Si me tienes que reñir, hazlo cuando se hayan ido las visitas y donde no lo oiga mi novia, que me da un apuro tremendo. Desde que me operaron del epiplón ya no conservo la misma fortaleza física ni moral para plantarle cara al lucero del alba; mucho menos al eclipse de sol, que con el panorama de humo que tenemos a la vista, tampoco es que lo vayamos a ver.
Mi compañero de pupitre, Romualdo, que es de Peñíscola, tiene una tía cuya ventana del comedor da al "Roncador", una atracción de la naturaleza de lo más particular: un agujero digno de ver que bufa agua y le deja los cristales hechos un asco. Aun así, ella presume de vista y suele convidar a horchata y buñuelos a todo el que va a visitarla.
A Romualdo, sin embargo, no le concedieron el don de la paciencia, y por su culpa estamos ahora en el cuartelillo prestando declaración. Todo porque le ha asestado un viaje a un guardia retirado que se dedicaba a ensalzar las virtudes de "La Paca" -que es como él llama a Franco-.
Suelto todas estas cosas de diversa índole y calado solo porque intentaba recordar el nombre de la tía de Romualdo, un nombre que no tiene desperdicio... ¡Ya me he acordado! ¡Ya he dado con él!: Tránsito, le cayeron a la pobre. Aunque no te creas que es la única; forma parte de un impecable palmarés de impresentables: Socorro, Angustias, Dolores, Nepomucena...
Hay que tener malas entrañas para bautizar así a personitas recién nacidas. Yo no sería capaz... ni aunque todo esto fuera verdad.
B.M.
blaimoles.blogspot.com
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