La celebración se podía considerar innecesaria desde su punto de vista; era el aniversario de una tía que nunca en su vida había visto más que en las fotografías que le mostraba su padre. Se podría decir que era la clásica reunión para "mostrar ante la alta sociedad" que el matrimonio de esa mujer todavía sobrevivía al paso del tiempo. A pesar de todas las "dificultades" que tuvieron. "Dificultades" que todo matrimonio sufría según su abuela.
La fiesta estaba llena de familiares lejanos que, desde su mirada, no tenían ningún rostro reconocible. Sin embargo, de entre tantos desconocidos, algunas caras sí tenían rasgos amigos; uno de ellos era Mr. Moon. Un miembro de la familia, cuyo papel no tenía muy claro, además de ser su mentor. Mr. Moon, que estaba sentado en una de las mesas que rodeaban el jardín, no se veía muy alegre ante tantas personas invadiendo su propiedad, pues ese jardín tan hermoso donde las personas paseaban pisoteando sus jazmines era suyo. El hombre miró a los jazmines, miró al niño y puso sus ojos en blanco, como si esas dos esferas azules le dijeran: "A mí también me obligaron a venir".
El niño se rio entre dientes; al menos no era el único que estaba sufriendo en esa aburrida fiesta. Su maestro le hizo una señal con la mano para que se acercara a la mesa; el joven con entusiasmo se acercó al hombre, y ambos empezaron a hablar.
El vapor que emanaban las tazas de té todavía estaba en el aire cuando ese hombre interrumpió en el jardín de Mrs. Moon. Ese hombre, cuyo nombre no recordaba, pues era un pariente lejano y poco conocido, había entrado gritando incoherencias, mientras con su mano sostenía una carta arrugada.
Las frases del hombre salían entrecortadas de su boca, como si el enojo no dejara que sus maldiciones se pronunciaran completas, y se dirigieron a su objetivo. Un objetivo que no era muy claro entre tantos familiares.
La cara de Mr. Moon se ensombreció al verlo, y aunque tratara de disimular sus gestos, su rostro de desagrado no pasó desapercibido.
Los pisotones del hombre se escuchaban gigantes, mientras se dirigía hacia ellos. Las botas de cuero golpeaban contra la cerámica del piso, y cuando llegó a la mesa, su mano golpeó contra el mármol dejando la carta enfrente de Mr. Moon, que lo miraba con rabia y cansancio.
-¿Qué es esto? ¡Explícame! ¡¿Qué es esto?! -le grito en el rostro a Mrs. Moon.
Su maestro, por su parte, tomó el sobre lentamente entre sus dedos y lo abrió. Lamentablemente para el niño, su profesor no dejó que ojease nada de las palabras que estaban escritas en la carta. Su curiosidad carcomía su mente con cada minuto que Mr. Moon tardó en leer ese extraño papel. Cuando terminó, la dobló y suavemente volvió a guardarla en su sobre. Con esta acción terminada, estiró la carta hacia el hombre y sin mirarlo dijo:
-Te lo explicaré después... Cuando termine la fiesta. -concluyó Mrs. Moon dando por terminada la conversación.
Sin embargo, ese hombre no se tomó muy bien las palabras de su mentor. Pues, en seguida comenzó a refutar la decisión de mantener este asunto en privado.
-¡No! ¡Quiero que me lo expliques ahora! ¡Quiero que todos vean el monstruo que eres, Moon! ¡¿Cómo pudiste estar tan calmado tantos años después de lo que hiciste?! -le gritó el hombre a su profesor.
Mr. Moon levantó la vista, mirándolo directamente a los ojos, como si estuviera analizando esos ojos acusadores que lo juzgaban con cada segundo que pasaba.
-Es el aniversario de tu hermana. ¿No te da vergüenza venir a montar este circo en su celebración? Ponte en su lugar, y hablemos de esto en otro momento. -Hablo tranquilamente su mentor. Sin embargo, sus ojos no expresaban lo que su lengua decía.
-¡A vos no te importa mi hermana! ¡Solo te importa que los demás no vean la basura que sos! -le contestó gritando el hombre. Pero, a pesar de sus gritos, Mr. Moon seguía en esa falsa calma que trataba de mantener desesperadamente.
