Lectura

Once Guerreros

Por Hugonote · Canada · Histórico

Once Guerreros
Nota al posible lector: Dudé mucho en incluir este relato sobre Aragca, porque parece no pertenecer a la realidad histórica que todos hemos venido conociendo; quizás se trate de un relato escrito por algún aragquita a manera de cuento o novela, es bastante apócrifo y contiene demasiados visos de fantasía como para ser real. Definitivamente no pertenece al Cánon. El autor es al momento desconocido.

Los últimos Reyes de Aragca, aunque no habían sido malos, tampoco fueron los mejores. Se había disfrutado de paz y prosperidad, pero en Europa se estaba renaciendo, España aún deseaba recuperar las tierras aragqueñas, a las que ellos llamaban "Nueva Andalucía". El Rey era viejo, estaba pronto a morir y con ello también morían antiguas alianzas y pactos; el Príncipe aún era chico y el pueblo se sentía indeciso y sin esperanza. Era de esperarse que alguno de los Regentes se hiciera a cargo del poder, como algunas veces ya había ocurrido en el pasado. Louis de Bergeron estaba a cargo de la Tercera Regencia al sudeste del reino, que era uno de los territorios más vastos y agrestes de Aragca; las tribus indígenas de la Tercera eran en su mayoría nómadas y de pocos integrantes, no eran mayor problema para la expansión del Reino y en general siempre se había tenido trato amistoso con ellos. Gabriel Savenes, José Rodríguez Callón y Belisario de Borbón eran los otros tres regentes, señores poderosos y dueños de los ejércitos de Aragca. Todos tres consideraban que su momento había llegado.

Cuentan los historiadores que en aquellos días de la Tercera circulaba entre los pobladores una leyenda nativa que contaba acerca de la "Gente Vieja"; es decir, antes de los tiempos había existido un imperio muy poderoso, pero que con el correr del tiempo habían desaparecido sus pobladores, quedando en lo profundo de la selva una ciudad abandonada plena de riquezas y secretos misteriosos.

A la muerte del Rey, las intrigas de la corte española no se hicieron esperar: enviaron capitanes y embajadores para rendir, según ellos, "el saludo" de la Corona Española a su nueva majestad de Aragca. Los nobles españoles pronto se pusieron en contacto con los Regentes; con lisonjas, alguno que otro presente y promesas de tierras y poder, querían tenerlos como aliados de una futura invasión.

Pasado cierto tiempo (dos o tres años a lo más), la armada española ganaba la costa aragqueña: 400 naves repletas de los soldados más viciosos y sanguinarios (piratas y mercenarios) llegaban de España bajo el mando de Alejandro Murillo de Trafalgar, General y Almirante de Su Majestad el Rey de España.

Murillo atacó y Siquem cayó. Borbón de inmediato se unió a Murillo; las otras Regencias se mantuvieron fieles a Aragca defendiendo al pequeño Rey y refugiándose en la Nueva Jerusalén. Los Regentes combatieron fieramente para defender a la familia real aragqueña, logrando sendas victorias y casi rechazando a Murillo hasta sus barcos. Fue en ese momento cuando los regentes Savenes y Rodríguez capturan al pequeño Rey para entregárselo como trofeo a Murillo.

La única esperanza de Aragca estaba en Louis de Bergeron.

Murillo públicamente ejecutó al Rey de Aragca y declaró traidor a Bergeron. Murillo y los tres Regentes se unieron en un gran ejército para atrapar y asesinar a Bergeron. Pero Bergeron a su vez contaba con el respaldo no solo de los aragqueños, sino de los nativos que habitaban estas tierras desde antes de que el hijo de Belén se levantara. Sabían que si Bergeron caía, ellos también pasarían a sufrir los horrores de sus hermanos del Perú y México. Entre los aliados indígenas de Bergeron se recuerda con especial atención a la india Madpue, cacica (jefe) del pueblo Chibpac.

Durante tres años, Bergeron, los aragqueños de la Tercera y los indígenas resistieron a Murillo y a los Regentes; pero Caledonia, la capital de la Regencia, fue sitiada y, aunque se combatió con honor, Murillo logra el total dominio de la "Nueva Andalucía". Como consecuencia del "Sitio de Caledonia", Bergeron y sus hombres tuvieron que huir en desbandada a la selva, inexplorada y peligrosa, aunque también se sabe que algunos tenientes y capitanes de Bergeron a su vez se unieron a Murillo.

Durante las persecuciones posteriores al "Sitio de Caledonia", Bergeron progresivamente se fue quedando solo, herido y proscrito.

La india Madpue
Contaba Bergeron entre sus sirvientes a un indiecito del pueblo Chibpac, llamado Guillermo en lengua cristiana, pero al que todos le decían Cacamto ("Camac Top" en lengua Chibpac). Fue este el único que se quedó al lado de su Señor.

Herido y solo como estaba Bergeron en medio de la selva, Cacamto se dio a la tarea de esconder y proteger a su Señor: déjole escondido en un lugar secreto, y el buen Cacamto fue a buscar la ayuda de la única persona capaz de ayudar: la Cacica Madpue.

Recogieron y acogieron los Chibpac a don Louis, manteniéndolo escondido de los españoles (en especial de Murillo) y de los Regentes (que a esta hora eran ya solo dos, porque sin saberse cómo, de Borbón apareció asesinado en su lecho).

Bergeron vivió algún tiempo recuperándose y aprendiendo los usos y costumbres de esta buena gente hasta casi volverse indistinguible de los nativos. Incluso habíase acostumbrado a esta nueva vida sencilla y alejada de la guerra y las intrigas, pero en su corazón aún estaba viva la semilla de la justicia y la razón.

