Lo más curioso de este personaje es que siempre hace su recorrido cargando una gran maleta de cuero, no la descuida y no deja que nadie la toque. Cuando está cansado de caminar se acuesta en un banco del parque con su maleta como almohada. De modo que nadie intente llevársela.
Unos días atrás, lo ví y decidí seguirlo sin que se diera cuenta. Pasó por frente al parque y dobló por la esquina del mercado. Antes de abrir la maleta, miró hacia ambos lados para ver si nadie lo veía. Por supuesto, no me vió porque me escondí detrás de una columna del portal de una casa.
Imaginen mi sorpresa al ver lo que tenía dentro, no eran más que recuerdos de su vida pasada: fotos, un viejo reloj despertador, unas medias de bebé y un biberón. Al tocar estos objetos, su vista se nublo y su rostro se convirtió en un mar de lágrimas. Cuántas heridas cargará ese corazón roto?.
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