Señora:
No busco su perdón.
Solo quiero que sepa que lo vi todo. Que lo supe todo. Y que me estoy muriendo con cada uno de sus dolores.
[...]
Yo fui la otra.
La que esperaba sus llamadas en hoteles baratos.
La que celebraba cuando usted se iba de viaje.
La que usaba su ropa cuando usted no estaba.
La que dormía en su cama.
[...]
Él me contaba que usted lloraba a escondidas.
Que se encerraba en el baño para que los niños no la oyeran.
Que se miraba al espejo preguntándose qué hacía mal.
Él se reía de eso.
Y yo me reía con él.
Hoy no me río.
[...]
Sus hijos.
Ellos preguntaban por qué papá no cenaba con ellos.
Por qué llegaba tarde.
Por qué usted tenía los ojos rojos.
Una vez, el más pequeño le dijo a su padre: "papi, no te vayas más".
Él lo apartó como quien aparta una mosca.
Yo estaba en el coche. Lo vi.
No hice nada. Solo le pedí que se diera prisa.
Esa imagen me persigue.
[...]
Usted se fue. Hizo bien.
Yo me quedé. Creí que él cambiaría.
Que conmigo sería diferente.
Me puse su anillo. Dormí en su cama. Cociné para él.
Y él me dio la muerte.
[...]
Ahora lloro en una cama de hospital.
Con suero en las venas.
Con el espejo del frente mostrándome un cadáver que aún respira.
No tengo hijos.
No tengo dibujos en la nevera.
Solo tengo este virus y este arrepentimiento.
[...]
Él nunca dejó de ser infiel. Ni con usted ni conmigo.
Una noche lo seguí.
Salió diciendo que iba a la farmacia.
Se encontró con otra.
La besó en la boca como me besaba a mí.
No le dije nada.
Me volví a casa.
Al día siguiente fingí que no sabía nada.
[...]
Ahora él también está enfermo.
Se contagió de otra. O de varias.
Me da igual.
Pero usted, señora, usted salió limpia.
Sin el virus. Sin él.
Huyó a tiempo.
Yo no.
[...]
Si pudiera devolverle los años que le robé, lo haría.
Si pudiera abrazar a sus hijos y pedirles perdón, lo haría.
Pero ya es tarde.
[...]
Cada vez que toso, pienso en usted.
En sus lágrimas.
En sus hijos.
En la familia que rompí.
Usted fue buena. Yo no.
[...]
No le pido perdón.
Solo quiero que sepa que antes de morir pensé en usted.
Y me arrepiento.
Adiós, señora. Usted sí puede seguir.
?
La carta llegó un martes. La esposa la leyó mientras sus hijos estaban en la escuela. Lloró. Pero no por la amante. Lloró por ella misma. Por los años que no volverán.
Guardó la carta en un cajón.
Él murió un año después. Solo. La esposa no fue al funeral.
La amante murió antes. Sin nadie. Sin hijos. Sin bata en la puerta.
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