Los otros familiares miraban con atención, como si la discusión entre Mrs. Moon y ese hombre fueron parte de una de las novelas que veía su abuela por las tardes. Él, por su parte, estaba intentando buscar alguna forma de tomar esa carta que, después del griterío de ese hombre, había quedado a un lado de la mesa.
-¿Qué es lo que quieres, Walter? ¿Qué quieres que te diga? -pregunta irónicamente Mr. Moon. -¿Quieres la versión corta? ¿O la versión con un final feliz? ¿Quieres que cubra a tu padre? ¿A tu madre? ¿O quieres que cuente mi versión? -siguió preguntando Mr. Moon con la ironía en su voz, mientras sus ojos lo miraban con odio. -¡¿Qué mierda quieres?! -gritó su mentor golpeando la mesa, dejando de disimular tranquilidad.
-¡La verdad! ¡Eso es lo que quiero! ¡Habla de una vez, Moon, y confiesa lo que hiciste! -exclamó el hombre; su voz se había quebrado ante las preguntas de su mentor.
-¡Ay, por Dios! ¡No te hagas la víctima, Walter! Te conozco desde que somos niños. Tus lágrimas no me dan pena. -dijo Mr. Moon con desprecio. -Y yo no soy el que provocó tu amargura, fuiste tú mismo. Pero, si quieres convertir mi jardín en un circo, supongo que no puedo detenerte. -siguió su maestro, mientras se levantaba lentamente de la mesa.
-¡Escuchen todos! -gritó Mr. Moon, a la multitud de gente que miraba como halcones a los dos hombres.
El niño que estaba al lado de su mentor se frustró al ver cómo su maestro tomaba la carta y la levantaba a la vista de todos los presentes. El muchacho pudo reconocer el tono de profesor que utilizaba para llamar la atención de sus alumnos cuando tenía que explicar un tema nuevo.
-¡¿Me escuchan bien?! -gritó Mr. Moon hacia la multitud, esperando una respuesta que, debido a la vergüenza de la situación, nunca llegó. Sin embargo, el silencio de los presentes pareció suficiente para que su mentor continuara. -¡Esta carta! -gritó su maestro, señalando el papel. -¡Es una carta de la amante de Walter! -exclamó Mr. Moon.
El jardín se llenó de suspiros de asombro, al entender la dirección por la que iba el asunto. El muchacho, por su parte, ya no le importaba dónde estaba, ni con quién se encontraba, y ni siquiera el motivo por el cual asistió a ese evento. Su curiosidad y frustración por no tomar antes la carta crecieron aún más al escuchar la revelación de su maestro.
-Mi niño. -dijo Mr. Moon hablándole directamente, logrando que dejara de ver la carta y mirara los ojos de su mentor. Cuando Mr. Moon notó su contacto visual continuo. -Te voy a contar una historia que te ayudará en tu adultez. -
-¿Qué clase de historia? -preguntó intrigado, mientras miraba que ese hombre llamado Walter se sentaba de mala gana al lado de Mr. Moon.
-Una historia de irresponsabilidad y tragedia. -le respondió su maestro, sentándose nuevamente en la silla. -¿Por dónde debería empezar? -se preguntó así mismo Moon, mientras con su mano acariciaba la carta.
-¿Tal vez por el principio? -preguntó irónicamente el niño. Sus ojos miraban las letras borrosas que apenas podía distinguir desde su lugar. Y sus manos jugaban con el mantel blanco, doblándolo con impaciencia.
-Sí... supongo que tienes razón. -le contestó su maestro. Moon se aclaró la garganta y comenzó a relatar:
"En esos tiempos, la monarquía había sufrido un golpe muy fuerte. Los revolucionarios lograron retener a la familia real como prisioneros, y los rumores sobre una posible ejecución eran muy constantes. Recuerdo que tu padre -dijo Mrs. Moon señalando a Walter. -Estaba entre la espada y la pared, no quería que ejecutaran al rey, pero tampoco quería oponerse a los revolucionarios. Y la neutralidad no era una opción en una época donde las opciones eran: apoyar a la monarquía y arriesgarte a la ejecución o apoyar a la revolución y renunciar a tu título. Para un lord que siempre se enaltecía con su riqueza y poder, ninguna opción lo beneficiaba."
