Puedes levantarte, ducharte, vestirte, peinarte, salir de casa y hasta sonreír para una fotografía mientras por dentro estás haciendo un esfuerzo enorme para simplemente permanecer de pie.
Y entonces alguien te mira y dice:
-Pero te ves bien.
No lo dicen con mala intención.
A veces incluso lo dicen intentando tranquilizarte.
Pero hay días en que esa frase pesa.
Porque sí.
Me veo bien.
Ese es el problema.
Mi dolor no tiene una herida abierta que mostrar. No tiene una escayola, una cicatriz visible ni una máquina que pueda medir exactamente lo que estoy sintiendo en ese instante.
Mi dolor está dentro.
Está en los nervios.
En la cabeza.
En la cara.
En esos impulsos eléctricos que pueden atravesarme sin pedir permiso y que, para quien está frente a mí, simplemente no existen.
La neuralgia del trigémino me enseñó algo que nunca quise aprender: el cuerpo puede estar luchando una batalla mientras por fuera parece estar perfectamente.
Y eso también es agotador.
Porque además de soportar el dolor, muchas veces tienes que explicar que estás sintiendo dolor.
Demostrarlo.
Justificarlo.
Convencer.
Explicar por qué hoy no puedes.
Por qué cancelaste.
Por qué necesitas descansar.
Por qué una conversación puede agotarte.
Por qué algo que ayer hiciste hoy simplemente no puedes hacerlo.
Y quizás lo más difícil es que yo misma tardé en entenderlo.
Durante mucho tiempo pensé que si conseguía verme bien, quizá conseguiría sentirme bien.
Me arreglaba.
Salía.
Sonreía.
Intentaba hacer como si nada.
Como si el cuerpo pudiera acostumbrarse a la mentira de que todo estaba bien.
Pero el dolor no entiende de apariencias.
Hay fotografías en las que me veo hermosa y recuerdo perfectamente lo que estaba pasando detrás de esa imagen.
Hay días en los que he conversado con personas, me he reído y he seguido adelante mientras una parte de mí solamente estaba pensando en cuánto faltaba para poder llegar a casa y acostarme.
Y eso me hizo comprender algo:
verse bien no significa estar bien.
Pero tampoco significa estar rota.
Porque durante mucho tiempo tuve miedo de que hablar de mi dolor hiciera que los demás solamente vieran mi enfermedad.
Y hoy ya no quiero eso.
No quiero que me miren con lástima.
No quiero que mi historia sea solamente una colección de hospitales, medicamentos, crisis, diagnósticos y días malos.
Quiero poder decir que me duele y, al mismo tiempo, decir que estoy viviendo.
Que puedo estar cansada y seguir teniendo sueños.
Que puedo sentir miedo y seguir avanzando.
Que puedo llorar y después escribir.
Que puedo pasar una noche horrible en urgencias y, días después, volver a mirar el mundo a través de una cámara buscando algo bonito.
Eso también es vivir con dolor.
No es ser fuerte todo el tiempo.
No es levantarse todos los días diciendo "yo puedo con todo".
Hay días en que no puedo.
Y decirlo no me hace débil.
Me hace honesta.
La resiliencia, para mí, dejó de ser esa idea romántica de levantarse después de cada caída como si nada hubiera pasado.
Ahora la entiendo de otra manera.
Resiliencia es levantarse sabiendo exactamente cuánto dolió la caída.
Es aceptar que algunas heridas no se ven.
Es dejar de pedir perdón por necesitar tiempo.
Es aprender a decir "hoy no puedo" sin sentir que tengo que entregar un informe que justifique mi existencia.
Es aprender a habitar un cuerpo que cambió sin dejar de querer la vida que todavía existe dentro de él.
Y quizá por eso ya no me molesta tanto cuando alguien me dice:
-Te ves bien.
Porque ahora sé algo que antes no sabía.
Puedo verme bien y estar sufriendo.
Puedo estar sufriendo y seguir siendo feliz.
Puedo sentir dolor y seguir teniendo proyectos.
Puedo estar cansada y seguir soñando.
Puedo necesitar ayuda y seguir siendo una mujer fuerte.
Puedo tener días en los que solamente sobrevivo y otros en los que vuelvo a sentir que estoy realmente viviendo.
Todo eso puede coexistir.
Así que sí.
Me veo bien.
Ese es el problema.
Pero también es mi recordatorio.
Porque detrás de esta cara que parece estar bien hay una mujer que ha atravesado cosas que nadie alcanzó a ver.
Y todavía está aquí.
No intacta.
No invencible.
No curada.
Pero aquí.
Y por ahora, eso es suficiente.
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Comentarios
Rey, gracias por tus palabras y por tu intención de darme esperanza. ? La espiritualidad también ha sido parte de mi camino, y valoro mucho que compartas tu fe con tanto cariño. Un abrazo.
Si crees que hay algo mas hermoso después de la muerte, ya tienes tu lugar asegurado, quizá
no lo sabes pero al igual que Jesús estas pagando los pecados de alguien en la tierra. y tendrás un lugar a la diestra del Padre