Lectura

A TRAVÉS DE LA VENTANA

Por Antonio Rolando Arenas · Argentina · Otros

Golpeó la puerta con el hacha en la mano el municipal, no el hachador de Altos Limpios. Habían pasado horas, horas de espera, horas de incertidumbre, hasta que decidí hablar con la cuadrilla de obreros que con una moto sierra desramaban un árbol en la esquina de Paso de los Andes y Pedro J. Godoy.

Golpeó la puerta con el hacha en la mano el municipal que traía alrededor de su cuerpo dos juegos de soga. Abrí la puerta para que el obrero dejara sus elementos, luego volvería casi al inicio de la tarde, casi sin siesta, después de las 12, a comenzar la faena: Derribar el viejo olmo, ya olvidado, ya triste, aún de pie; viejo, terco, obstinado...

Habían pasado horas, horas de espera, horas de incertidumbre, hasta que el obrero golpeó la puerta. Firme, decidido, se dirigió hacia el árbol. Levantó la vista. Bueno..., dijo. Y el viejo olmo comenzó a agitar sus largas ramas enfurecidas que propinaron un castigo diluviano y violento como si un espíritu enajenado lo hubiese defendido.

Corrió... Cerré la puerta. La casa gimió.

Golpeó la puerta con el hacha en la mano... No pudo. Una creciente inesperada de agua y barro lo arrastró. Mi sonrisa ingenua a través de la ventana pareció despedirlo.

Al dejar de llover observé entre el barro una mano empuñar un hacha desde allí, desde el hueco profundo que dejó en la tierra el viejo olmo.

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