Lectura

Diego y Juan, una Vida, Una Amistad Eterna

Por Lord Markus · Chile · No Ficción

Diego y Juan, una Vida, Una Amistad Eterna
Diego: creo que ya es suficiente.
Juan: ¿Tu crees?
Diego: mírame, y mírate tu mismo, llevamos un largo rato pelando, dándonos golpes sin piedad, apenas estamos en pié.
Juan: tienes razón, y ni siquiera recuerdo el motivo de esta pelea.
Diego: nos cruzamos, botaste mi chocolate y yo bote tu bebida.
Juan: entonces ya estábamos a mano antes de pelar jajajaj.
Ambos personajes rieron de buena gana.
Juan: Soy Juan Martínez (le estira su mano en saludo)
Diego: Me llamo Diego Flores, mucho gusto (le da la mano). ¿Vamos por una cerveza?
Juan: me parece bien, aunque así como estamos no nos vemos muy bien que digamos.
Diego: son detalles amigo, vamos.
Juan: vamos.
Ambos personajes se dirigen a un local para beber un par de cervezas. Así comienza la amistad entre ellos dos, una forma bastante peculiar y que quedaría grabada en sus memorias como una divertida anécdota. Está amistad se volvió tan fuerte y honesta con el tiempo, que llegaron a considerarse hermanos, al punto que cualquier problema que se metiera uno, el otro le apañaba sin dudarlo, aunque les costará una golpiza a ambos, no es que buscaran los problemas a propósito, pero siempre surgía uno y allí siempre estaban enfrentándolo juntos. Cuando uno tenía algún problema personal o familiar, el otro ponía su hombro y le ayudaba a salir adelante, desde aquel día después de la pelea, no existió en el mundo otro amigo tan cercano como ellos dos. El tiempo fue avanzando, ambos formaron su propia familia, y allí seguían con su amistad, juntas entre familias, cumpleaños de hijos, etc. Año tras año, década tras década.
Ya eran abuelos cuando surgió una posibilidad de hacer una locura en conjunto, no deseaban sentirse acabados, ya bordeaban los 70 años y querían hacer una última tontera como amigos y decidieron ir de viaje y de fiesta para sentirse jóvenes otra vez... A esta edad ya no podrían defenderse ni a si mismos, así que en ese viaje sin darse cuenta, 2 nietos de cada uno de ellos les siguieron. El destino era Iquique, en Chile, ellos vivían en el sur de Chile. Viajaron en verano, para ver el carnaval, y toda las maravillas que ofrece Iquique en verano. Una noche se fueron de salida hacia una fiesta multitudinaria, muchas mujeres jóvenes, algo de alcohol, tenían viagra en sus bolsillos, hiban dispuestos a pasarla bien. Pero como era costumbre desde sus mejores años, los problemas no tardaron en aparecer. Quisieron dárselas de galanes con dos mujeres que bordeaban los 40 años, sin darse cuenta que ambas mujeres estaban con sus maridos, esto derivó en una pelea de la cual no saldrían victoriosos. Juan fue el primero en lanzar un golpe, dejando ensangrentada la nariz de su contrincante que era unos 30 años más joven que él, pero este reaccionó sin importar la edad y le propinó un golpe devuelta en la mejilla dejándolo en el suelo, por su parte, Diego también recibió un buen golpe, ante esto los nietos de ellos se metieron a defenderlos dejando bien golpeados a los maridos que defendían a sus mujeres. Llegó la policía al lugar y fueron todos detenidos. En la comisaría Juan y Diego, algo molestos, le preguntaron a sus nietos que hacían allí, ellos contestaron que sabían que terminarían metiéndose en problemas, y que no tenían edad para enfrentarlos solos. Ambos amigos se miraron y terminaron encontrando la razón a sus nietos. El viaje terminó antes de lo previsto después del problema que habían ocasionado. Al año siguiente, un día conversando recordaron aquella pelea mientras bebían una copa de vino, se sentían orgullosos de la vida que tuvieron, de sus hijos y veían con orgullo a sus nietos, pero de entre ellos,veían con algo de preocupación a los cuatro nietos mayores, se veían reflejados en ellos, ambos tenían más de 5 nietos, pero también ambos tenían a 2 nietos que eran muy parecidos a ellos y se llevaban muy bien entre ellos, y sabían que ellos también habían participado de problemas similares. Al final de cuentas, lo único que le pedían al cielo, es que ninguno caminara por el mundo de las drogas.