"Sin embargo, esos problemas no eran los de mi clase. Desde mi niñez, trabajé como sirviente para una de esas nefastas familias. No trabaja para el padre de Walter, pero sí para una familia vecina que tenía un vínculo muy cercano a ellos. Un hecho que les pareció suficiente para tratarme como si fuera una moneda de cambio que se movía de una casa a otra, trabajando para pagar una apuesta denigrante. Cuando el lord me necesitaba para entretener a sus hijos, tenía que cruzarme de casa y hacer lo que me pidieran. Obviamente, sin goce de sueldo."
-¿Quién se hace la víctima ahora? -susurró Walter, mirando la mesa con sus brazos cruzados. El rostro de Mr. Moon hizo una mueca de odio, pero a pesar de ese comentario, siguió relatando su historia.
"No era el único, mi niño. Había muchos como yo. Todos éramos niños sin una familia que nos defendiera, un objetivo muy común para esa clase de gente. De entre todos ellos, se encontraba ella, Gaia. Una linda jovencita, que enloquecía a cualquier muchacho que la observara."
"Gaia era especial, al menos desde mi punto de vista; ella no era solamente un bello rostro. Ella era una niña que tuvo la desgracia de poseer un pensamiento muy ingenuo. Un pensamiento que la llevaría a la ruina."
"Gaia cometió un error. Un error muy común para las jovencitas de esa época, y aquel error tenía nombre y apellido. Esa equivocación está aquí sentada hoy en día, escuchando este relato -Mr. Moon miró disimuladamente al hombre al lado suyo antes de continuar. Con sus "pequeñas señales", el niño y los invitados también habían puesto sus ojos en el hombre que, inclinando la cabeza hacia su pecho, intentaba hacerse más pequeño en su asiento. -Gaia se enamoró, pero no era el amor fantasioso y poco realista de las novelas que ella leía. Era un amor clandestino y violento que, lentamente, la consumió como un gusano comiendo las fibras de un pedazo de carne".
"Todos los que servimos en esa casa éramos testigos del deterioro de Gaia, y del 'clandestino romance' que ambos mantenían. No quiero que se confundan. Mis compañeros y yo estábamos cansados de explicarle a la jovencita los riesgos de salir con una basura como esa. Sin embargo, lo peor llegó después de unos meses de intenso "romance". Como en todas las relaciones clandestinas, el riesgo de un niño no deseado era muy alto, aún más en mi época. Por mi parte, me enorgullece decir que yo fui el primero en enterarme de la noticia."
"Gaia estaba embarazada de ese cerdo. No puedo confirmar si ambos estuvieron de acuerdo en tener relaciones, pues ella nunca me confesó nada, pero sí puedo confirmar el miedo que su rostro proyectaba cuando me contó lo sucedido."
"Recuerdo que ese día estaba en los establos alimentando a los caballos, cuando Gaia entró en la caballeriza con los ojos rojos por el llanto y las mejillas manchadas de lágrimas. De sus labios escurría un hilo de un líquido amarillo, como si recientemente hubiera vomitado la espantosa comida que nos servían. Su rostro se iluminó al verme y corrió inesperadamente para abrazarme. Me rodeó con sus lastimadas manos y se aferró a mi espalda. Las lágrimas volvieron a inundar sus ojos, y aunque le pregunté cuál era su pena, ella no podía contestarme. Cuando se cansó de derramar sus lágrimas, alzó la cabeza y me dijo:
-Moon... estoy embarazada. -
"Mi lengua no pudo hacer ningún ruido. Era como si mi mente se blanquease por completo, y no pudiera encontrar las palabras para consolarla. ¿Qué consejo podría darle a una muchacha tan joven? Nosotros no teníamos tanta diferencia de años, pero si la vida de sirviente que llevábamos ambos era difícil, con un niño ilegítimo su vida se complicaría aún más. Hasta el día de hoy, no sé por qué le respondí de esa manera. En mi mente, era consciente de la crueldad que ella pasaría al criar a ese niño sola. Sin embargo, no pude omitir el hecho de preguntarle qué es lo que ella deseaba."
-Gaia, ¿tú quieres a este bebé? -le contesté, mientras señalaba su vientre plano.
