Lectura

En busca de la mujer

Por Wilermi Jance · Chile · Historia real

En busca de la mujer
En busca de la mujer.
Dedicado a la mujer que se apaga en su esencia, a la que no se ha descubierto, a la que sigue creyendo que su sombra es mala, sin saber que debe integrarla a su luz, para impactarse a sí misma y al universo.

Aquella mañana antes de irse a trabajar, el padre de sus hijos, de quien se había separado hacía cinco años, llegó a buscar a los niños para llevarlos al colegio.
La rutina de cada mañana era el acostumbrado saludo de buenos días y alguna que otra indicación escolar nueva que ameritaba intercambiar más palabras que las necesarias.
Pero aquella mañana, no sólo no saludó con los buenos días rutinarios, sino que se despidió con acento grave, y una frase inédita, la cual ella jamás pensó escucharla de parte de él, quién siempre le huyó a la comunicación, y a todo vestigio de diálogo entre ambos, nunca fue posible, ya que él consideraba la comunicación como una perdida de tiempo.
Su despedida fue con la inédita frase: En la noche hablamos, aquella frase parecía una especie de sentencia en como sonaba, y en como se sentía, sus ojos estaban desorbitantes, y ella reconoció en esa mirada, las mismas miradas inquisitivas de sus seres más queridos y cercanos, como su papá, su abuela y su tía paterna quienes la habían criado desde el control, haciéndola sentirse culpable e insuficiente para todo.
La frase engatilló en ella recuerdos de patrones antiguos, que por más que había trabajado para desentrañarlos de su vida, aún quedaban sedimentos registrados en su cuerpo, sobre todo, en su plexo solar, esa sensación de querer huir en lo que presentía u olía peligro. Observó esos traumas antiguos y de inmediato los reconoció, agradeció casi de forma instantánea el poder verlos, y aunque su plexo solar se contrajo al revivir el patrón antiguo, no le dio poder al miedo dejando que su mente creara hipótesis sobre el tema que abordaría con ella quien habría sido su esposo, y aún por una extraña razón se creía con derecho sobre ellas.

Pudo ver que ese creerse con derecho de controlarla que le expresaba su ex marido se lo seguía concediendo ella misma a través de sus miedos, era cierto estaba separada hacía cinco años, pero a nivel espiritual seguían existiendo contratos invisibles a los cuales no siempre podía acceder, de hay la importancia de mantenerse en tiempo presente, en el aquí, y en el ahora... era una frase trillada en el ruido de su mente, y con la que podía calmar a esa niña herida que aún seguía reclamando autonomía.

Durante el día, el trauma registrado en el chacra de su poder, su plexo solar, se contraía al recordar la sentencia: Esta noche hablamos. Pero corregía a su mente y alineaba su plexo con la mente. La contracción en la boca de su estómago, era como una especie de miedo antiguo que la sobresaltaba tanto que la incitaba a correr en busca de una cueva para protegerse.
Entendía que en esa cueva ancestral estaban las murallas de su coraje y de su autonomía, debía volver allá y salir más austera, más valiente, más suspicaz, sabía que le faltaba algo para ser la mujer, pero no cualquier mujer, ser la mujer que había venido a ser. Y dejar de darle importancia a todo aquello que le restaba poder podría ser el inicio de aquello que tanto anhelaba: integrase en su luz, pero también en su oscuridad.
Lo anhelaba tanto, que empezaba a ponerlo en práctica, y se sentía incomodo, pero liberador. pronto se vio viviendo su día como si nada, con un pasmoso desinterés que no le importaba para nada lo que él le diría por la noche, y más novedoso aún, no le importaba sentir ese desinterés, recordó la cara de Emma Bovary al ver sus ojos más abiertos y brillantes después de su primera infidelidad, ¡gloriosa Emma!, el pecado no estaba en el engaño sino en haber dejado de sernos fieles a nosotras mismas, en tapar la oscuridad aparentado ser sólo luz. Apariencias, sólo apariencias, sólo la más profunda oscuridad puede dar vida a una luz trascendental y que ilumine los confines de nuestro ser.

echó al olvido aquella frase: ¡En la noche hablamos! Diciéndose en sus adentros: En 17 años de matrimonio este hombre siempre le huyó al dialogo, nunca quiso ver el potencial que ella sí veía en él, y siguió conduciéndose a la miseria. Ahora después de cinco años separados, quería conversar, ella presentía sobre qué quería conversar. ¡Pobre hombre! se dijo en sus adentros, recordando a Fermina Daza (personaje principal del Amor en los tiempos de Cólera de Gabriel García Màrquez) diciendo la misma frase, nunca imaginó que aquellas mujeres de la literatura, serían sus heroínas en la emancipación de su alma.
Había salido un par de veces con un hombre que le atraía mucho, y su ex marido ya lo sabía, percibió a la culpa haciendo su entrada fulminante, pero esta vez no le permitiría quemar todo a su paso, la invitó a sentarse con ella y que juntas abrazarán el miedo, su culpa y su ser se entrelazaron y atravesaron juntas el miedo.

