Yo era un gran tirador de precisión: a 50, 100 y 250 metros ponía los 20 disparos en el círculo que ocupa un plato de postre, una precisión propia de un asesino tirador de élite. ¿Y qué? Ahora tengo que ponerme gafas para cerca, gafas para lejos y para distancias intermedias. No sé qué hacer.
Andamos por el mundo acomodándonos a las circunstancias, que son mutantes y tienen poco sentido las más de las veces. De este modo, los once primeros meses del año tendrían algo de razonables si no existiera el duodécimo, como tampoco tendría sentido tener armas sin munición o cañones sin agujero por donde salga el misil o como se llame lo que sale por ahí.
No entiendo qué hago yo contándote todo esto a ti, que eres antimilitarista y nunca has disparado un fusil, lo cual es evidente porque eres una gata.
Me voy a callar.
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