Vaya uno a saber si existía una relación de amor entre la india Madpue y Bergeron, pero sabedora ella del acontecer del espíritu de Bergeron, propuso ante los dignatarios de la tribu la consideración de ayudar al Regente.

El Consejo de Altos de la tribu sabía que Bergeron podría serles de extrema utilidad si querían seguir existiendo tal como lo hacían sus antepasados: el enemigo español era una bestia salvaje y hambrienta, deseosa de dar muerte y esclavitud a todo aquel que fuera autóctono del Nuevo Mundo.

En el consejo de ancianos, uno de los que estaba allí recordó la leyenda de los "Once Guerreros", en la que se decía que los habitantes de "La Ciudad Perdida" habían elegido un Rey que, para ayudarse a gobernar y con ciertas artes de brujería, había creado un ejército de Guerreros Perfectos; gracias a ellos logró construir el imperio conocido como el de los Nathcaz. Pero temiendo el Emperador que luego los guerreros se volvieran en contra de él, los traicionó y, por las mismas artes de magia y extraños sortilegios, los había convertido en los guardianes durmientes de su ciudad, quizás para utilizarlos en un futuro. Desde aquel día jamás se volvió a saber que los "Once" hubiesen vuelto a la vida.

Bergeron se encontraba turbado, no podía dar crédito a esas leyendas absurdas, pero en su corazón sabía que no tenía alternativa.

Cuando estuvo preparado, la misma india Madpue se encargó de revelarle el lugar en donde se encontraba TeuxPichu, la ciudad perdida de los Antiguos (esto es, el pueblo Nathcaz).

La leyenda decía que solo aquel con un corazón puro podría despertar a los "Once Guerreros".

Arribaron pues Bergeron y Madpue a esta legendaria ciudad que los aragqueños de aquel entonces suponían tan solo como mera superstición de los indígenas. Parecía un lugar creado para gigantes: templos con columnas de más de 30 metros, pirámides altas como rascacielos... En verdad que esta ciudad sí parece construida por extraterrestres o Atlantes.

En el corazón de TeuxPichu se hallaba el palacio de los emperadores. Parecióle curioso a Bergeron que tan solo hubiese algunas estatuas que rodeaban el palacio; supuso que eran los recuerdos de Emperadores ya caídos o quizás alguna clase de dioses. Lo que más llamaba la atención era el estado de conservación en el que se encontraban, pues ni el hollín ni el sarro les habían hecho mella. Cada una medía unos 3 o 4 metros de alto y eran estatuas de bella ejecución, muy diferentes al grosero arte que abundaba en la ciudad (según el criterio de Bergeron); eran las únicas con forma humana.

-Estás ante los Once Guerreros -le informó Madpue.

Las estatuas eran soberbias, gigantes armados literalmente hasta los dientes, pero aun así, Bergeron sintió pena. ¿Cómo estas estatuas podrían ayudarle?

-Solo aquel con un corazón puro podría despertar a los "Once Guerreros" -le susurró al oído Madpue.

Entrando al Palacio de los emperadores, Madpue explicó a Bergeron que entre los Chibpac era costumbre beber el "agua de la Madre Tierra" cuando se quería obtener la respuesta de los dioses. Si en verdad Bergeron quería ayudar y si lograba el favor de los dioses, ellos mismos le revelarían cómo despertar a los "Once Guerreros".

En lo oscuro de la noche, Madpue hizo el ritual para que Bergeron pudiera entrar en la Madre Tierra e interrogar a los dioses. Tomó Bergeron el extraño bebedizo y al instante entróle un profundo sueño.

Bergeron en trance llegó ante los Dioses de los Chibpac, que en cierta forma son los mismos dioses de los Nathcaz y pues los mismos dioses de todo ser humano o criatura viviente de este planeta. Tan solo escuchó sus voces: "Tienes que ofrecernos Sangre Real".

Al despertar Bergeron, le reveló a Madpue que él sabía cómo despertar a los Once: se necesitaba un sacrificio humano. Tenía que ofrecer la sangre de la misma Madpue a los Dioses.

No sé si por superstición o por amor, la bella Madpue se entregó para salvar no solo a su gente, sino a toda Aragca.

En un altar que no había sido usado en siglos, Bergeron procedió a dar muerte a Madpue para alimentar con sangre a los Dioses. Del altar salían canales finísimos que repartieron la sangre de Madpue hacia cada una de las estatuas de los Once Guerreros. Al sentir el precioso líquido, las estatuas despertaron.

Nota al lector: En este punto finaliza abruptamente el relato, no pudiendo encontrar yo referencias históricas precisas o confiables a esta parte de la historia de Aragca; a saber, tan solo existen fragmentos. Por ejemplo: Murillo gobernó Aragca por 10 años y luego volvió a España; murió de viejo, rico, ilustre y rodeado de una familia que lo adoraba, tal como lo relata la misma Real Academia de la Historia Española en sus tratados sobre las Indias Occidentales. No he hallado referencias de los otros Regentes. Aunque es curioso que después de Murillo vuelve a quedar restablecido el Reino de Aragca como independiente de España. Es más, hoy en día aquellos científicos que han estudiado cuidadosamente las ruinas de TeuxPichu jamás han encontrado ninguna referencia a los "Once Guerreros", ni entre las leyendas Chibpac se encuentra referencia alguna a un amorío con extranjero o al sacrificio de la Cacica Madpue, creyendo por tanto que el relato no puede ser verídico.

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