Lectura

Por los años que me quedan

Por Claudio Carrasco · Ecuador · Realismo

Por los años que me quedan
Anoche estuve pensando mucho en mi vida.
Quizás gracias a un amigo muy querido que me ha enseñado el valor de compartir experiencias y recuerdos.
Mientras escuchaba la música que ha acompañado mis días desde los años 80 y 90, comprendí que escribir de nuestras vivencias es una de las terapias más sanas que existen.

Hoy soy un hombre solo, pero profundamente feliz. Sé que para muchas personas esa elección resulta difícil de entender. Siempre parece existir la necesidad de asociar la felicidad con estar acompañado sentimentalmente, como si la vida estuviera incompleta de otra manera. Más de una vez he escuchado frases como: "¿Cómo vas a estar solo?" o "Todavía puedes rehacer tu vida". Sin embargo, pocas personas se detienen a pensar que quizás ya encontré la vida que quiero vivir.

No logro entender por qué siempre intentan involucrarte con alguien, como si ese fuera el único camino hacia la plenitud. La vida es mucho más amplia que una relación de pareja. Con los años he comprendido que muchas relaciones giran principalmente en torno a la necesidad afectiva o sexual, y cuando uno no siente esa necesidad de la misma forma, parece convertirse en un personaje extraño para los demás.

Pero yo soy feliz. Feliz recordando todo lo que he vivido, todo lo que he aprendido y todo lo que he logrado. Tengo la fortuna de haber formado una familia maravillosa. Mis tres hijos son mi mayor orgullo y mi mayor riqueza. Ellos son mi familia, y para mí eso basta. Eso llena mi corazón.

También he entendido que siempre tuve algo de ermitaño. Por eso elegí vivir donde vivo, en la tranquilidad de un campo, lejos del ruido y cerca de la paz que tanto busqué durante años. No fue casualidad; fue una elección consciente.

Hoy, a mis 62 años, puedo decir que soy feliz en mi mundo. No soy mejor ni peor que nadie. Simplemente encontré aquello que muchas personas pasan la vida buscando: la paz conmigo mismo.

Y cuando llega la noche, acompañado por una vieja canción y mis recuerdos, confirmo una vez más que no me falta nada. Porque la verdadera felicidad no siempre consiste en encontrar a alguien; a veces consiste en encontrarse a uno mismo.

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