Lectura

Solón

Por José-Blas Molés Miró · España · Fantasía

Cuando un enemigo no es de calidad, no merece la pena responder a sus provocaciones ni a sus desplantes sin sentido: carece de argumentos y desconoce en profundidad las leyes que se barajan para sostener cualquier postura. Nada sabe con rigor y, sin embargo, se cree en posesión de la verdad absoluta, guiado por la envidia y el encono porque en su día no se le hizo un favor que daba por seguro.
Se le podría contestar y desmontar su argumentación, pero sencillamente no vale la pena. El tiempo dejará claro que esa enemistad estaba abocada al fracaso por su parte.

Cuando Solón -uno de los Siete Sabios de Grecia y arconte de Atenas en el 594 a. C.- fue llevado ante el tribunal por un enemigo menor con una acusación anómala, lejos de defenderse, se presentó acompañado de un burro para que ejerciera su defensa, dando a entender que con aquel animal bastaba para ganar al litigante.
En un principio, Solón pensó en no responder y dejar pasar la denuncia, pero consideró más elocuente la idea del asno. Las risas aún resuenan hoy por las calles de Atenas.
Puesto que una afrenta solo lo es cuando proviene de alguien con relevancia y conocimientos, ante la nimiedad con la que intentan atacarme a mí, opto por el silencio. No se trata de que "quien calla otorga", sino de que, para quien habló, habría sido mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.
-Yo le hubiera contestado -me dice mi amigo Jesús.
-Yo no -le respondo-.

No merece la pena. Con su declaración de intenciones me ha regalado datos que ni siquiera sabe que me ha dado: sencillamente no da para más, pobre criatura... desgraciada.

B.M.

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