Ella nació con un volcán.
Durante años creyó que aquello era un castigo. Vivía intentando vigilar el humo, temiendo cada pequeño temblor, preguntándose cuánto faltaba para la siguiente erupción.
Lo extraño era que nadie más parecía verla venir. Desde afuera, la montaña seguía siendo una montaña. Solo ella conocía el rumor que crecía bajo la tierra.
Había días en que una sola palabra bastaba para despertar las profundidades. Otras veces era un silencio demasiado largo.
Entonces el fuego comenzaba a buscar un camino, impaciente, convencido de que salir era la única forma de existir.
Cuando la lava encontraba una grieta, todo quedaba en calma por un momento.
Pero las cenizas tardaban mucho más en caer.
Así aprendió que una erupción nunca terminaba cuando el fuego se apagaba.
Mucho tiempo después conoció a un viejo caminante que, para su sorpresa, decidió subir la montaña en lugar de rodearla.
Ella le preguntó si no le asustaba el volcán.
Él sonrió.
—No le temo al fuego. Le temo a las montañas que creen que solo sirven para incendiar.
Aquellas palabras quedaron haciendo eco durante mucho tiempo.
Desde entonces comenzó a recorrer sus propios senderos. Descubrió grietas antiguas, piedras calientes que llevaban años guardando calor y rincones donde incluso ella se sorprendió al encontrar pequeñas flores creciendo entre la roca.
Comprendió que el volcán no despertaba porque sí.
Siempre intentaba decir algo.
Y, poco a poco, aprendió a escucharlo antes de que necesitara gritar.
Las erupciones no desaparecieron.
Pero ya no veía cada temblor como el principio del fin.
Porque había descubierto un secreto que nadie le enseñó de niña:
Los volcanes también crean tierra fértil.
A veces destruyen.
Pero también transforman.
Y quizá el verdadero aprendizaje no consistía en apagar el fuego, sino en conocerlo lo suficiente para que dejara de ser un extraño.
Entonces comprendió que nunca había estado luchando contra el volcán.
Había estado intentando volver a casa.
Y, por primera vez, el fuego dejó de sentirse como una condena.
Hermoso, eres tu, tu esencia, herencia de tu padre, que cre y confia en todo lo que haces...