Mi amor:
No sé si puedo llamarte así. Ya no me corresponde.
Perdí ese derecho la noche que te dije que no dabas la talla.
Hoy me muero. Y quiero que sepas que la que no daba la talla era yo.
[...]
Te conocí en un invierno que no merecías.
Yo estaba en la calle. Tú pasaste. No como cliente.
Me ofreciste un café caliente y un abrigo prestado.
Nadie me había mirado así.
[...]
Tú eras todo lo que yo decía odiar.
Pobre. Honesto. Trabajador.
Con las manos ásperas.
Con los zapatos rotos.
Yo solo sabía medir a los hombres por lo que tenían en los bolsillos.
No supe ver lo que tenías.
[...]
Me enamoré de ti. No quise aceptarlo.
En mi oficio, enamorarse de un pobre es un fracaso.
Las chicas de la calle no se enamoran.
Se alquilan. Se venden.
Contigo olvidé medir.
Contigo solo quería estar.
Ver una película en tu cuarto alquilado.
Comer pan con queso en una banca del parque.
Dormir abrazada a tu pecho.
Eras mi lugar seguro.
Y te dejé.
[...]
Un cliente me ofreció departamento. Ropa. Viajes.
Dijo que me sacaría de la calle.
Tú no podías darme nada de eso.
Solo podías darme todo.
Y yo elegí el brillo.
[...]
Esa noche te dije que no dabas la talla.
Mentira.
La talla la dabas tú.
Te fuiste sin hacer escándalo.
Sin pedir explicaciones.
Solo te vi alejarte por la calle mojada, con la cabeza gacha.
Nunca supe si lloraste.
Yo sí.
[...]
El departamento fue real.
Los viajes también.
Pero él era un tratante.
Me usó. Me cambió.
Cuando ya no fui joven ni bonita, me dejó tirada.
Volví a la calle.
El virus me había encontrado en el camino.
[...]
¿Sabes lo que pienso en las noches de fiebre?
Pienso en tu cuarto alquilado.
En el colchón que hacía ruido.
En el café que siempre compartías conmigo.
Pienso en tu pobreza. Y la extraño.
Porque contigo yo era rica.
[...]
Nunca volví a saber de ti.
Espero que hayas encontrado a alguien que supiera valorarte.
Esa alguien no fui yo.
[...]
Te escribo para pedirte perdón.
No para que me llores.
Solo para que sepas que, al final, entendí.
Y yo fui feliz contigo.
Poquitos días.
Los más bellos de mi vida.
[...]
Cuando leas esto, ya no estaré.
Pero antes quiero decirte:
Gracias.
Gracias por mirarme como si valiera algo.
Gracias por el café caliente.
Gracias por haberme querido.
Yo no supe quererte.
Pero te quise. A mi manera rota.
Y me muero queriéndote.
Perdón.
?
La carta nunca llegó. Él ya no vivía en esa dirección. Alguien la devolvió al remitente, pero la remitente ya estaba muerta.
La encontraron en una caja de zapatos, junto a un anillo barato que él le había regalado.
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