Poly siempre había sido un antepasado honorable en su árbol genealógico, y aunque él no estuviera seguro de que esa estrella fuera "Poly", las descripciones de sus otros ancestros lo hacían pensar que era él o ella. La verdad era que su ignorancia y poco conocimiento de este "honorable" antepasado superaban por mucho lo que él creía que necesitaba saber. Realmente desconocía la descripción de "Poly", ni siquiera sabía si era hombre o mujer, o si sus increíbles habilidades eran exageradas por sus otros antepasados. "De sus manos salían estrellas", le comentó su abuelo. "Podía volar tan alto como un avión, y usaba el Cielo como su lienzo infinito", agregó Mr. Moon mientras almorzaban en el jardín. "Pintaba las auroras de las montañas y unía las estrellas para formar constelaciones...", le comentó el Rector una noche estrellada, mientras miraba las estrellas con nostalgia. "Nunca se conformaba con nada. Era ambicioso y perfeccionista. Muy terco y con un horrible carácter. Pero, a pesar de todo eso, extraño demasiado a mi hijo", me confesaba el Rector.
Pues, el fantástico "Poly" había sido llamado para dar servicio; hace tanto tiempo que el mismo rector no solo había olvidado la última vez que lo vio, sino que también había olvidado de rostro.
No había fotos, ni videos, ni audios, ni nada que pudiera comprobar que Poly había existido, y que no era una alucinación familiar, que no tenía rostro, pero sí sentimientos por él. Cada vez era más difícil recordar que Poly vivió y que había sido el honorable artista de la familia. Lo único que quedaba era el legado que desaparecía con cada año que él o ella no daba señales de vida.
Y hasta el día de hoy, ese antepasado perdido no había sido más que eso, un familiar perdido entre las ramas de su árbol genealógico.
Sin embargo, esa estrella que bajaba por la escalera del Cielo era la prueba de que Poly existió, y que después de tanto tiempo sirviendo en Kolob, pues si él o ella había tenido el honor de prestar servicio en la estrella más cercana al Cielo, al fin había vuelto. Y Él, un descendiente tan lejano, era el que tenía la gloria de verlo volver.
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