¿Queréis que os cuente una historia fascinante? Pues, entonces les sugiero que se acomoden alrededor de la fogata y que guarden silencio, para que así yo me pueda concentrar y hurgar en lo más profundo de mi memoria para que acudan los recuerdos, aquello que me contaban mis antepasados y así yo se las pueda trasmitir a ustedes. Antes que nada, debo advertirles que, los hechos que les voy a comenzar a narrar sucedieron hace ya muchísimos años, ni siquiera les puedo decir cuantos, pero si les puedo asegurar que sucedieron de la manera en que vais a conocer. Para ello les pido que, escuchen y dejen volar la imaginación y retrocedamos en el tiempo por muchas estaciones.
PRIMERA PARTE: El origen de la leyenda.
Capítulo 1: LOS HOMBRES DE LAS MONTAÑAS.
En aquellos tiempos, los "varines u hombres de las montañas" como se hacían llamar, no conocían la escritura, aunque si había algunos que poseían ciertas habilidades para dibujar sobre las rocas, hermosas figuras de animales y de todo lo que veían a su alrededor utilizando para ello tinturas elaboradas con ciertos minerales y también vegetales, dejando de ese modo testimonios para las generaciones futuras.
Gracias a esos dibujos podemos conocer, no solo sus costumbres, sino también a muchos animales, entre ellos el yocosat, los duhocat, los ovinotes y muchos otros, incluso algunos que ya se han extinguidos.
Conozco muchas historias y leyendas que nos relatan como el mundo fue creado por los dioses, más bien por la Gran Diosa Madre Cearit y sus tres hijos: Sesa, Loza y Melsan, pero muchas de aquellas historias ya se las he relatado, de manera que no me voy a detener en aquellas, nosotros los " favnit qoncorsit" (Ancianos que conservan las historias) tenemos la misión de trasmitirles a ustedes, los jovenes todas estas cosas, de manera que, en el futuro, ustedes también haran lo mismo con las nuevas generaciones, así ha sido siempre entre nosotros, los varines y así seguirá siéndolo
Quiq Lot Pisi, se llamaba aquel anciano que sentado sobre una roca en el centro de una caverna, les narraba tales historias a un grupo de jóvenes pertenecientes al clan de Luwa.
Entre aquellos jóvenes que le escuchaban con mucho respeto, se encontraba Luwer, el hijo mayor del Meij que lideraba aquel grupo de hombres, también estaba Yerlic, su hermano menor junto a una veintena de muchachos, todos ellos hijos de los miembros de aquel, Clan, el de Luwa
Luwer recién acababa de cumplir los dieciséis años, era un joven de tez morena, abundante cabellera negra, cuerpo esbelto y bastante desarrollado para su edad, usaba sobre su frente un cintillo de cuero y vestía, al igual que sus compañeros con trajes confeccionados con pieles de animales sin curtir, su hermano en cambio, era un tanto diferente, pues su piel era más clara al igual que sus ojos, sus cabellos eran rizados en contraste con los de Luwer que eran completamente lisos como los de su padre, seguramente Yerlic se parecía más a su madre.
Mientras el anciano hablaba, Luwer dejaba vagar su imaginación, él había escuchado con mucha atención todas las antiguas historias que narraba el viejo Los Pisi, en donde se mencionaba a muchos héroes antiguos, grandes guerreros que luchaban contra poderosos enemigos o bestias salvajes, todos esos hecho habían sucedido en tiempos muy remotos, él, que jamás había salido del entorno que ocupaba su clan en aquellas montañas se hacía mil preguntas, como: ¿Qué habrá más allá de la meseta de Jnorgot? Aquel viejo hablaba de grandes reinos, fabulosas ciudades amuralladas, en fin, tantas cosas que no conocía.
Y fue allí, en esas noches frías de invierno en aquellas montañas con sus cumbres nevadas que el joven Luwer comenzó a soñar que él, al igual que aquellos héroes de antaño, descendería un día de aquellas montañas para conocer el mundo y ¿Porqué no? Convertirse en uno de aquellos grandes guerreros del pasado.
Pero jamás se le pasó por su cabeza que el destino que le estaba reservado por los dioses era demasiado grandioso, fue allí en donde comenzó a gestarse LA LEYENDA DE LUWER.
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