Lectura

EPIFANÍA

Por Panfilo Garcia · México · Ciencia Ficción

EPIFANÍA
Son las cinco de la mañana y se encienden las luces en la casa de Tony.
Es lunes; primer día de semana laboral.
Tony es almacenista en una fábrica manufacturera de vidrio recién instalada en la ciudad. Es un complejo industrial enorme. Tiene que caminar cinco minutos desde vigilancia, donde checa su tarjeta de asistencia, hasta el almacén, su lugar de trabajo.
Vive con su esposa Sara y su pequeño niño "Tony", que apenas tiene tres años. Sara está en la cocina preparando el almuerzo que su esposo ha de llevar al trabajo. La fábrica aún no cuenta con comedor y cada trabajador ha de procurar su propio almuerzo.
Debe salir de casa a las seis de la mañana, porque la hora de entrar al trabajo es a las siete y la salida a las cuatro de la tarde. Tiene que abordar dos camiones: uno lo lleva a la ciudad y otro a la zona industrial donde está la fábrica.
Por ahora no tiene automóvil y siempre anda de prisa para llegar a tiempo.
Ya tienen un pequeño ahorro y su meta es adquirir un cochecito que les haría aprovechar más el tiempo considerablemente. Pero siendo realistas, lo que ahorran es muy poco. Los gastos en la casa se llevan casi todo lo que gana y por ahora, no hay forma de poder adquirir un auto.
-Date prisa, amor -le apresura Sara-. No se te olvide la chamarra, amaneció nublado el día. Te puse la pastilla para la garganta...¡no se te olvide tomarla!
Esta es la rutina diaria de la familia al despuntar el alba: despertar, mojarse un poco el pelo, tomar su almuerzo y salir a la carretera a esperar el camión.
El sábado, sale del trabajo a la una de la tarde. En algunas ocasiones, "Sarita", como de cariño le dice Tony, va a esperarlo a la salida de la fábrica, para ir por ahí a comer algo o, simplemente...caminar abrazados y confesar mutuamente el amor que se tienen.
Ese día Tony cobra su sueldo y tiene por costumbre pasar a una agencia de pronósticos deportivos a comprar un boleto para el sorteo que se efectuará por la noche; es una rutina que tiene cada fin de semana al salir del trabajo: viene haciendo esto desde antes de casarse. En cada boleto que compra deposita la esperanza y la fe que podría cambiar su destino y dar a su familia una mejor vida.
Los domingos después de desayunar salen contentos y se van por ahí: ya sea a la alameda, a tomar un helado, echar un vistazo a alguna tienda..., o simplemente caminar sin rumbo, abrazados y contentos. Pasadas las cuatro de la tarde abordan su camión y retornan a casa cargando algunas chucherías que han comprado para el pequeño Tony.
Hoy es viernes. Sarita va a ver a su mamá, porque está un poco delicada de salud. Se va con el pequeño y regresa por la tarde cuando Tony regrese de trabajar.
En la fábrica son las once de la mañana. Están levantando el inventario mensual y Tony está llevando y trayendo mercancías en un diablito, para contabilizar todas las existencias del almacén.
Adentro el ambiente es intimidante. Se escucha a lo lejos el rugir de los hornos que, como si fueran un dragón, vomitan fuego día y noche sin parar un solo instante. Esos grandes hornos están encendidos los 365 días del año. ¡No pueden apagarse, pues perderían temperatura, y esto en fundición no es nada bueno!
Lleva en el diablito un pesado tambo de pintura de 200 litros. Busca un lugar donde descargarlo y lo avienta, con tan mala fortuna que el diablito rebota y le pega en la frente ocasionando una herida de consideración.
Con urgencia, sus compañeros y alguien de seguridad e higiene lo llevan a la enfermería, donde lavan y suturan la herida.
El doctor Miranda le expide una receta médica y le da incapacidad por dos días. Esto quiere decir que se presentará a trabajar hasta el próximo lunes. Se despide del supervisor, con quien lleva una buena relación, y se dirige a los vestidores a cambiarse de ropa y checar su salida de la planta.
-¿Qué pasó, Tony? -le pregunta Lencho, el vigilante, sorprendido por el vendaje que llevaba en la frente.
-Me di un trancazo con el diablito, amigo -respondió Tony-. Me dieron incapacidad...hasta el lunes me presento. Nos vemos, Lencho, que tengas un excelente fin de semana.
