Lectura

La Gracia

Por Grace Anastasia · Chile · Historia real

La Gracia
Hay personas que riegan plantas.
Y hay otras que, antes de regarlas, observan si la hoja nueva salió bien, si el tallo está más firme que ayer, si apareció un insecto diminuto escondido detrás de una rama. Se preguntan si la luz es suficiente, si el frío les hace daño o si necesitan simplemente un poco más de tiempo.
Ella pertenece a ese segundo grupo.
No porque crea que puede controlar la naturaleza, sino porque le importa.
Le importan las plantas, pero también los perros, las personas, las conversaciones, las palabras que quedan sin responder y hasta los silencios que otros dejan pasar como si no significaran nada.
Tiene dos compañeras de cuatro patas que le recuerdan todos los días que el amor también puede caminar con barro en las patas y dormir atravesado en la cama. Ellas no saben cuánto la han salvado. Solo saben mover la cola cuando la ven llegar.
Hay días en que ella quisiera mirar el mundo con menos intensidad. Quisiera dejar de preguntarse por qué alguien respondió de cierta manera, por qué una conversación cambió de tono o por qué una emoción apareció sin permiso. Pero su cabeza funciona distinto, busca comprender antes que juzgar. Analiza, vuelve atrás, conecta ideas, encuentra significados donde otros solo ven rutina.
Eso cansa.
A veces mucho.
Porque sentir profundamente tiene un precio. Es quedarse pensando cuando todos ya cambiaron de tema. Es intentar hacerlo mejor una y otra vez. Es enojarse, arrepentirse, aprender y volver a intentarlo.
Pero también tiene un regalo.
Gracias a esa forma de mirar, descubre belleza en una hoja que comienza a desplegarse, en el olor de la tierra húmeda, en un perro que aprende a confiar, en una taza de café compartida o en una conversación sincera.
Ella sabe que crecer no es convertirse en otra persona.
Es seguir siendo quien es, pero con un poco más de calma.
Como una planta que, después del invierno, vuelve a sacar hojas. No porque el frío nunca haya existido, sino porque aprendió que las estaciones también pasan.
Quizás algún día deje de exigirse tanto. Quizás aprenda a tratarse con la misma paciencia con la que espera que una semilla germine o que una planta debilitada vuelva a brotar.
Y cuando ese día llegue, probablemente descubrirá algo que las plantas ya sabían desde el principio.
Que crecer nunca fue hacerlo rápido.
Era hacerlo vivo.

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Comentarios

Rey Neira Bustamante Admin

?"No debieras sorprenderme, pero sí, me sorprendes. ¿Y por qué no debería hacerlo? Porque conozco tu esencia. Sé que creciste siendo una niña y que, siendo niña, ya fuiste grande. Te felicito, cada día escribes mejor."