-Yo creo que sí. Pero... no estoy segura de qué hacer. No sé si decírselo a él o callar y huir a otro lugar. Yo aún lo amo, Moon. Y tengo la esperanza de que pueda ser un buen padre.
"La ingenuidad de sus palabras delataba su falta de experiencia. Y la desconfianza que crecía en mi interior me susurraba que comunicarle a ese títere sin alma sobre el embarazo de Gaia era una sentencia de muerte para ambos. No puedo afirmar que mi decisión fuera la indicada, pero sí puedo dar testimonio de que la noticia sobre el embarazo de Gaia sí alteró al Lord y a su esposa."
-No es prudente decírselo, Gaia. Ese hombre siempre demostró ser un desastre; imagínate a un desastre siendo padre. Además, si por algún motivo quisiera reconocer a tu bebé, tú y yo sabemos por dónde pasan las decisiones... Odio tener que decirte esto, Gaia, pero lo mejor es que te vayas antes de que alguien nos descubra. -
-¿Pero a dónde iré? No tengo familia que me resguarde.
-No te preocupes. Yo te ayudaré a huir.
"Con mucho orgullo puedo decir que sí logré sacarla de la casa. Sin embargo, tal vez no te guste la persona que me ayudó a lograrlo. -dijo Mrs. Moon mientras miraba a Walter de reojo. -Seguro que reconocerás su nombre, él fue el hombre que marcó tu desgracia, querido Walter."
"Nunca fui una persona muy simpática y sociable, pero sí conocía a alguien que era capaz de poder ayudar a esconder a Gaia. Su nombre era Víctor, y era uno de mis más íntimos amigos de la infancia. Él también había dado sus servicios a esa familia en su juventud; sin embargo, con el creciente grupo de revolucionarios y la política de que todos los hombres eran iguales ante los ojos de Dios, incluida la monarquía, Víctor decidió unírseles."
"Los contactos de él eran mucho más útiles que los míos, y con tantas personas ayudándonos pensé que resultaría sencillo esconder a Gaia; he de admitir que fui muy ingenuo."
"El hogar que mi amigo le consiguió era muy cálido; una de sus compañeras era una mujer soltera que vivía en un pueblo cercano al nuestro. Eso bastó para esconderla un tiempo sin que nadie sospechara. Los meses pasaron y el vientre de la joven crecía cada día más. Algunas veces, la visitaba en mis pequeñas escapadas o cuando no servía a la familia del lord. En mis visitas le comentaba los coqueteos que tenía ese hombre con otras mujeres, o sobre las candidatas para el casamiento que el Lord y su esposa estaban preparando para él. Debo admitir que, a veces, le mentía o exageraba algunos detalles sobre las otras amantes. En mi mente, solo quería que ella pudiera salir adelante y superara ese amor pútrido. Quería que pudiera casarse con un hombre que la amara y lograra hacerla feliz. Lo sé, la ingenuidad era una enfermedad en esa época".
"Sin embargo, esa falsa calma solo era la tranquilidad antes de la tormenta. Y nuestra tormenta fue terrible. Ana, así se llamaba esa mujer, me confesó que Gaia seguía viéndose con ese hombre a escondidas de Víctor y de mí. Su vientre hinchado no pasó desapercibido por los ojos de los sirvientes más chismosos y observadores."
"En una semana, los rumores sobre quién era el padre de ese niño llenaron la casa del lord. Recuerdo caminar por los pasillos de esa gran casa y escuchar a Amelia, la madre de Walter, hablar con una de sus damas de compañía. Con cuidado de no ser visto, abrí un poco la puerta y traté de escuchar. Amelia se quejaba de su hijo y de lo estúpido que era por ceder a los encantos de una prostituta; ambas hablaban de las consecuencias que podría causar el bebé a la reputación de la familia. Pero lo que me hizo desconfiar fueron las palabras de Amelia al hablar de la situación".
