan

Relato precioso, emotivo y muy bien escrito, ¡buen trabajo!