No recordó en ese instante si cuando caminó por la calle había observado otra vez ese indeseable espectáculo que dejó una escupida inmensa, amarillenta y verdosa sobre la calle gris. Ni tampoco aquel almuerzo del cual había huido luego de que Albertito, hijo travieso de su amigo, vomitara sobre la fuente de tallarines de la que deseaba servirse un plato más. Ni la información del asesinato de los jóvenes que intentaron el amor en el parque.
No recordó nada. Solo buscó con su mano en el interior del bolsillo derecho. Tocó con sus dedos una ficha de teléfono y algo de pelusa.
Palmeó desesperado los otros bolsillos. Buscó su billetera. Pensó...
... tomó las llaves. Introdujo una en la cerradura. Abrió. Adentro, se sentó en el sillón. Después, casi sin darse cuenta encendió la televisión.
En la pantalla un hombre escupía sobre una calle gris.
Valoración: 0.0/5 (0 votos)
Comentarios
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.