-- ¡Blasfema! -le grita.
-- ¿Qué pasa, Padre? -responde ella.
-- ¡Profana! ¿Qué no has leído el libro de Corintios? ¿No sabés que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Escucha bien: es templo del Espíritu Santo.
La chica, con una amplia sonrisa en sus labios, pero sin faltarle el respeto, le contesta.
-- Ya lo sé, Padre: mi cuerpo es templo del Espíritu Santo. Mi cuerpo es un templo.
-- Y entonces, ¿por andas mostrándolo todo?
-- Eso es, Padre. El templo debe estar bien ventilado. Debe tener puertas y ventanas abiertas, y, si es posible, sin cortinas. Si entra el sol y el aire, dentro del templo no se generan bacterias y hongos. Y sin hongos y sin baterías no habrá malos olores. Yo cuido el templo, Padre.
-- Eres una pervertida.
-- No Padre. Solo soy una mujer que cuida el templo.
Nota de Don Bértigo: ¿Qué opinas de esa mujer? ¿Te sacó alguna risita esta ficción? Si te gustó este microrrelato, dale al corazón (?), deja un comentario y compártelo con un amigo.
Valoración: 0.0/5 (0 votos)
Comentarios
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.