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Era una noche cerrada, caía llovizna fina. El profesor manejaba despacio, su mujer dormitaba a su lado, la hija se había acostado en el asiento de atrás. No encendió la radio para no molestarlas. Se le cerraban los ojos. Los abrió cuando los faros del carro que venía de frente lo deslumbraron, sintió el golpe y perdió el conocimiento. Se despertó en el hospital tres días después. Su mujer y su hija habían muerto.
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El secretario del profesor estaba enamorado de su hija, pero había algo raro en ella y en su madre. Empezó a investigar y encontró la noticia del accidente. Las dos mujeres estaban muertas. El profesor creó sus copias perfectas. Un amor imposible.
Me recordó a El Hombre del Bicentenario...