Sale de la planta con el cuerpo adolorido, un poco de fiebre y un gran parche en la frente.
Aborda el camión que lo lleva a la ciudad y se baja para esperar el siguiente que lo llevará a casa.
Se dirige a la agencia de pronósticos deportivos, que está en la esquina de la calle. Elige sus números, paga y recibe un boleto para participar en aquel sorteo.
Más tarde, ya está en casa. Es temprano y Sarita aún no regresa de la visita a su mamá.
Se quitó la chamarra y sacó el boleto de pronósticos. Lo puso en la mesa del comedor y se quedó mirándolo unos segundos. Sintió un extraño malestar: era como si de repente aquel boleto emitiera una luz que le cegaba los ojos y un repentino mareo lo hizo tambalearse.-Debe ser la fiebre- pensó.
Fue a la cama, se tiró sin quitarse la ropa y poco a poco se fue durmiendo.
No supo cuánto tiempo estuvo en ese estado letárgico. Cuando despertó, Sarita estaba observándolo con extrañeza.
-¿Te sientes bien, Tony? Te veo un poco demacrado.
Tony miró con sorpresa a su alrededor. No reconocía esta casa. Era más grande y muy lujosa. Lento, caminó hacia una ventana y vio un lindo jardín, muy bien cuidado y lleno de flores.
-¿Dónde estamos? Le preguntó a Sarita.
-En la casa, Tony, ¿cómo que dónde estamos? ¿Estás bien? -volvió a preguntar ella, visiblemente molesta.
Tony no entendía absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo. Esa no era su casa. Sarita estaba vestida de forma muy fina y elegante y le respondía con voz áspera y altanera.
-¡Mira Tony! Otra vez está estacionada enfrente esa camioneta de ayer. Tengo mucho miedo Tony. Llama nuevamente a la policía.
"¿Nuevamente? -pensó Tony-. No recuerdo haberles llamado...estoy volviéndome loco", -Esto era un verdadero Galimatías.
Caminó y vio a través de la ventana una camioneta negra con vidrios polarizados estacionada en la acera de enfrente.
"¿Qué tiene de malo esa camioneta? ¿Por qué Sarita está tan asustada? -pensó Tony". Todos estos pensamientos revoloteaban en su cabeza. ¿Por qué estoy en esta casa tan lujosa que no es la mía? Sarita se comportaba de una forma fría y altanera. No era la mujer que él conocía.
Pero lo más importante, ¿Dónde está su bebé, el pequeño Tony?
-Los gritos de Sara lo alarmaron aún más: -Todo esto es tu maldita culpa, Tony. -Si yo hubiera cobrado el premio, nada de esto habría pasado. ¡Me tienes harta! Te volviste un paranoico desquiciado; con todo te asustas: que si nos siguen, que si nos están observando. Ya no podemos salir de casa para nada. ¿De qué nos sirve tener tanto dinero, si no podemos disfrutarlo? Ya hablé con mi abogado. Dice que por ley me toca la mitad de todo cuanto tenemos. Por eso te quité al bebé; está mucho mejor allá con mi mamá. Mañana te traigo los documentos del divorcio, quiero que los firmes y cada quien por su lado. ¡Esto se acabó! -Aquello era demasiado para la resistencia física de Tony. ¡Estaba en el infierno!
Se recostó en la cama y no supo más de nada.
-¡Tony, Tony, mi amor! ¿Qué te pasó? -decía Sarita asustada por ver a su marido con ese vendaje-. ¿Por qué estás en casa tan temprano? Tony trató lentamente de ponerse en pie. Se dirigió a la mesa, tomó el boleto de pronósticos y frente a Sarita lo rompió en mil pedazos.
-¡No quiero dinero, Sarita! He comprendido que el verdadero tesoro es tenerte a ti y a mi bebé. Así, aun con algunas carencias...todos somos hermanos a los ojos de Dios...algunos más afortunados, claro. pero no cambiaré a mi familia ni por toda la riqueza del mundo. Porque ninguna riqueza es mayor que una familia. ¡Te amo, Sarita! -Sara no entendía nada, pero con ternura abrazó a Tony contra su pecho.
No hizo más preguntas; comprendió que su amado esposo había tenido una horrible pesadilla.

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Comentarios

Rey Neira Bustamante Admin

?«Buen cuento. El final inesperado y la vuelta de tuerca de la vida lo hacen interesante. No sé si yo rompería el boleto, pero está muy bueno...»

Panfilo Garcia

Muchísimas gracias, Rey:
Valoro mucho tu comentario.