-Gracias a Dios, mi marido ya se está encargando de este escándalo. Cuando encuentre a esa promiscua, solo tendrá que deshacerse de esa cosa y podremos callar a las malas lenguas. -
"Algo en su tono me dio escalofríos y un mal presentimiento sobre Gaia. Por lo que tuve que tomar una difícil decisión. Tanto Víctor como yo éramos conscientes de las horribles intenciones de esa familia, y ya no importaba si tú querías darle tu apellido a ese bebé o no. -dijo Mr. Moon dirigiéndose a ese hombre. -Tus padres ya habían decidido el destino de esa criatura y ninguno de nosotros quería darles la oportunidad de lograr sus objetivos.
"Gaia tenía 6 meses de embarazo que apenas ocultaba con sus ropas. No podía moverse bien, así que sacarla ya no sería tan sencillo como la primera vez. El tiempo estaba en nuestra contra, y el pueblo ya no era tan seguro como antes. Sin embargo, Ana, Víctor y yo nos pusimos de acuerdo para intentar llevarla lo más lejos posible de esos monstruos."
"Entre los 3 logramos juntar nuestros ahorros para comprar 2 boletos, con destino a otro país. No te preocupes, todos éramos conscientes del peligro que conllevaba viajar sola para una mujer. Lamentablemente, yo no podía acompañarla; toda esa familia me conocía y mi sola ausencia ya era bastante sospechosa."
"Víctor se ofreció a ir. Hace años había dejado de trabajar en esa casa, y su apariencia era completamente distinta a lo que era en su juventud. Nadie lo conocía; incluso estoy seguro de que no se acordaban de él. El plan era más difícil de lo que parecía: Víctor y Gaia se irán en el barco hacia otros rumbos, y nosotros intentaríamos sobrevivir a la catarata de interrogatorios que nos harían. Incluso si, a causa de eso, me torturan, nunca la hubiera traicionado a Gaia. Realmente creía que ella tenía la oportunidad de vivir feliz con Víctor. Pero me equivoqué."
"Pocos meses antes de subirse al barco, Gaia dio a luz prematuramente; fue un parto difícil y complicado. El bebé era hermoso. Pero, muy frágil, tan frágil que no entiendo cómo ambos pudieron seguir viviendo sin consecuencias. Estábamos felices, pero eso complicaría el viaje. Ya no serían dos boletos, sino 3. Y Víctor se rehusaba a dejarla partir sola con el bebé."
"Las discusiones entre nosotros aumentaron; yo no sabía qué hacer. Mi mente se nublaba; no quería que Gaia fuera sola a un mundo desconocido, pero tampoco estaba segura en ese lugar. En una de esas noches en donde nos reuníamos para planear el siguiente paso, lo vi. El carruaje del lord que estaba enfrente de la casa donde vivía Gaia. Los gritos de Ana me alertaron, pero antes de que pudiera entrar en la casa, el Lord salió dando un portazo y entre sus manos llevaba al bebé que lloraba con desesperación."
"Era muy extraño que estuviera solo. Recuerdo que en ese momento me escondí entre los arbustos y pensé en lo peor; no se escuchaban más que los gritos de Ana y el llanto del bebé. Por lo que, en mi mente, la posibilidad de que le hubiera hecho algo a Gaia y a Víctor era muy probable."
"Mis opciones no eran demasiadas, y la ideal sería esperar a que el Lord decidiera qué hacer con el niño. Sin embargo, por el actuar del hombre, él sabía perfectamente qué hacer. Con rapidez se subió a uno de sus caballos y cabalgó por la calle de tierra; la prisa que demostraba al golpear al animal era muy obvia."
"Sin perder más tiempo, me subí a mi caballo y fui detrás de él. No sé si en algún momento se percató de que lo seguía, pero la adrenalina que ambos sentíamos en ese momento borraba cualquier posibilidad de enfrentarnos cara a cara."
"El lord llegó a la entrada del bosque que estaba detrás del pueblo. No pude verlo bajar del caballo debido a la distancia. Sin embargo, cuando observé al animal pastar, decidí adentrarme en él. La lluvia era muy constante en esta zona, por lo que la tierra húmeda dejaba un rastro casi perfecto de sus huellas."
"Con mucha prisa las seguí, adentrándome cada vez más en el bosque; el llanto del bebé llegaba a mis oídos como un eco lejano que se perdía a través de los árboles. La desesperación de mis pasos se hizo notar con cada resbalón que daba al tratar de aumentar el ritmo de mis pisadas. En algún momento, el llanto paró, como si la voz del bebé fuera silenciada abruptamente."
