¿Cuánto de lo que llamamos verdad es descubrimiento, y cuánto es espejo?
Podría decirse que la verdad tiene, al menos, dos dimensiones.
Por un lado, está el descubrimiento. Hay realidades que existen independientemente de nosotros. La lluvia cae aunque nadie la mire; un hecho acontece aunque nadie lo recuerde; una estrella explota en una galaxia lejana aunque ningún ser humano llegue a saberlo. En este sentido, la verdad es algo que encontramos. La descubrimos.
Por otro lado, está el espejo. Nunca accedemos a la realidad de manera completamente desnuda. La interpretamos desde nuestra historia, nuestras heridas, nuestros deseos y nuestros miedos. Muchas veces, aquello que llamamos "verdad" dice tanto de nosotros como de aquello que observamos.
Por eso, dos personas pueden contemplar el mismo hecho y extraer verdades diferentes. No necesariamente porque una mienta y la otra no, sino porque cada una mira desde un espejo distinto.
Quizá la sabiduría consista en dar cabida a ambas cosas a la vez: buscar honestamente aquello que está ahí afuera y, al mismo tiempo, desconfiar de la parte de nosotros que se refleja en ello.
Podría resumirse así:
La verdad es, en parte, el mundo revelándose ante nosotros y, en parte, nosotros revelándonos ante el mundo.
Porque cada vez que decimos "esto es verdad", también estamos diciendo, aunque sea en silencio: "así es como yo lo veo".
La verdad no es solo el mundo que vemos, sino también los lentes con los que aprendimos a mirarlo.
Emilio Soto Espíndola
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