Mamá:
No sé bien cuántos años tengo. Se me olvida.
Pero sé que tú no estás.
Tú te fuiste. Yo me quedé con estas pastillas.
[...]
Nací con algo malo dentro.
Los mayores dicen VIH.
Es una palabra corta.
¿Tú también la tenías?
El médico dijo que me la diste tú.
No me enojo. Tú no querías.
[...]
A veces me subo a una silla para verme en el espejo.
Me miro los ojos. No veo nada raro.
Entonces me pregunto dónde está escondido lo malo.
¿Dentro de la sangre?
[...]
En el colegio no saben lo que tengo.
Cuando me raspo la rodilla, la maestra se pone nerviosa.
Me lleva sola al baño.
Yo no entiendo.
La sangre es roja para todos.
¿Por qué la mía da miedo?
[...]
Una niña me preguntó por qué tomo pastillas.
Le dije que era para crecer fuerte.
Me miró raro.
Después su mamá le dijo que no jugara más conmigo.
Ahora juego solo.
[...]
Mamá, yo quiero volar como los pájaros del patio.
Ellos no toman pastillas.
Solo abren las alas y se van.
¿Tú volaste cuando te moriste?
A veces creo que también tengo alas.
Pero rotas.
[...]
El médico dice que puedo vivir muchos años.
Pero no sé cuánto son muchos años.
Para mí, un año es una eternidad.
Desde que tú te fuiste, han pasado como tres.
¿Tú me esperas donde estás?
[...]
Te escribo con la letra que me enseñaste.
La m de mamá me sale torcida.
La abuela dice que está bien.
¿Tú entiendes lo que te digo?
Aunque no pueda verte, quiero que sepas una cosa:
Tú no sabías.
O sí sabías, pero me quisiste igual.
[...]
Me canso más que los otros niños.
Cuando corro me duele el pecho.
Pero igual corro.
La abuela dice que no corra tanto.
Pero ella no sabe que correr me hace sentir que vuelo.
[...]
Mamá, si algún día me muero,
quiero que me entierres con mis zapatos rojos.
Por si allá hay camino.
También quiero que pongas una ventana en mi caja.
Para verte cuando bajes.
[...]
La hoja se está acabando.
La abuela me llama para tomar la medicina.
Te quiero, mamá.
Aunque no estés.
Hasta siempre.
?
La madre nunca leyó esta carta. Cuando el niño la escribió, ella ya llevaba cuatro años muerta. Él la dobló en cuatro partes y la metió debajo de la almohada.
La abuela la encontró años después, cuando él ya también se había ido. Lloró. No por la carta. Lloró porque la letra "m" de mamá seguía torcida.
Como el primer día.
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