No soy médica.
No soy ninguna experta.
Solo la que sostuvo el papel mientras otros se despedían.
Y ahora te escribo a ti,
que tienes este libro entre las manos,
la vida todavía entera.
O eso crees.
[...]
El SIDA no tiene rostro.
No es el vecino del que hablan mal.
No es el que está en la cárcel.
No es el que vive en la calle.
Es cualquiera.
Tu compañero. Tu amigo.
El que te guiña un ojo en el transporte.
Tu pareja.
Tú mismo.
[...]
Y el SIDA no avisa.
No toca la puerta.
No pide permiso.
Entra.
Y punto.
[...]
Cuando leas estas cartas y pienses "qué triste",
no cierres el libro.
Abre los ojos.
Porque estas páginas no son historias.
Son espejos.
[...]
No te daré un sermón.
Pero te diré lo que duele:
Usa condón. Siempre.
Aunque te digan "confía".
Aunque te juren que están sanos.
La desconfianza duele.
Pero duele más lo otro.
Hazte la prueba.
Las que hagan falta.
No porque seas "de riesgo".
Porque todos lo somos.
Y si das positivo, no huyas.
No te escondas.
No te mueras de vergüenza antes de que el virus te mate.
Hoy se puede vivir.
Se puede tratar.
Se puede abrazar.
Se puede ser feliz.
Pero solo si sabes.
No escribo esto para asustarte.
Escribo esto para que sepas que el VIH ya no es lo que era. Hoy se trata.
Hoy se vive.
Hay personas que llevan décadas con el virus y han hecho familia, han trabajado, han viajado, han amado.
El SIDA ya no es sinónimo de muerte inmediata.
Es una enfermedad crónica, como la diabetes o la hipertensión.
Pero solo si se sabe.
Solo si se actúa a tiempo. El silencio y el miedo siguen siendo los peores enemigos. El virus, con tratamiento, deja de serlo.
[...]
La ignorancia no es inocencia.
Es otra forma de muerte lenta.
Por eso escribí estas cartas.
Porque conocí a Carlos, a Raúl,
al que nunca nació,
a la que eligió mal,
al niño de la letra torcida,
al preso de los cordones,
al médico de las manos vacías,
a la adolescente de las dos caras.
Los conocí a todos.
No en la vida real.
Solo sus dolores.
Pero esos dolores son reales.
Y pueden ser tuyos.
[...]
Nunca digas "a mí no me pasa".
Es la frase favorita de la muerte.
La muerte la escucha y sonríe.
Y se sienta a esperar.
No le des tu cuerpo sin preguntar.
[...]
No te pido miedo.
El miedo ya le escribió su carta al virus.
Pero no te quedes solo en el miedo.
Cuídate.
Quiérite.
Y si no puedes quererte tú,
quiérete por los que ya no están.
Por todos los que no tuvieron otra oportunidad.
Tú sí la tienes.
No la desperdicies.
[...]
Liyanet Caraballo Ulloa
Desde la madrugada, como siempre
?
Esta carta no necesita pacto. Porque la que habla no es un personaje. Es la autora.
El SIDA y la muerte siguen su acuerdo. Pero tú, lector, puedes romperlo.
No con un medicamento. Con una decisión.
Ahora cierra el libro. Pero no cierres los ojos.
Liyanet ya hizo su parte. La tuya empieza ahora.
Me encanta el sentimiento con el que escribes. Gracias por publicar tus trabajos.
Yo ya te bauticé como la chica de las epístolas. Un abrazo.