Lectura

UNA MUJER CONSAGRADA

Por Don Bértigo · El Salvador · Humor

UNA MUJER CONSAGRADA
Desde el campanario en donde conversaba con su sacristán, el sacerdote ve a una mujer, en diminuto traje de baño, caminando como si nada por el parque, a la vista de todo mundo. Alarmado por lo que para él era un escándalo imperdonable, el sacerdote baja precipitadamente la escalara del campanario y va a enfrentar a la chica.

-- ¡Blasfema! -le grita.

-- ¿Qué pasa, Padre? -responde ella.

-- ¡Profana! ¿Qué no has leído el libro de Corintios? ¿No sabés que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Escucha bien: es templo del Espíritu Santo.

La chica, con una amplia sonrisa en sus labios, pero sin faltarle el respeto, le contesta.

-- Ya lo sé, Padre: mi cuerpo es templo del Espíritu Santo. Mi cuerpo es un templo.

-- Y entonces, ¿por andas mostrándolo todo?

-- Eso es, Padre. El templo debe estar bien ventilado. Debe tener puertas y ventanas abiertas, y, si es posible, sin cortinas. Si entra el sol y el aire, dentro del templo no se generan bacterias y hongos. Y sin hongos y sin baterías no habrá malos olores. Yo cuido el templo, Padre.
-- Eres una pervertida.

-- No Padre. Solo soy una mujer que cuida el templo.


Nota de Don Bértigo: ¿Qué opinas de esa mujer? ¿Te sacó alguna risita esta ficción? Si te gustó este microrrelato, dale al corazón (?), deja un comentario y compártelo con un amigo.

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