Enseñó a la culpa a cuestionarse, le preguntó: ¿Por qué he de sentirme culpable? ¿Acaso no soy una mujer libre?, ¿Acaso no soy una mujer leal a mí? Este es mi cuerpo, yo tengo autoridad y dominio sobre él. Aquella frase hizo que la culpa huyera, pues se quedó sin el dominio del cuerpo, que es donde se aloja, en la fascia, en la piel, adquiriendo múltiples formas: hombros encorvados, cansancio, pesadez, fatiga, y entre otras formas de vibrar bajo.
La culpa se fue, y su corazón se expandió en busca de la mujer, sola con su corazón recordó las meditaciones de joe despensa y Bred Garden que tienen como propósito alinear el corazón con la mente, las buscó en you tube y meditó, como una señal expansiva de amor propio y de que se abría a recibir, pero recibir qué? A recibirse a ella misma, sintió tanto éxtasis que su cuerpo vibraba de placer, en ese querer unirse a ella, a la mujer, a la que había venido a ser.

Por primera vez tenía la certeza que había venido a ser más de lo que aparentaba para el mundo, lo presentía, y olvidaba la idea con el correr de los días, pero esta vez fue diferente una fuerza salvaje ancestral galopaba en su vientre era el tiempo para encarnarse en la mujer, pero no en la que conocían sus hijos, ni en el medio laboral que era donde más permanecía, en esa mujer que la confrontaba con su oscuridad que la incomodaba, pero que no se daba por vencido en su magnetismo oscuro de lograr el cometido de ser lo que había venido a ser: loca, alegra, feliz, alocada, dramática, sensible, colérica, salvaje, fuerte.

Era incomodo vivir con esa mujer en el cuerpo, acostumbrada a vivir en la apariencia durante más de cuarenta años, lo poco que quedaba de su fachada social permanecía callada, callada ante el mundo. Un Mundo cada vez más desconectado de sus verdaderos propósitos, callada ante el chisme, desentendida de la polémica, y de temas estresantes como la política y la religión, estos dos últimos los peores, les tenia especial aberración.

La fachada social se asomaba, se presentaba, pero la mujer salvaje respiraba y cada vez se expandía más en la zona que más ama del cuerpo: el vientre, en un galopar salvaje que la llevaba a ser creativa, salvaje, estructurada. Centrada.
Así de centrada en toda su energía oscura, y totalmente desvinculada de ese lado luz de niña buena que por casi 46 años había sostenido, llegó la noche, y llegó su ex marido, dio vueltas por la casa antes de pedir conversar, ella se hizo la desentendida, pero no porque no quisiera hablar o por el temor, era porque le daba igual hablar o no hablar.

Sin embargo," el pobre hombre" se acercó, y le recordó que había pedido hablar con ella.
-Sí dime.
Contestó aquella mujer poseída por las fuerzas salvajes de la autonomía y el amor propio, recordó un audio de afirmaciones positivas para activar a la diosa afrodita recitado por victoria Jensen (Canal de You tube, Diosa interior) recordó dos frases particulares del audio:
-No siento miedo
-No tengo vergüenza.
-Soy una mujer es-pec-ta-cular... se lo dijo mentalmente para que todas sus neuronas y células lo escucharán y se activarán.
Se dispuso a escucharlo atentamente, con esa atención del imputado cuando sabe que va a ganar el juicio,
Él preguntó ¿Quién es Ernesto? (así no se llamaba él hombre con quien había salido, pero consideraré este nombre porque el segundo nombre de mi padre era Ernesto y porque recordé aquella obra de teatro de óscar Wilde "La importancia de llamarse Ernesto", no diré como se llamaba para mantener la privacidad del hombre.
Ella respondió sin culpa y sin miedo: -Es un amigo
- ¿Un amigo con el que ya te acostaste? preguntó él-
-Si, un amigo con el que ya me acosté porque soy la dueña de mi cuerpo y soy una mujer libre.
Fin del cuento el ex marido se retiró del escenario tal como se retiró la culpa, porque en el cuerpo había altivez, autonomía, amor propio, y ganas profundas de vivir, de galopar como yegua salvaje en sus amoríos y en sus creaciones, después de todo, era libre, libre como yegua en la sabana.

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Comentarios

Wilermi Jance

"En busca de la mujer" es un cuento para la mujer que siente culpa de ser ella, esa que se separó pero que las labores domésticas le consumen los días, mietras el ex hace su vida sin remordimiento, no es para odiar al ex, es para emanciparse, para declararse tal y como es una, espero lo disfrutes, y por supuesto, tus comentarios. De antemano, muchas gracias. Con cariño, Wilermi.

Wilermi Jance

"En busca de la mujer" es un cuento para la mujer que siente culpa de ser ella, esa que se separó pero que las labores domésticas le consumen los días, mietras el ex hace su vida sin remordimiento, no es para odiar al ex, es para emanciparse, para declararse tal y como es una, espero lo disfrutes, y por supuesto, tus comentarios. De antemano, muchas gracias. Con cariño, Wilermi.

Wilermi Jance

"En busca de la mujer" es un cuento para la mujer que siente culpa de ser ella, esa que se separó pero que las labores domésticas le consumen los días, mietras el ex hace su vida sin remordimiento, no es para odiar al ex, es para emanciparse, para declararse tal y como es una, espero lo disfrutes, y por supuesto, tus comentarios. De antemano, muchas gracias. Con cariño, Wilermi.