"La angustia golpeó mi pecho ante la falta del llanto. Mi mente se llenaba de posibles escenarios que pudieran justificar el repentino silencio. No recuerdo en qué momento comencé a correr. Pero mis pisadas constantes y firmes se transformaron en saltos que se estiraban para tratar de evitar la tierra más resbaladiza y avanzar más rápido."
"En un punto del bosque, escuché cómo una rama que estaba cerca de mí se rompía. Con cautela me escondí entre unos arbustos y mis ojos volvieron a observarlo. Era el Lord que volvía sin nada entre sus manos. Por mi mente pasaban mil ideas, mientras me controlaba para tratar de no correr hacia la dirección en la que volvía. Cuando ya el hombre era una mancha oscura perdiéndose por el camino, mis pies corrieron hacia esa dirección."
"El niño no lloraba; era de noche, por lo que la oscuridad nublaba mi vista. La única opción que tenía era confiar en mi instinto, y que en algún momento el bebé llorara para poder seguir algún rastro. Sin embargo, no estaba preparado para lo que presencié."
"Recuerdo claramente cómo le rogaba a Dios por ese niño. Mis palabras se mezclaban por la rapidez de mis pasos, además del agotador esfuerzo de hablar y correr al mismo tiempo. Pero, hasta el día de hoy, sigo teniendo fe de que Dios me escuchó."
"En el camino de tierra por donde corría, pude ver algo extraño a lo lejos. Casi me caigo al parar la marcha. Mis pulmones se inflaban y bajaban con rapidez, y podía sentir cómo mis jadeos se calmaban al dejar de hablar. Cuando recuperé el aliento, me acerqué a la tierra y observé el suelo, que estaba justo debajo de mí. Entre la tierra removida, un trozo de tela sobresalía de ella. Mi corazón parecía querer salirse de mi pecho al llenarse de malos pensamientos".
"De rodillas caí al piso e instintivamente comencé a cavar con mis manos. En ese horrible recuerdo, mi mente luchaba por negarle a mis ojos lo que veían. Pero, con cada trozo de tierra que sacaba, mis sospechas aumentaban y el horror se instalaba en mi alma. Cuando termine de cavar, no tuve tiempo para notar la sangre que recorría mis dedos, pues mis ojos no podían dejar de observar al bebé".
"Esa alma inocente, que sufría por la cobardía de su padre y la maldad de quien tendría que ser su abuelo. Ese lindo niño estaba envuelto en una manta, que apenas lo protegía del peso de la tierra húmeda. El bebé no lloraba. Y el horror de ver una escena así me estaba afectando."
"Sin embargo, no me rendí. Y con mis dedos llenos de sangre y tierra húmeda, intenté sacar toda la tierra de su delicado rostro. Limpie sus ojos, su boca y su nariz con la esperanza de poder salvarlo. Mis manos temblaban al sostenerlo; muchas veces sentí que se me resbalaba de entre mis dedos. Incluso cuando lo puse hacia abajo, mis manos no dejaban de temblar; sin embargo, logré darle un suave golpe en su espalda, tratando de que las lágrimas no pudieran desesperarme".
"El niño tardaba en reaccionar, y eso hacía que mi desesperación creciera aún más. Después de 2 eternos minutos, el sonido de su pequeña garganta tosiendo me llena de alivio. Su voz es débil, apenas se escucha, pero con cada minuto que paso escupiendo la tierra, su pequeña voz vuelve a tomar fuerzas, y su llanto, aunque fuera desgarrador para todo aquel que lo hubiera escuchado, para mí significó una tranquilidad en mi corazón.
"Sin embargo, mi tranquilidad se fue tan rápido como el viento helado del bosque. Detrás de mí, sentí como unas manos me rodeaban la boca, impidiéndome gritar. Una voz me susurró que me calle. Los nervios ya estaban volviéndome loco. Nunca había deseado tanto la tranquilidad como en aquel día. La voz se ríe y me suelta. Con cuidado me di vuelta y mis ojos lo miraron con molestia y alivio. Era Víctor que, de alguna manera, había logrado seguir mis huellas."
-¿Está bien?
-Sí, por suerte. Pero debemos irnos, podría darle hipotermia.
