-Tengo que encontrarla.- Gemía una y otra vez, mientras abría y cerraba las puertas del armario.
De repente, una mujer morena entró en la habitación y corrió hacía ella.
- ¡Por fin, aquí estás!.- Le gritó angustiada.
Su amada hija la abrazó tiernamente, y susurrándole una dulce melodía la recostó en la cama. Con las manos entrelazadas fuertemente, la anciana de pelo cano la miró una y otra vez, y como todas las noches le volvió a preguntar; - Señora, ¿Quién es usted?.-
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