—Ahora tú estás en mi lugar.
El otro hombre esbozó una sonrisa siniestra, levantó el pulgar sobre un botón rojo y lo apretó.
El comedor de Leotardo, las luces, el sonido y el aire, todo desapareció de repente y quedó el vacío. Leotardo comprendió entonces que ya no estaba viendo una película: él se había convertido en la película.
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