-Imposible, este monstruo no se irá, a menos que esté seguro de que mató al bebé. Si volvemos ahora, lo intentará otra vez.
-¿Pero qué pasará con Ana y Gaia?
-A ese monstruo solo le importa matar al bebé. No le interesa lo que le pase a Gaia.
-¿Y a dónde iremos?
-Nos quedaremos en el bosque. Hay una cabaña por aquí.
-Qué soñador eres, Víctor. ¿Cómo cuidaremos a este niño en el bosque?
-No será por mucho tiempo, Moon. 2 semanas. Si en dos semanas desaparece, volveremos con Gaia.
"Mi opinión no fue relevante ante las razones de Víctor. Él tenía un punto muy válido. Si el lord era capaz de enterrar vivo a un bebé, entonces era más desalmado de lo que ambos pensábamos. Volver sería un peligro inminente para el niño que llevaba en mis brazos. Por lo que ambos, aunque no supiéramos cómo cuidar a un bebé, estábamos dispuestos a aprender. A pesar de que tuviéramos que alejar a un niño de su madre."
"Pasamos 3 semanas en el bosque. 3 semanas intentando convencer a un bebé de que su madre no estaba disponible. Fue una experiencia complicada y difícil, pero útil para la vida de casado. Víctor y yo volvimos con la cabeza en alto. Confiados de que Gaia y él podrían vivir una vida tranquila en otro país."
"Todavía pienso lo severo que puede ser Dios con sus hijos. Recuerdo claramente esa tarde; el Lord estuvo 2 semanas vigilando el pueblo como un águila a un ratón, antes de irse a la ciudad. Nosotros volvimos a la casa con la alegría adornando nuestros rostros; el bebé dormía en los brazos de Víctor cuando llamamos a la puerta."
"Ana abrió la puerta mirándonos como si fuéramos fantasmas vengativos que rondaban su casa. La alegría en su rostro se reemplazó rápidamente por tristeza. Su cara de angustia nos preocupó tanto a ambos que nos vimos a los ojos tratando de comprender su actitud."
"Ella nos invitó a pasar y cuando nos sentamos en el comedor, se abalanzó sobre el bebé, abrazándolo contra su pecho. Como si quisiera que la calma del niño llegara a su corazón."
-¿Qué pasa, Ana? ¿Dónde está Gaia? -habló Víctor.
-Gaia... -
"Sin embargo, no pudo terminar la frase que...", se abrazó más al bebé tratando de contener las lágrimas. Por mi parte, me estaba preocupando. Si el Lord se llevó a Gaia, necesitábamos ir a buscarla con urgencia. Y las lágrimas de Ana nos estaban impidiendo saber la verdad. Cuando recupero el aliento, nos miro a ambos con el niño en brazos y digo:
-Gaia se suicidó... Lo siento, no pude detenerla. -
"Después de decir esas palabras, el silencio inundó la habitación; solo se escuchaban los suaves ronquidos del bebé. Víctor estaba sin palabras y yo no podía creer lo que Ana nos dijo. Estaba por decirle que deje de mentir, cuando de entre sus ropas sacó un sobre. Lo miro por unos minutos y me lo entrego sin decir nada más."
-¡Eso es imposible! ¡Esa carta es de amor! ¡Ella no pudo darte esa carta, porque era para mí! -gritó Walter, hablando después de escuchar el relato.
-Esta carta no es de amor. Es una carta de suicidio. Gaia la escribió antes de colgarse. -explicó Mr. Moon secándose una lágrima del ojo.
-¡¿Entonces, qué pasó con el bebé?! ¡¿Qué hiciste con mi hijo, Moon?! -le volvió a gritar el hombre.
-Víctor se llevó al bebé, usó los pasajes para irse con él a otro país. Y lo crió como suyo. El niño creció sano y ahora es un hombre de bien. Ese es el final de esta historia. -Termino de relatar, Mr. Moon.
-¿Te estás burlando de mí, Moon? ¿Dónde está mi hijo? ¿Dónde lo tienen? ¿Por qué no me dijiste nada de esto? -preguntó desesperado Walter.