Años después, ya con 80 años en el cuerpo, solo querían partir en paz, casi 60 años de amistad iniciada tras una pelea a golpes, eran viejos felices, duros, hicieron en conjunto lo que quisieron, pero sus cuerpos les pasaba una factura bastante abultada. Ya el ocaso se acercaba, Diego estaba en un hospital, Juan lo visitaba todos los días llevado en una silla de ruedas. Tras un par de semanas hospitalizado, fue dado de alta para morir en su casa rodeado de sus seres queridos, no había más que se pudiera hacer, solo esperar el fin. Ambas familias estaban juntas en este proceso, Juan no dejo nunca solo a su gran amigo, al punto que se quedaba a dormir en una habitación continua a la de Diego. Una tarde, Juan estaba sentado al lado de Diego y éste le dice con voz débil:
Diego: Juan, mi viejo amigo.
Juan: vieja será tu abuela viejo gruñón.
Ambos rieron.
Diego: Amigo, dame tu mano. Ya es el momento de irme.
Juan: no digas eso viejo, aún puedes recuperarte, todos esperamos eso.
Diego: yo también querría, pero, solo estamos gastando aire en este mundo.
Juan: tal vez tengas razón, pero aquí estamos.
Diego: te quiero amigo, eres más que un hermano.
Juan: yo también te quiero de la misma manera viejo zorro.
Diego: nos vemos del otro lado, de seguro encontraremos la forma de divertirnos.
Juan: aún crees que irás al cielo viejo pecador jajajaj
Diego: jajajaja, pues tarea de Dios.
Juan: no será lo mismo sin ti los días que me queden amigo, espero partir pronto también.
Diego: yo mismo vendré a buscarte amigo.
La noche paso sin mayores reportes, pero a la mañana siguiente, siendo las 10:26 AM, Diego dió su último respiro y se durmió para siempre. Juan quedó devastado, su viejo amigo de tantas aventuras había partido, aunque le consolaba el hecho de que partió en paz, su tristeza era muy profunda. Después de unas semanas del funeral de Diego, Juan fue llevado a petición de Él a visitar la tumba de su amigo, le habló, le dejo flores y pidió un momento a solas en la tumba:
Juan: mi querido viejo amigo, siento una gran pena por tu ausencia, desearía en este momento partir también, ya estoy cansado de depender de una silla de ruedas, aunque no puedo ser mal agradecido, tanto mi familia como la tuya han estado pendientes de mi salud, tus nietos son muy cariñosos conmigo y siempre me piden que les cuente sobre las tonterías que hacíamos juntos, eso me da algo de ánimo, pero te extraño, ven pronto por mi amigo. Te quiero.
Juan es llevado de vuelta a su hogar. Un mes después, el viejo Juan es llevado de urgencia al hospital, su corazón estaba débil, su respiración era escasa, los médicos dijeron que ya no quedaba mucho tiempo, pero Juan no quería partir en la cama de un hospital, sabiendo su destino, quería que ese momento fuera en su hogar, con sus seres queridos y la familia de Diego que siempre estaban pendientes de Juan.
Una mañana, siendo las 08:15 de la mañana, Juan despertó sobresaltado, miro hacia la puerta y vio a Diego parado allí, pero no le veía viejo, le veía como le conoció, jóven, con una sonrisa amable.
Juan: Diego, amigo, viniste por mi.
Sus hijos escucharon esa frase. Uno dijo: mi papá está viendo al tío Diego en su habitación. Todos acudieron al lugar, también algunos hijos de Diego. Todos le vieron su cara sonreír, todos comprendieron que era el fin.
Juan vio a su amigo tenderle la mano y Juan dijo: estoy listo, vamos. Cerró sus ojos y partió en paz diciendo: los amo a todos. Y así el Viejo Juan, partió al sueño eterno.
Ambos amigos quedaron enterrados uno al lado del otro, era la voluntad que ambos habían expresado en vida, juntos como hermanos incluso en la muerte. Ambas familias siguieron el legado de amistad entre familias, incluso, después de 3 años de la partida de Juan, una de sus nietas se casó y tuvo hijos con un nieto de Diego, ahora las familias también estarían unidas no solo por la amistad surgida de Juan y Diego, si no también por volverse familia tras un matrimonio.
Solo Dios sabe que fue de ambos amigos después de la muerte.

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