Mr. Moon se secó las pocas lágrimas que mancharon su rostro, y aún sosteniendo la carta, dijo:
-Eso ya no me corresponde decirte. El hecho de que sepas que él está bien debería satisfacerte. No sé cómo tienes el descaro de venir a mi casa a acusarme de secuestro.
-¡No sabía que tenía un hijo! ¡Gaia nunca me dijo que estaba embarazada! -le gritó el hombre a Mr. Moon, golpeando sus manos contra la mesa.
-¡Todos sabían la situación de Gaia! ¡Era un secreto a voces! ¡Y tú eres el menos indicado para quejarte! ¿Realmente piensas que creeré tu palabra, cuando todos los domingos se reunían a mis espaldas? No tienes vergüenza, Walter. -exclamó Moon, correspondiendo a los gritos del hombre.
La respuesta de su mentor pareció causar una repentina vergüenza en el hombre; sus mejillas se volvieron levemente rosadas y sus humos de valentía se dispersaron en el aire. Lentamente se sentó, tratando de disimular su vergüenza, y con un repentino sentimiento de angustia, tomó la mano de Mr. Moon y dijo lo siguiente:
-Por favor, Moon. -suplicó Walter, mientras miraba a los ojos a su mentor. -Aunque sea, dime su nombre.
Mr. Moon hizo una pausa, alejó suavemente su mano de la del hombre y, con un leve suspiro, exclamó:
-No puedo... No puedo permitir que arruines la vida de ese niño porque quieres jugar a ser padre. No quiero que termine como Gaia.
El silencio que inundó el jardín hizo que el niño recordara en dónde se encontraba. Nadie parecía recordar cómo emitir un sonido, ni siquiera aquel hombre que, al escuchar el rechazo de su maestro, se llevó las manos al rostro ocultando sus lágrimas. El único ruido que sonaba en el bello jardín eran los sollozos de una mujer.
El sonido de la silla donde se sentaba Mr. Moon resonó por todo el jardín, y levantándose rápidamente, anunció:
-Quiero que todos se vayan de mi casa.
La voz de su maestro era serena, pero firme. La pesadez del ambiente era insostenible, debido a la confesión de Moon. El niño no culpaba a su mentor por desear un poco de tranquilidad.
Gracias a Dios, nadie puso resistencia. Todos se veían cansados y confundidos por el relato. Los novios que festejaban su aniversario hacían tiempo que habían dejado de ser el centro de atención. Su tía se marchó sin ninguna queja; la mujer parecía ansiosa por irse, al igual que su pareja.
Lentamente, toda esa familia comenzó a desaparecer por los jardines de la casa. El niño también pensó en marcharse; sin embargo, su mentor se lo impidió.
-Tú no, mi niño. -dijo Mr. Moon, impidiendo que se levantara, mientras él se dirigía a la entrada para despedir al resto de la familia.
Cuando apenas quedaban algunas personas, su abuela apareció como un fantasma en plena noche. Tomo asiento al lado del niño y dijo:
-Tus papás se fueron, dijeron que te quedes conmigo hasta que vuelvan.
Él asintió obediente y volvió a tomar la taza de mate cocido que había dejado a medio tomar. Cuando a lo lejos vio a su maestro que traía entre sus manos una torta.
-¿Después de todo este despelote te dejaron la torta? -le preguntó su abuela, mientras prendía un cigarrillo y lo alejaba del niño.
-Ellos vinieron a invadir mi casa, me hicieron un circo y encima pensaban llevarse la mesa dulce. Son todos una familia de sinvergüenzas. -dijo Mr. Moon sosteniendo la torta de chocolate y poniéndola en la mesa.
-Por lo menos, que nos dejen algo para recompensar el mal momento. -continuó su maestro.
-Tienes razón. -acotó su abuela.
La tarde fue lo suficientemente tranquila para olvidar un poco el escándalo del mediodía. Aunque él no podía dejar de pensar en la carta. Su mente infantil todavía deseaba poder ser testigo de las últimas palabras de Gaia. Sin embargo, desde que ese hombre se fue, Mrs. Moon no volvió a mencionar la carta, y tampoco la mostró ante su abuela y él. Por lo que sus posibilidades de leerla se esfumaron cuando, después de ayudar a su abuela a levantar la mesa, observó cómo en la chimenea del comedor un hermoso fuego ardía.
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